30/10/2014
Del mismo modo que la revolución digital nos obliga a redefinir el concepto de libro, la interacción de los distintos soportes –televisión, cine, internet…– está cambiando la forma de escribir. En la literatura más comercial, el autor independiente está dando paso a los equipos de especialistas.
Hace unos días recibí Venirse arriba (Planeta), una novela de Borja Cobeaga y Diego San José. La portada original contaba con dos lemas publicitarios, uno sobre los autores y otro sobre la novela: La primera novela de los guionistas de Ocho apellidos vascos
y El año que mi padre ligó, bebió y vivió de mi Erasmus
.
Dos detalles llaman mi atención. Por un lado, el refuerzo del mensaje –digamos– cinematográfico mediante una faja de color rojo en la que destaca el cartel de la película; seguramente, el equipo de marketing consideró que la mención en gris sobre los nombres de los autores no tenía suficiente fuerza comercial. Por otro, la inclusión –ya en el interior– de un nuevo autor bajo la fórmula con la colaboración de Juan Cavestany
.
Los tres tienen sobrada experiencia en televisión y cine y forman parte de la exitosa nueva generación de guionistas y directores españoles que algunos han bautizado como Nueva Comedia.
De paso, muestran dos tendencias que, a la chita callando, se han colado en el sector editorial: el trabajo en equipo de varios especialistas y el impulso a una forma de narrar muy cinematográfica. Entre ambas, han conseguido que el paso de un título de la pantalla al papel y viceversa sea cada vez más sencillo y habitual.
De seguir así, en el futuro más que de guiones y de novelas hablaremos de una genérica narración que podrá utilizar para llegar al público, y de forma indistinta, cualquiera de los soportes disponibles.
Esta semana hablaremos del trabajo en equipo como alternativa al escritor independiente en la literatura más comercial. La fabricación de bestsellers en las grandes editoriales es cada vez más sofisticada.
Una de las escritoras estrellas de la editorial Titania –del grupo Urano–, especializada en literatura romántica, es May McGoldric. En realidad se trata de un matrimonio de escritores formado por James A. McGoldrick y Nikoo K. Coffey McGoldrick. Usan otras identidades como Jan Coffey y Nicole Cody, según el género al que adscriban cada título.
Los norteamericanos, los reyes de la metáfora y de los eufemismos, lo llaman ficción colaborativa. Y los McGoldrick son dos de sus apóstoles, tanto en la práctica como en la teoría.
Además de ocupar lugares de honor en las listas de bestsellers románticos, son autores de un manual titulado Marriage of Minds (Heinemann) –algo así como Matrimonio de mentes– cuyo subtítulo es muy elocuente: Escritura de Ficción Colaborativa.
¿Qué pueden encontrar en ese manual los aspirantes a escritor?
Presenta estrategias y técnicas para la escritura a varias manos, ofrece consejos sobre la búsqueda de la pareja ideal para la escritura, propone ejercicios para el desarrollo de habilidades en la comunicación y el arte del compromiso
–en temas creativos es fácil acabar a tortas–, sugiere métodos para conseguir lo que llaman retroalimentación constructiva
y resume las habituales directrices para encontrar editor y promocionar los trabajos.
La palabra más repetida en este libro es "éxito".
Sí, todo este tinglado está más orientado al éxito, al dinero –a las ventas– que a la literatura. Es el signo de los tiempos: con la crisis, el viejo axioma los títulos populares y muy vendidos permiten editar libros más literarios y minoritarios
ha pasado a la historia. Salvo honrosas excepciones, que las hay, sobre todo en pequeñas editoriales independientes.
Vivimos, además, una época en la que cada semana alguien descubre la sopa de ajo, le da un toque de modernidad y multiplica su impacto por mil o por un millón gracias a las redes y a la facilidad para hacer clic sobre un Me gusta, un Compartir o un Retwittear. No es necesario analizar el contenido, ni siquiera leerlo. Clic.
En los tiempos dorados del folletín, en el siglo XIX, los grandes autores escribían a un ritmo tan endiablado que solo podían sostenerlo con ayuda de un equipo de escritores anónimos. Alexandre Dumas padre fue un consumado especialista en la materia.
Uno de los iconos de la novela policiaca de mediados del siglo XX, Ellery Queen, era el nombre adoptado por dos primos, Frederick Dannay y Manfred Bennington Lee, que tampoco se llamaban así, puesto que eran de origen judío y prefirieron anglosajonizarse los apellidos por razones comerciales. Uno de ellos escribía el argumento y la estructura y el otro se encargaba de darle forma. Funcionó de maravilla.
Más recientemente, el rey del technothriller, Tom Clancy, trabajó con un equipo de guionistas, dialoguistas y escritores que alimentaban la factoría del autor, una marca registrada que lo mismo se embarcaba en una novela, que en una película o en un videojuego.
Narración, les decía, esa es la clave. En el siglo XXI, el soporte acabará siendo lo de menos.
En los últimos años, en el ámbito creativo, se ha extendido la forma de trabajar de las grandes productoras de televisión, con equipos de guionistas formados por especialistas en distintas fases de la escritura: los hay que solo crean personajes y sus perfiles, otros dan ideas para el argumento de cada episodio, un tercer grupo o escritor se encarga de la trama –crear los giros, las sorpresas– y, finalmente, entran en acción el dialoguista o los dialoguistas.
Con el auge de la literatura comercial, las editoriales han copiado este sistema, lo que ha multiplicado el número de escritores y escritoras que no existen más allá de un perfil en Facebook o de una nota biográfica en la página web de la editorial. El copia/pega de la mayoría de blogs sobre libros se encarga de difundir y de dar carta de naturaleza a esa falsa identidad.
Por José Luis Ibáñez Ridao/ZoomNews
Etiquetas: escritor, revolución digital, literatura, Venirse arriba, Borja Cobeaga, Diego San José, Juan Cavestany, bestsellers, May McGoldric, James A. McGoldrick, Nikoo K. Coffey McGoldrick, Jan Coffey, Nicole Cody, ficción colaborativa, metáfora, eufemismos, editoriales independientes, Alexandre Dumas, Frederick Dannay, Manfred Bennington Lee, Tom Clancy, guionistas, dialoguistas, escritores

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