27/10/2014
Una vez el escritor norteamericano Howard Phillips Lovecraft, conocido como uno de los representantes del llamado "horror cósmico", declaró que los relatos de horror son tan antiguos como el pensamiento y el lenguaje humano
. No tenemos duda de ello, de seguro en la oscuridad de una caverna, tal vez invadido por el más terrible de los temores, el hombre primitivo vio la necesidad de crear el fuego como una forma de apaciguar aquellos miedos que perturbaban su existencia. Por más que el amanecer llegue con toda sus luces, en muchas ocasiones el miedo interior no se aplaca.
El Libro de la emergencia a la luz, más conocido como Libro de los muertos, es un ejemplo de cómo la palabra escrita funcionaba para los egipcios como una forma de contrarrestar los pavores a la muerte, y a través de los conjuros allí planteados, conducir a los fallecidos hacia la otra vida libres de todo tormento.
Los antiguos escritores griegos plagaron su literatura de una fauna monstruosa que enfrentaba al hombre a miedos que ya tenían formas definidas, el sacrificio de cada uno de aquellos monstruos mitológicos a manos de los héroes protagonistas de estas odiseas pretendían quizá hacer de los hombres de aquellas épocas seres libres de temor alguno.
Ya en la Edad Media el terror sobrenatural se adueña de la humanidad y el mismo Satanás desciende hasta la tierra, cosas terribles se fraguaban en la oscuridad. Sería la Inquisición la encargada de perseguir a supuestas brujas y herejes en una sanguinaria cacería que inspira hasta nuestros días a una generación de escritores interesados en estos temas.
Durante el Siglo de las Luces algunos temores tomaron una forma humana, y transfigurada. Hombres lobo y vampiros eran motivo de que las puertas estuviesen bien carradas. Escritores como Bram Stoker incluyeron a un personaje que se volvió muy popular en el mundo de la literatura: el vampiro. Aquel que se mueve en las sombras y acecha sediento de sangre. Pero Stoker también dotó a su siniestro de un espíritu romántico que lo convirtió en un símbolo de deseo entre los lectores de finales del siglo XVIII. O como dijo alguna vez el espectral cantante Marilyn Manson refiriéndose a su imagen bizarra: el hombre al que amas es el mismo al que temes
.
Fue en Venezuela donde se inició una sólida cuentística de horror que hace eco en todo el Continente. El poema "El cuervo", de Edgar Allan Poe, es traducido al español por el venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde, en el siglo XIX, permitiendo que este clásico aleteara y se diera a conocer libremente por los territorios latinoamericanos. José Asunción Silva, Ese admirable colombiano
, como le llamó Rubén Darío, según algunos estudiosos fue uno de los pocos escritores del país que se animó a experimentar con el género del horror. En su relato "La protesta de la musa", publicado en 1890, se enfrentan cara a cara musa y escritor, un enfrentamiento algo lúgubre y amargo que nos recuerda la figura tormentosa de "El cuervo" de Poe y una influencia Rubendariana más que evidente. En cierta forma, Silva representó en su momento la imagen del escritor oscuro y atormentado, su propia muerte nos habla de lo trágico y del miedo constante del que algunos autores viven escapando.
Según el escritor Ramón Illán Bacca, el género del horror en el Caribe colombiano no tuvo una presencia fuerte en la literatura, simplemente fue algo que no se dio como movimiento estético. Aunque el autor de Deborah Kruel se anima a darnos un nombre, el de Eduardo Arango Piñeres –y su libro de 1955 Enero 25: cuentos–, considerado como uno de los primeros escritores en experimentar con temas como lo paranormal.
Enero 25, de Eduardo Arango Piñeres, fue un texto celebrado por la crítica de mediados de los cincuenta. El autor caribeño se hizo al respeto y la camaradería de algunos de los miembros del Grupo Barranquilla, pero contrario a lo que todos esperaban, Arango decidió encaminarse en los caminos de la política y nunca más volvió a publicar.
Su relato "¿A dónde va Mr. Smith?", escrito con un lenguaje simple, nos cuenta la historia de Joe Smith, quien se levanta una mañana espléndida con un malestar inexplicable. El personaje se ve al espejo, se nota de mal color, piensa que quizá sea un poco de resaca por los tragos tomados la noche anterior. Luego de darse una ducha, decide irse al trabajo no sin antes sentir una voz que lo llama por su nombre insistentemente, al no ver de dónde sale la misteriosa voz, el personaje cree que quizá se trate de fantasmas. Ya en su lugar de trabajo, nadie parece notar su presencia y hasta encuentra a un joven empleado ocupando su escritorio.
Confundido, Joe sale a la calle y hambriento se dirige a un restaurante donde nadie parece percatarse de su presencia o sus pedidos. Finalmente, Joe regresa a casa, para descubrir con asombro que la explicación a los raros eventos de ese día no era otra que ya era un hombre muerto. En el relato, el autor prescinde de monstruos, asesinos, no necesita una gota de sangre para que el lector se sienta horrorizado…
Por John Better/El Heraldo
Etiquetas: Howard Phillips Lovecraft, horror cósmico, El Libro de la emergencia a la luz, Libro de los muertos, egipcios, miedos, terror, sobrenatural, hombres lobo, vampiros, Bram Stoker, Edgar Allan Poe, José Asunción Silva, Rubén Darío, Ramón Illán Bacca, ¿Adónde va Mr. Smith?, Eduardo Arango Piñeres

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