17/11/2014
El español Antonio Ventura dice que hay que tocar todos los temas en literatura infantil. Vino a participar del festival Filbita.
Cuando en marzo de 1989 empezaron a circular en Madrid los 150 ejemplares de la revista Babar, hecha a partir de un club de lectores para chicos, comenzaba una nueva exploración de Antonio Ventura por el universo de la literatura infantil. Durante casi veinte años de docencia aprendí que los niños tienen una mirada curiosa y limpia, y que la sociedad, incluida la escuela, pervierte esa mirada, convirtiendo a la mayoría de las personas en adultos ignorantes, sin sensibilidad y sin curiosidad
, dice este madrileño nacido en 1954 que como autor y editor participará esta semana en el Filbita, el Festival de Literatura Infantil organizado por Fundación Filba.
Luego de años como asesor literario, de dirigir colecciones para Anaya y escribir libros-álbum como El cuento del pingüino (FCE) junto a Carmen Segovia o Al otro lado del río (Nostra) junto a Linda Wolfsgruber, Ventura fundó la editorial El Jinete Azul en junio de 2010, inspirado por un cuadro homónimo de Kandinsky donde encuentra, como él dice, la "verdad" de una búsqueda plástica. Creo que es en su libro De los espiritual en el arte donde Kandinsky habla de 'la necesidad interior' como la razón fundamental por la que nace una obra de arte. No sólo veo eso en sus cuadros, sino que lo siento en la creación de mis textos
, explica Ventura.
La materia de la ficción literaria, sugirió el escritor y académico español Luis Mateo Díez, está conformada por tres elementos: la palabra, la memoria y la imaginación. Ventura está de acuerdo con esto y además entiende que en la literatura, sea infantil o no, el único valor es el universo literario del creador. Remata: El fin de la literatura no es hacer buenos ciudadanos: esos textos serán buenos o malos manuales escolares
.
—¿Se debe hablar de cualquier tema en la literatura infantil?
—Sin duda. Los cuentos maravillosos lo hacen, o allí tenemos la literatura infantil de los países nórdicos europeos en la que nada está prohibido. La humanidad no es peor por haberlos leído.
—Teniendo en cuenta la relación que los pequeños lectores tienen hoy con las tabletas, ¿cómo se relaciona el libro infantil con las narrativas audiovisuales? ¿Qué estrategias toma como editor de ellas o frente a ellas?
—La cultura impresa tiene una sintaxis específica, como la tienen el cine, el cómic o la ilustración. Sea cuál sea el soporte en el que aparezca, esa sintaxis no puede ni debe ser traicionada. Otra cosa son las ofertas más atractivas –para niños y adolescentes– de otras formas de ficción. La mayoría se quedará en ellas; sólo los lectores competentes serán usuarios de literatura. Muchos editores están preocupados por los nuevos soportes, y lo puedo entender; lo que no puedo entender es que traicionemos a la literatura por un plato de lentejas. Si hubiera una legislación justa y una apuesta de los poderes públicos por la alfabetización eficaz de los ciudadanos, no tendría por qué haber ningún miedo a los nuevos soportes.
Por Diego Erlan/RevistaÑ
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