05/11/2014
La creatividad -como todos los fenómenos que suceden en el cerebro- no pasa de ser una amalgama de actividad neuronal. Los cuadros de Goya, un poema de Rubén Darío, las estatuas esculpidas en la antigua Grecia o cualquiera de las sinfonías compuestas por Beethoven surgieron de un determinado uso que se hizo de los recursos que posee el cerebro.
No hay una fórmula maestra de la creatividad y la ciencia aún está muy lejos de comprender cómo funciona realmente el cerebro. Pero está en ello. Pablo Varona, profesor de la Universidad Autónoma en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, es especialista en modelos de atención. Parte de su trabajo consiste en intentar explicar la actividad neuronal de forma secuencial. Uno de los retos es describir cómo algunos procesos cognitivos interactúan entre sí y lo cierto es que estos procesos interactúan compitiendo por los recursos que tiene el cerebro.
Los procesos cognitivos -todos aquellos que implican un conocimiento por parte de la persona o la percepción de algo a través de sus sentidos- reclutan distintos tipos de grupos neuronales. Si alguien está trabajando con el ordenador y mientras tanto atiende a la cháchara de su compañero, tiene repartidos los recursos del cerebro entre estos dos procesos cognitivos (y entre muchos otros inconscientes). Sin embargo, en cuanto su trabajo requiera una dosis mayor de atención, dejará de prestar atención a lo que le dicen pues su actividad neuronal se concentrará allí donde más la necesita, dejando huérfana a la otra tarea.
La atención es un recurso limitado. La cantidad de neuronas que se reclutan para mantener esa atención es limitada y por tanto los distintos procesos cognitivos que simultáneamente puede realizar una persona tienen una limitación, esto es algo evidente
, comenta Pablo Varona. Se ve claramente en ejemplos cotidianos, como cuando estamos leyendo un libro en el metro, muy concentrados en la lectura, y nos pasamos de estación. Esto tiene que ver con la competición que hay de recursos. La atención lo que hace es focalizar todos los recursos de procesamiento de información del cerebro en un tema particular
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Existen, claro está, distintos tipos de tareas cognitivas. Las hay exigentes, de las que necesitan todos los recursos posibles. Como por ejemplo la memoria a corto plazo, la que se usa para recordar números de teléfono entre otras cosas. El cerebro tiene muy poco tiempo para establecer esta memoria y por eso usa muchos recursos para este propósito, aunque esta exigencia se difumina pronto y la memoria se borra.
En toda tarea creativa entran en juego los sentimientos. Cierto es que sin la debida atención no se puede llevar a cabo un trabajo creativo con unos objetivos, pero la creatividad requiere algo más que estar concentrado en lo que se está haciendo. Se necesita depositar parte de las propias emociones en la tarea: la alegría, la decepción, la agresividad, la gratitud, el odio, la ansiedad, el miedo, la euforia.
Balancear adecuadamente los procesos de atención y de emoción viene bien, por ejemplo, para componer una canción si alguien es músico, o para crear un cuadro si alguien es pintor. Tiene que estar muy atento a lo que está haciendo, muy concentrado en cuál es el objetivo, pero también la emoción le va guiando hacia ese objetivo
, explica Varona. La clave está en encontrar –ya sea por casualidad o cada uno como pueda– ese balance entre atención y emoción.
Si el trabajo que se va a realizar requiere mucha concentración, es difícil que fluyan las emociones pues se pueden dedicar a ellas muy pocos recursos. Claro que también puede ocurrir lo contrario. Muchas veces la atención y la emoción van de la mano, colaborando para desarrollar esa tarea creativa. Pero en otras ocasiones, dependiendo de qué tipo de emoción sea, puede resultar algo que compite demasiado con las tareas de atención
, indica el especialista en modelos de atención del cerebro.
Una emoción muy fuerte puede anular a una persona. De ahí que cuando alguien está en una situación emocional compleja le resulta difícil concentrarse…
Por Pablo G Bejerano/Yorokobu.es
Etiquetas: creatividad, actividad neuronal, Rubén Darío, Beethoven, cerebro, Pablo Varona

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