19/11/2014
“Las correcciones”, es una conocida y alabadísima novela del escritor estadounidense Jonathan Franzen. Pero “las correcciones” son, además, el ineludible y necesario proceso por el que ha de pasar una obra literaria para alcanzar su máxima perfección posible.
Porque es obvio que un libro nace del talento de su creador, que cuando pone el punto final se repanchiga en su asiento y disfruta del gran momento; pero el escritor ambicioso, de casta y profesional, sabe que, después de ese instante, a su libro aún le queda un buen camino por recorrer antes de darlo por verdaderamente terminado. Porque falta sacarle a la obra todo el brillo posible, pulirla; es decir, eliminar lo erróneo y potenciar lo acertado.
¿Y quién hace esas correcciones? Dos personas, y en este orden: el propio escritor y un corrector editorial con experiencia.
El escritor, antes de entregar su obra al corrector, debe corregirla él mismo, lo que técnicamente podría denominarse también reescribirla. Es decir, darle varias pasadas para cambiar contenido, retocar estilo, enmendar errores, etcétera. Y cada escritor tiene, o debe ir construyendo, su propio “manual de correcciones”. Por ejemplo: buscar los gerundios y tratar de cambiar muchos de ellos por otras construcciones; buscar todas las palabras que terminan en “mente” y cambiar unas palabras por otras; buscar repeticiones; etcétera.
Javier Cercas cuenta una anécdota sobre García Márquez, quien en una cena le confesó que él corregía o reescribía seis veces (sí, seis, 6) sus obras antes de entregarlas a su agente Balcells. Entonces, ¿por qué no haces tú lo mismo?
Después, una vez que la agencia mediara para que García Márquez cediera derechos de sus obras a una editorial, entraban en acción los correctores de dicha editorial: para darle a la obra el último pulido toque. Porque todas las editoriales serias, todas, corrigen siempre todas las obras que publican, sean quienes sean sus autores.
Y si tú publicas algún día con una editorial de prestigio, tu libro pasará por las manos de un corrector, que no te quepa duda.
Pero si aún no has cedido derechos de la obra que has terminado, y corregido tú ya, sí que puedes encargar una corrección para dejarla lo más perfecta posible. Así, cuando la envíes a una editorial, tu manuscrito tendrá, obviamente, muchas más probabilidades de pasar los filtros de lectura.
Una corrección ortotipográfica corrige la ortografía, la tipografía, la gramática y unifica el texto desde un punto de vista formal.
Detección y corrección de erratas ortográficas, tildes, puntuación, transposición u omisión de caracteres, uso apropiado y coherente de comillas, mayúsculas, cursivas, abreviaturas y de todos los demás signos ortográficos, reparación de errores sintácticos puntuales, regularización y jerarquización de títulos y capítulos, etc., constituyen la razón de ser de la corrección ortotipográfica.
El objetivo de una corrección de estilo es dotar al texto de la riqueza, precisión y expresividad precisas para obtener una redacción clara y correcta que permita una lectura lo más fluida posible.
La corrección de estilo limpia, mejora y enriquece el texto, persigue en él la correcta elección de los términos empleados, la exactitud en las ideas que desea expresar, la coherencia en su desarrollo y en su lectura. Todo ello, no obstante, sin perder de vista la necesidad de evitar la sobrecorrección, de mantener la fidelidad al estilo del autor y de conseguir la idoneidad del texto para el público al que va dirigido.
¿Deseas saber más en profundidad en qué consisten las correcciones ortotipográficas y de estilo?
Etiquetas: ceder derechos, clave de éxito, Correcciones ortotipográficas y de estilo, escritores

, escribe aquí tu comentario