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Aunque tú no estés pensando, tu cerebro sí lo hace: cómo educar el inconsciente - España España

20/11/2014

Tengo la convicción de que pronto asistiremos a grandes cambios en el modo de concebir el aprendizaje y la educación. Y, a riesgo de que me consideren un presuntuoso, añadiré que mi equipo y yo esperamos contribuir a ellos. Desearíamos que en esta sección pudieran asistir en directo a esa aventura. Por eso la hemos titulado La Nueva Frontera. Los investigadores nos movemos siempre en el límite de lo conocido y lo desconocido. Ampliamos el espacio habitable. La idea central de nuestro modelo es que la fuente de nuestras ideas, de nuestra creatividad, de nuestros sentimientos, de nuestras decisiones, no es consciente y que, por lo tanto, si queremos tener mejores ocurrencias, experimentar sentimientos más adecuados o tomar mejores decisiones, debemos educar el inconsciente.

Me apresuro a decir que no se trata del inconsciente que explotan los psicoanalistas. Estamos en las antípodas de Freud, porque este genio literario –que no se sometió nunca a criterios científicos– creía que estábamos a merced de nuestro inconsciente, mientras nosotros creemos que se puede educar. Supongo que esta afirmación herirá susceptibilidades, y por supuesto estoy dispuesto a cualquier debate. La idea de "inconsciente" con la que mi equipo trabaja procede de la neurociencia. Hay consenso científico en afirmar que las operaciones neuronales no son conscientes. Sólo conocemos algunos resultados de esas operaciones. Eric Kandel, neurólogo premio Nobel, pensaba que no llegan al diez por ciento.

Para aclarar este fenómeno, les pondré el mismo ejemplo que pongo a mis alumnos más jovencitos. Respondan a la siguiente pregunta: ¿Han estado en Marte?. Estoy seguro de que ninguno de ustedes ha tenido dificultad en contestarla. Lo habrán hecho con bastante rapidez. No habrán tardado más de cien milisegundos. La pregunta interesante viene ahora: ¿Cómo han sabido que no han estado en Marte?. Supongo que responderán lo sé o mi memoria me lo dice, respuestas que son claramente insatisfactorias. Si queremos que un ordenador responda a la misma pregunta, tendríamos que hacer lo siguiente: darle una relación de todos los lugares donde hemos estado, introducir la palabra "Marte", e iniciar un proceso de matching, de emparejamiento. Si "Marte" no encuentra pareja en la relación que hemos dado al ordenador, este dirá que no hemos estado en Marte. ¿Opera de igual manera nuestro cerebro? No lo sabemos, pero algo tiene que hacer.

Aunque tú no estés pensando, tu cerebro sí lo hace

Comencé a estudiar las posibilidades del "inconsciente cognitivo" a partir de una actividad de alto nivel intelectual: las matemáticas. Son el paradigma del pensamiento racional, que debería ser consciente hasta el escrúpulo, puesto que no puede dar ningún salto en el vacío. Pero la historia de los descubrimientos matemáticos nos dice otra cosa. Gauss, el mayor genio matemático de la historia, contó en una carta su descubrimiento de un complejo teorema de la teoría de números: Hace dos días, lo logré, no por mis penosos esfuerzos, sino por la gracia de Dios. Como tras un repentino resplandor de relámpago, el enigma apareció resuelto. Yo mismo no puedo decir cuál fue el hilo conductor que conectó lo que yo sabía previamente con lo que hizo mi éxito posible. Hamilton, otro gran matemático, describió así su descubrimiento de los cuaternios: Vinieron a la vida completamente maduros, el 16 de octubre de 1843, cuando paseaba con la señora Hamilton hacia Dublín, al llegar al puente de Brougham. Allí saltaron en mi interior como chispas las ecuaciones que buscaba. Henri Poincaré recuerda que la solución al complicado problema de las funciones fuchsianas apareció de repente en su cabeza, cuando no estaba pensando en ellas, en el momento de subir a un autobús para iniciar una excursión. Poincaré sacó de estos fenómenos la conclusión obvia: él no estaba pensando en esas funciones, pero su cerebro, sí. La creación matemática, concluyó, es inconsciente. El gran matemático inglés G.H. Hardy escribió la historia de Srinivasa Ramanujan, un intrigante matemático indio, gran experto en teoría de números, que desconocía cómo descubría sus teoremas. Atribuía la tarea a la diosa Namagiri. Por cierto, Hardy escribió un delicioso libro titulado Apología de un matemático, que para Graham Greene era la descripción más completa del trabajo creador.

Esto me permite pasar del campo de las matemáticas al del arte, donde la ignorancia acerca de la fuente de las ocurrencias está mejor aceptada. Los creadores siempre han hablado de “"inspiración", de una voz que soplaba a los creadores sus ideas. Durante siglos no se supo que esa voz venía de dentro. Es el cerebro el que comunica el poema al poeta…

Por José Antonio Marina/ElConfindencial

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Etiquetas: aprendizaje, cerebro, creatividad, Eric Kandel, G.H. Hardy, Graham Greene, Henri Poincaré, inconsciente, investigadores, Neurociencia, poema, poeta, Srinivasa Ramanujan

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