10/12/2014
¿Es cierto, como afirmó Harold Bloom en una entrevista con este diario, que no existe nada radicalmente nuevo en la literatura universal? Escritores, críticos, libreros y editores hablan
El bosque no deja ver los árboles (al menos, los valiosos). La reinterpretación del refrán resume la respuesta de una veintena de escritores, editores, críticos y libreros, de España y América Latina, sobre la penúltima opinión de Harold Bloom, el gran crítico literario de referencia de las últimas décadas: No me parece que en la literatura contemporánea haya nada radicalmente nuevo
. Lo hizo en una entrevista con este diario, publicada ayer y celebrada en su casa de New Haven (Estados Unidos).
Un total de 23 actores del mundo del libro se lanzan a afrontar el diálogo provocado por la rotunda declaración de Harold Bloom. Y los hay, unos pocos, que están de acuerdo con la opinión del crítico estadounidense. La palabra clave de la frase es "radicalmente". Hay autores y libros interesantes en este periodo entre siglos pero consideran que ninguno marcará un punto de inflexión en la historia de la literatura.
A aquellos que no comparten la opinión de Bloom, que son la mayoría, se les ha sugerido que señalen algunas de las rutas notables de la creación literaria actual.
Lo esencial del juicio de Harold Bloom es el adverbio "radicalmente", aclara Valerie Miles, autora de la entrevista, escritora y editora de la revista Granta para España y América Latina, siempre atenta a los nuevos autores. Él considera que no hay nada que esté cambiando los paradigmas. Aún estamos en los meandros de las corrientes de la posmodernidad literaria, un período de experimentación con nuevas formas, pero que aún no ha cuajado en algo ‘radicalmente nuevo
.
En eso coincide con el narrador argentino Martín Kohan: Lo radicalmente nuevo acontece muy cada tanto. Si ocurriera cada 10 o 20 años, por ejemplo, ya no podría hablarse de radicalidad, sino de esa otra modulación de lo nuevo, la de lo nuevo dentro de lo existente (y no en ruptura con lo existente). Las verdaderas rupturas (la de Proust, la de Joyce, la de Beckett: Bloom señala muy bien) no pueden ser sino excepcionales
. En un plano diferente, existen muchos otros escritores muy valiosos y Bloom no deja de considerarlos. También existe mucha basura, por cierto: no veo cómo refutar ese parecer
.
Totalmente de acuerdo con la irritación del autor del Canon occidental se muestra Jacobo Siruela, editor de Atalanta: Vivimos en la época del manierismo
. Pero dicho esto, también se pregunta por qué se tiene que pensar siempre en la renovación: Lo que tiene que haber es una literatura de mucha calidad. Ya no existen las vanguardias. En lugar de la eterna renovación de las formas lo que debe renovarse es la entraña misma de la literatura
.
En el encuentro entre pasado y presente está parte de la explicación que da Antonio Ramírez, de la librería La Central, de Barcelona y Madrid. Tal vez, opina, como lectores tenemos la sensación de que la literatura de la primera mitad del siglo XX posee una densidad, una complejidad y una fuerza que no ha tenido continuidad. A su lado, la literatura escrita en las décadas más recientes parece una progresión "languideciente
. Cree que esa sensación viene de dos lados: Por un lado, como si, por lo menos, las convenciones literarias que provienen del Siglo XIX estuvieran agotándose del todo. De allí que la literatura contemporánea sólo alcance intensidad cuando es muy consciente de la fragilidad del suelo sobre el que se apoya, cuando sabe que ha alcanzado el límite, se pregunta por su propia condición e intenta hacer explícitas las reglas de su juego. Por otro (no lo dice Bloom que yo sepa), pero, creo para muchos lectores la literatura contemporánea más intensa que hemos leído durante las últimas décadas no es propiamente contemporánea y tampoco es del todo, o no sólo, literatura; procede de un tiempo atrás aunque ha sido escrita y/o publicada durante las últimas cuatro décadas. Me refiero a la llamada literatura 'concentracionaria', los testimonios de la experiencia inenarrable de los campos de exterminio en el siglo XX: Levi, Kertesz, Amery, Shalamov, Semprún, tantos otros
.
Tiempo. Esa es la palabra clave en la que se detiene José María Pozuelo Yvancos, escritor y crítico del suplemento Abc Cultural. El pensamiento agonístico de Bloom no es nuevo en él y es una constante en la historia de las artes. Cada época siente que su apuesta es secundaria. Pero no tiene por qué ser mirado de esa forma en épocas futuras
, recuerda el crítico. Y acto seguido dice: Es posible que estemos viviendo algo que dentro de 50 o 100 años se vea como un cambio cuya radicalidad nosotros no hayamos advertido. El Quijote fue percibido como cambio radical en la Inglaterra del siglo XVIII, 150 años después. En arte, nunca se producen alumbramientos prometeicos del tipo de los que Bloom es profeta
.
Con matices entra en el debate Santos Sanz Villanueva, crítico de El Cultural, de El Mundo: Habría que establecer dónde se fija la frontera de lo contemporáneo. Si se refiere a lo penúltimo y actual, no le falta razón. Llevan las letras y el arte occidentales mucho tiempo con un carácter epigonal. Pero es una manera estrecha de verlo
.
J. Ernesto Ayala-Dip, crítico de Babelia, de EL PAÍS, solo formula lo siguiente: Si Bloom no define qué significa ‘radicalmente nuevo’ en literatura, tendré que pensar que su diagnóstico es una frivolidad. A no ser que él crea que con Proust y Kafka se acabó la literatura. Y esta sí es una teoría muy atractiva, pero que hay que demostrar
.
Rotunda como el crítico estadounidense, pero en la otra esquina, se sitúa Elvira Navarro, escritora y editora de Caballo de Troya, sello centrado en apuestas y nuevos nombres: Este tipo de debates me parecen estériles, pues dependen del marco conceptual en el que los situemos. ¿De qué depende lo nuevo? De lo viejo, porque lo contiene. ¿Es entonces viejo o nuevo? Lo crucial es la necesidad de volver a decir lo que cada época pide
.
Gustavo Guerrero, consejero para lengua española de la editorial francesa Gallimard, aclara que es una época en la que la aceleración del tiempo histórico hace que se produzcan novedades cada vez más rápido y que cada vez más rápido se vuelvan también obsoletas
.
En una línea parecida se expresa Elena Ramírez, editora de Seix Barral y directora de Ficción Internacional del Grupo Planeta. Cree que decir que en esta época no hay nada nuevo es una afirmación tan grande que no puede ser cierta. Hoy hay mucho más ruido, se publica mucho más, y por más medios... y desde luego, tal vez menos exigencia y menos silencio, y a veces menos grandeza
. Y también se pregunta si no hace falta una distancia mayor para saber qué será lo realmente poderoso y perdurable de la época presente
.
La ironía es, aquí, la aliada de Javier Cercas: Por supuesto que no hay nada radicalmente nuevo en la literatura actual; ni en la actual ni en ninguna: ni Dante ni Cervantes ni Shakespeare ni Kafka son radicalmente nuevos; si lo fueran, no serían tan buenos. La literatura se alimenta de todo lo que encuentra, pero sobre todo de la propia literatura. En cierto sentido, es como la materia: ni se crea ni se destruye; sólo se transforma. Por eso decía Picasso —y yo no me canso de repetirlo— que la originalidad no consiste en no parecerse a nadie, sino en parecerse a todo el mundo. Lo radicalmente nuevo no existe, y si existiera sería malo. Y Bloom lo sabe. O lo sabía
.
Andrés Trapiello cuenta que no hace otra cosa cada día que buscar nombres nuevos: Conocidos y desconocidos. Si hubiera dependido de Bloom, Emily Dickinson nunca se hubiera editado, no le quepa la menor duda. Porque se diría que sabe de todo (mercado, cotizaciones universitarias, escalafones, modas, fluctuaciones), menos de literatura
.
Desacralizar y bajar de los altares la literatura es lo que pide la escritora Marta Sanz. La autora madrileña dice que no cree en los textos sagrados, que es lo que busca Bloom, y me parece que el mayor favor que podemos hacerle a la literatura es bajarla de los altares, desacralizarla, que sospecho que es exactamente lo contrario que dejarla en manos de los mercaderes
. Reconoce que aún no se ha tenido tiempo suficiente ni perspectiva para juzgar pero también cree que una cosa es hacer sonar las trompetas del apocalipsis y otra desarrollar el sentido crítico respecto a las manifestaciones del campo cultural
.
Por Winston Manrique Sabogal / Carles Geli/ElPaís
Etiquetas: Harold Bloom, literatura universal, escritores, críticos, libreros, editores, creación literaria, Valerie Miles, Martín Kohan, Jacobo Siruela, Antonio Ramírez, librería La Central, José María Pozuelo Yvancos, Santos Sanz Villanueva, J. Ernesto Ayala-Dip, Gustavo Guerrero, Javier Cercas, Andrés Trapiello, Marta Sanz, Emily Dickinson

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