16/12/2014
Despídete de tu pareja, familia y amigos. Hasta pronto, muchachos, me esfumo. Voy a escribir una novela y desaparezco del mundo. Pero volveré
. Mándales a todos este mensaje por el conducto que más rabia te dé. A todos menos a tu cuñado. No seas imbécil, aprovecha la ocasión para demostrarle de una vez por todas que no es santo de tu devoción. Cuando te llame para preguntarte por qué él no ha recibido el aviso de tu próxima desaparición, confiésale que el hecho de que te bebieras esa botella de Vega Sicilia a solas en tu casa el día de Nochebuena media hora antes de salir hacia la suya para cenar con tu suegra no fue una mera casualidad.
El punto anterior no incluye a tus gatos o a tu perro. Si tienes un canario, también vale. No les saques de tu vida como si fueran un cuñado más. Necesitarás alguien a quien poder abrazarte cuando te entre un llanto desesperado a las cuatro de la mañana porque el capítulo siete es una auténtica mierda. Y puedo asegurarte una cosa: tu pareja ya no estará en casa a esas alturas. Te habrá dejado más o menos cuando estés escribiendo la mitad del capítulo cuatro.
Date de baja inmediatamente en Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest y WhatsApp. Este punto es importante, porque si aguantas una semana, no volverás a perder el tiempo en esas tonterías durante el resto de tu vida, y a partir de ese momento volverás a leer, escribir, cocinar, viajar y escuchar música. Incluso podrás follar de vez en cuando. Tu pareja (si es que no te ha dejado todavía) te lo agradecerá. De nada.
Desconecta la televisión. Pero hazlo ahora mismo, deja de leer esto inmediatamente y des-co-nec-ta-la-te-le-vi-sión. ¿Ya has vuelto? Fenomenal, sigamos. Coge este decálogo y vete al baño. Mírate al espejo. Levanta la mano como si fueras Obama jurando por sus niños que va a cerrar Guantánamo. Lee esto en alto: Juro solemnemente que a partir de este momento no leeré ni un solo periódico ni escucharé ningún programa de radio ni volveré a ver jamás de los jamases un solo programa de televisión. Amén
. No te va a pasar absolutamente nada, puedo asegurártelo. Cuando retomes dicho hábito unos cuantos meses después, el mundo seguirá siendo un infierno del carajo y, al fin y al cabo, con una hora de tertulia de radio te pondrás rápidamente al día con su rápido repaso diario de asuntos tremendamente dispares perpetrados a manos de expertos en nada. Si tienes alguna duda sobre este punto del decálogo, aplíquese lo indicado en el consejo número tres.
Ha llegado el momento de la verdad. Cómprate una Nespresso. Me da igual que no tomes café, hazme caso. Cómprate una Nespresso y aprovecha la pasta de los gastos de envío para hacerte con veinte o treinta cajas de Fortissio Lungo. Con esas solo tendrás para el primer mes, pero así, en el siguiente pedido aprovechas para hacerlo por teléfono y charlar un par de minutos con la teleoperadora. Te vendrá bien para mover un poco la comisura de los labios, ya que después del primer mes encerrado en casa escribiendo sin hablar con nadie, empieza uno a acartonarse. Cuando cuelgues el teléfono, repite en voz alta el abecedario cuatro o cinco veces. Las veces pares de atrás hacia adelante y las impares también. Si no te encasquillas y lo recitas de corrido, todo va bien, todavía no se te ha ido la olla. Insisto, tira a la basura el té verde, el colacao o cualquier otra cosa que tengas a bien desayunar habitualmente. Toma solo café y en grandes cantidades. Si no me haces caso, la segunda noche que te den las tres de la mañana sin que te salga una puñetera frase decente te acordarás de mí. Y entonces, no me llames ni me escribas. Te lo avisé.
Cómprate un par de cartones de tu marca de tabaco preferida, así te ahorrarás varios viajes diarios al estanco. ¡Cómo! ¿¡Qué no fumas!? Vamos, no me jodas. ¿Y pretendes escribir una novela negra? ¡Venga coño! Déjate de tonterías y hazme caso. Aprovecha tu visita semanal al estanco para intercambiar unas palabras con el dependiente, será el único ser humano al que verás durante una larga temporada. Si no se te ocurre nada inteligente que comentarle, dile lo mismo que ponías antes en el Facebook, se trata tan solo de mantener un mínimo contacto con el ser humano. Algunas sugerencias: Jo, es lunes
, Yupi, es viernes
. Si estas propuestas no te convencen y de verdad lo que deseas fervientemente es hacer el ridículo para llamar la atención, tienes varias opciones verdaderamente infalibles. Mucho frío en Soria
, Mucho calor en Sevilla
o la primera del ranking de cualquier gilipollas que se precie: "¡Por fin es juernes!". Venga, ya has hecho el ganso diez minutos. Deja en paz al del estanco, vuélvete a casa y siéntate en el ordenador a escribir, que llevas siete meses con la novela y vas por el capítulo doce. Por cierto, se me olvidaba: cómprate también un par de ceniceros. Los vas a necesitar.
Han pasado doce meses. Si has seguido los consejos anteriores no habrás parado de escribir y escribir. Ha llegado el momento de comprobar si has hecho bien tu trabajo. Ahí va un test de autocomprobación. Contesta sí o no a las siguientes preguntas:
¿Tu cara tiene el mismo moreno cobrizo que Iniesta?
¿Has engordado doce kilos porque llevas un año comiendo bocatas de mortadela para no moverte del ordenador?
¿Cuando te levantas por la mañana toses justo como lo hacía tu abuelo tres meses antes de espicharla?
¿Ya tienes tus nuevas gafas de cerca con siete dioptrías más?
Cada "sí" equivale a un punto. Cada "no", resta dos puntos y además eres un mentiroso, tú no has escrito una novela negra. Suma los puntos. Si tienes menos de cuatro, vuelve al punto uno de este decálogo. Si suma más de cuatro, sería bueno que dejaras la bebida. Si, según tus cuentas, después de repasarlas varias veces -porque a estas alturas de tu vida tu cerebro no da para más- te da justo, ni uno más ni uno menos que un cuatro (la cara de tu retrato), ¡¡Enhorabuena!! Has escrito una novela negra
Necesitas contrastar la calidad de tu manuscrito. Alguien que te dé un mínimo feedback de tu trabajo. Tu madre no vale. No porque sea tu madre, que ya sabemos que te adora y te va a decir que la novela es una maravilla aunque le mandes algo de Paul Auster. No, no es por eso. Es que llevas un año sin hablar con ella y como que queda mal. Ya lo arreglarás en cualquier otro momento, basta con que vayas a comer un domingo a su casa y le digas que no hay nada como sus croquetas. Necesitas alguien que te diga la verdad, solo la verdad. Tu mujer tampoco vale. Te dejó a mitad del capítulo cuatro ¿Te acuerdas? Entonces es cuando decides llamar a tu mejor amigo para que se la lea.
- ¡Paco! ¿Qué pasa? ¡Ya he acabado la novela!. Confío mucho en tu criterio, me gustaría que te la leyeras....
- Hombre... ¿cómo estas?... estaba pensando en llamarte... es que... verás... no sé como decírtelo pero... Verónica lleva siete meses acostándose con Jaime. Sí, Jaime, nuestro amigo, el del mus, el que está en el paro. Dice que le podía dedicar tiempo y, ya sabes, es algo realmente importante. ¿Que por qué no te lo he dicho antes? ¡Coño, si nos mandaste un mensaje a todos diciendo que hasta pronto muchachos, me esfumo, voy a escribir una novela y desaparezco del mundo, ¿te acuerdas? Oye, te dejo que tengo que entregar unos informes. ¡Suerte con la novela!".
Joder, cuelgas el teléfono y llegas a la conclusión de que tu vida se ha ido verdaderamente a la mierda por esa puta novela. Pero no te arrepientes. ¡El esfuerzo ha merecido la pena! ¡Que coño, se la voy a mandar a las editoriales! ¡¡Pero si esto que he escrito es una obra maestra!!
Por J. L. Rod/HuffingtonPost