04/11/2014
Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973), en el pelotón de cabeza de la nueva narrativa de su país, tiene en su credo que, visto de cerca, nadie es normal. Me gusta enfocar lo que la gente cree anormal, lo que esconde, lo que piensa que son defectos; disfruto describiendo sus manías y obsesiones, seguramente para no sentirme así tan sola
. Por eso quizá la mejor manera de definir su última obra, Después del invierno, sea aseverando que es un encuentro chocante entre dos neuróticos
, con la que ha obtenido el 32 premio Herralde de novela, con sus respectivos 18.000 euros, que convoca editorial Anagrama.
No entiendo cómo no soy del Institutum Pataphysicum Granatensis
, bromea en Barcelona Nettel con el no menos particular currículo del español Manuel Moyano (Córdoba, 1963), que ha quedado finalista del galardón con la novela El imperio de Yegorov, pesadilla distópica a partir de la enfermedad parasitaria que una estudiante de antropología contrae en Papúa Nueva Guinea y que acabará desembocando en un thriller político pespunteado por reflexiones sobre la fugacidad de la existencia humana.
Claudio, cubano afincado en Nueva York y que trabaja en una editorial (es un personaje obsesivo, con unos rituales que ejecuta inexorablemente
), y Cecilia, una estudiante mexicana residente en París (Nettel vivió más de cinco años en la capital francesa y casi 15 en Francia) van dejando traslucir sus neurosis y fobias, que se acabarán entrecruzando en París. En la vida chocamos con otra persona y a veces nos la trastoca por completo
, fija como génesis de la novela Nettel. O sea, en perfecta sintonía con su obra narrativa anterior, en la que destacan las novelas El huésped (con la que ya quedó finalista del premio en 2005) y la más autobiográfica El cuerpo en que nací (2011). Por eso no es de extrañar que los dos narradores sean emigrantes y sientan una incomodidad existencial: Están en un país de prestado, no pertenecen al lugar al que quizás uno quiere estar o ser
. Ni tampoco la presencia de la muerte, ambos narradores fascinados –como la autora- por los cementerios. Sí, tengo cierta afición a ellos, quizá consecuencia de que me gusta ir a rescatar a los muertos que siempre nos acompañan y, a su modo, nos rescatan
.
Es inevitable rastrear en toda su obra la biografía de Nettel, marcada como ella misma ha reconocido, por sus problemas de visión reducida, que moldearon su infancia. No es tan autobiográfica como El cuerpo en que nací, pero si hay retazos de mis experiencias
, admite, en el marco de arrancar siempre en sus obras de historias reales y, a partir de ellas, explorar otras posibilidades, de cómo las cosas pueden ir a peor
. Se hace suyo la escritora mexicana la imagen que construyó su compatriota Juan Villoro de que la hiena debería ser la diosa de la escritura. Me alimento de pedazos palpitantes de vidas de otros y esta es una novela de rapiña también: son fragmentos de vidas de otras personas, es un collage de varias existencias
. Apenas la música de Nick Drake (favorita de la protagonista y de su creadora) o de Miles Davis o de Keith Jarrett mitiga en la hasta ahora su novela más larga esas inquietantes obsesiones; seguramente las refuerza.
Algo de escritura inquietante, como alguna extraña afiliación de su vida, tiene también la obra finalista de Moyano, cuya base, admitió, escribió en apenas dos semanas
, fenómeno que atribuyó, bromeando, a su residencia en la localidad murciana de Molina de Segura, donde cayó el meteorito más grande de España (diciembre de 1858) y génesis de la explicación paranormal de que hayan tantos escritores de esa localidad (Lola López Mondéjar, Jerónimo Tristante…), la mayoría adscritos a la Muy Noble y Muy Leal Orden del Gran Meteorito de Molina de Segura.
Por Carles Geli/ElPaís
Etiquetas: Guadalupe Nettel, Premio Herralde de novela, narrativa, Después del invierno, Manuel Moyano, El huésped, El cuerpo en que nací, Nick Drake, Lola López Mondéjar, Jerónimo Tristante

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