24/12/2014
Cultiva la duda con respecto a las ideologías reinantes y a los príncipes. Mantente alejado de los príncipes.
Cuida de no manchar tu lenguaje con el habla de las ideologías.
Estate persuadido de que eres más fuerte que los generales, pero no te midas con ellos.
No creas en proyectos utópicos, salvo en aquellos que concibas tú mismo.
Muéstrate tan orgulloso ante los príncipes como ante el populacho.
Ten tranquila la conciencia en cuanto a los privilegios que te confiere tu oficio de escritor.
No confundas la maldición de tu elección con la opresión de clase.
No estés obsesionado por la urgencia histórica y no creas en la metáfora de los trenes de la historia.
No te precipites, pues, en los trenes de la historia; se trata sólo de una estúpida metáfora.
Guarda siempre en tu mente esta máxima: Quien alcanza el fin frustra todo el resto
.
No escribas reportajes sobre países donde has estado de turista: no escribas reportajes sobre nada, no eres periodista.
No te fíes de las estadísticas, de las cifras, de las declaraciones públicas: la realidad es aquello que no se ve a simple vista.
No visites las fábricas, los koljozi, las grandes obras públicas: el progreso es lo que no se ve a simple vista.
No te ocupes de economía, de sociología ni de psicoanálisis.
No te embriagues de filosofía oriental, de zen-budismo, etcétera; tienes algo mejor que hacer.
Sé consciente del hecho de que la imaginación es hermana de la mentira, y por ello mismo es peligrosa.
No te asocies con nadie: el escritor está solo.
No creas a los que dicen que este mundo es el peor de todos.
No creas a los profetas, porque tú eres profeta.
No seas profeta, porque la duda es tu arma.
Ten la conciencia tranquila: los príncipes no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un príncipe.
Ten la conciencia tranquila: los mineros no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un minero.
Sé consciente de que lo que no has dicho en los periódicos no está perdido para siempre: es como la turba.
No escribas por encargo.
No apuestes por el momento, porque lo lamentarías.
Tampoco apuestes por la eternidad, porque lo lamentarías.
No estés contento con tu destino, porque sólo los imbéciles lo están.
No estés descontento de tu destino, porque tú eres un elegido.
No busques justificaciones morales a los que te han traicionado.
Guárdate de la temible perseverancia.
Cree a los que pagan cara su inconsecuencia.
No creas a los que hacen pagar cara su inconsecuencia.
No prediques el relativismo de todos los valores: existe la jerarquía de los valores.
Recibe con indiferencia las recompensas que te otorgan los príncipes, pero no hagas nada por merecerlas.
Estate persuadido de que la lengua en la que escribes es la mejor de todas, porque no tienes otra.
Estate persuadido de que la lengua en la que escribes es la peor de todas, aunque no la cambiarías por ninguna otra.
Porque eres tibio, y no frío ni ardiente, voy a vomitarte de mi boca
(Apocalipsis 3, 16).
No seas servil, porque los príncipes te tomarían por un criado.
No seas presuntuoso, porque te parecerías a los criados de los príncipes.
No te dejes persuadir de que tu literatura es socialmente inútil.
No pienses que tu literatura es útil para la sociedad.
No pienses que eres un miembro útil de la sociedad.
No te dejes persuadir por ello de que eres un parásito de la sociedad.
Estáte convencido de que tu soneto vale más que los discursos de los hombres políticos y de los príncipes.
Sé consciente de que tu soneto carece de sentido frente a la retórica de los hombres políticos y de los príncipes.
Ten en todo tu propio parecer.
No des tu opinión en todo.
Es a ti a quien menos le cuestan las palabras.
Tus palabras no tienen precio.
No hables en nombre de tu nación, porque ¿quién eres tú para pretender representar a cualquiera si no es a ti mismo?
No estés en la oposición, porque no estás enfrente, sino debajo.
No estés del lado del poder y de los príncipes, porque estás por encima de ellos.
Lucha contra las injusticias sociales sin hacer de ello un programa.
Cuídate de que la lucha contra las injusticias sociales no te desvíe de tu camino.
Conoce lo que piensan los otros; luego, olvídalo.
No concibas un programa político, no concibas ningún programa: concibe a partir del magma y del caos del mundo.
Guárdate de los que te proponen soluciones finales.
No seas el escritor de las minorías.
Por Danilo Kis/ElNacional
Etiquetas: consejos, destino, escritor, joven escritor, oficio de escritor

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