28/01/2013
Unamuno ganaba 225 pesetas por 100 horas de trabajo; y 150 por un artículo de media hora
En el país que yo resido, España, ser traductor no es ninguna bicoca (al menos ser traductor de literatura): hay que echar muchas horas, y la remuneración es más bien escuálida. Un traductor que quiere vivir exclusivamente de su trabajo probablemente deberá sacrificarse durante jornadas maratonianas que incluso comprometan los fines de semana.
Sin embargo, los traductores tienen mejor o peor suerte en otros lugares del mundo.
En Estados Unidos, por ejemplo, el panorama todavía es más crepuscular: en el mundo anglófono no se ofrecen puestos de trabajo como traductor literario, y los que empiezan en esta dura profesión tienen escasas oportunidades de incorporarse. La remuneración, además, sería equivalente a la que recibe por hora una canguro (y muchas veces ni siquiera hay remuneración).
Esta disparidad de salarios en el ámbito de la traducción literaria quizá también tenga que ver, entre otras cosas, con que una buena o una mala traducción literaria (o dicho de otro modo, una traducción profesional o una amateur) solo compromete la calidad de la obra, pero nada más. Imaginaos lo que sucedería si un profesional cometiera errores de traducción en un texto médico o uno legal: podrían causar daños inmediatos a otros. Pero con una traducción literaria no existe tal riesgo.
Siguiendo en el ámbito de la traducción literaria, pues, apenas existen ejecutivos editoriales en Gran Bretaña y Estados Unidos que lean lenguas extranjeras, aparte del francés, lo que acarrea una curiosa situación señalada por David Bellos El pez en la higuera:
Por Sergio Parra (PapelenBlanco)
Etiquetas: David Bellos, traducción literaria, traducción profesiona, traductor, traductores, Unamuno

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