17/11/2014
Para gustos colores: hay escritores que prefieren trabajar de noche, sacando horas de sueño para dedicarlas a la literatura (o simplemente después duermen hasta más tarde). George Sand, por ejemplo, era capaz de dejar en cama a su amante dormido para ponerse a escribir páginas y páginas de alguna de sus novelas. Otros escritores, sin embargo, son mucho más disciplinados y prefieren seguir el refrán que dice que a quien madruga, Dios le ayuda. Esos son los escritores madrugadores, que trabajan antes de que los demás miembros de su familia se levanten o que lo hacen desde primera hora de la mañana. En Rituales cotidianos: Cómo trabajan los artistas, el libro en el que Mason Currey ha captado las rutinas de trabajo de muchas personas creativas, podemos encontrar varios ejemplos. Teniendo en cuenta que un estudio señala que los escritores madrugadores ganan más premios, quizás madrugar no sea tan malo como parece.
la rutina, en un hombre inteligente, es signo de ambiciónno se podía más que esperar que que se despertase en el momento en que cantaba el gallo. El poeta estadounidense era una de esas personas obsesionadas con la rutina y con la puntualidad (tenía todas sus actividades cronometradas, incluso el momento en el que el cartero traía el correo). Se levantaba a las 6 de la mañana (o madrugada, en realidad), se tomaba un café, hacía unos crucigramas para despertar su mente y se ponía a trabajar. Creía que las mejores horas para su mente eran las que iban de las 7 a las 11 de la mañana. Por supuesto, miraba con muy malos ojos a la gente que escribe de noche.
Ningún artista honrado lo hace, decía.
cinco libras de más al añopara que los despertase costase lo que costase.
Por Raquel C. Pico/Librópatas
Etiquetas: Anthony Trollope, disciplinados, Ernest Hemingway, escritores, George Sand, Haruki Murakami, Jane Austen, madrugadores, Mason Currey, Thomas Mann, W. H. Auden

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