Si olisqueas un guión es que no funciona- España
27/10/2014
Rafael Cobos probó con Medicina y Derecho antes de estudiar Dirección Escénica y tantear Comunicación Audiovisual. Hoy día es uno de los mejores guionistas del país, tal y como avalan crítica y galardones.
Rafael Cobos (Sevilla, 1973) probó con Medicina y Derecho antes de estudiar Dirección Escénica y tantear Comunicación Audiovisual. Su firma está tras los guiones, por ejemplo, de Siete Vírgenes (2005), After (2009) y Ali (2011). Es, sencillamente, uno de los mejores guionistas del país, tal y como avalan crítica y galardones. Del lodo presupuestario (y del IVA, y de la torpeza política) surge uno de los mejores años del cine español, y Cobos se declara sorprendido. A igualdad de medios con la meca de EEUU, defiende, igualdad de resultados. Series ha visto tres, pero bien elegidas: Los Soprano, The Wire y Mad Men. Quizás algún día cruce ese charco.
-Guión versus literatura.
-El guión es una cuestión eléctrica, y lo digo en el sentido más muscular de la palabra. La novela o la poesía son más como subir una montaña. Cuando infructuosamente escribí novela tenía unas percepciones que hoy ya no están. No me sentía ante un proceso trabajoso, pero ahora lo recuerdo como algo homérico. En el cine, la primera versión del guión no existe. Puedes reescribirlo hasta 15 veces. Son dos lenguajes que utilizan los mismos ingredientes para cocinar realidades distintas y a veces antitéticas. La vocación del guión es desaparecer: en el momento en que la película se rueda, el guión tiene que evaporarse. Si lo olisqueas, es que no funciona. En el momento en que el guión se aproxima a la literatura, es un lenguaje ortopédico.
-Es curioso que a veces la literatura tienda a huir de su envase. Para ganar realismo, los diálogos de la prosa se aproximan a los códigos del cine.
-Cuando leo los diálogos de una novela, perdono muchísimas cosas. Hace unos meses me enamoré de un escritor americano, James Salter, que pivota muchísimo sobre diálogos que en una película no aguantarían porque no cubren las funciones que han de cumplir en el cine. Hay un momento en que la naturalidad se pervierte, y yo la considero necesaria en el cine y no en la novela. La función del diálogo en el cine es hacer que la acción avance. Hay que evitar que el diálogo te empuje al efecto sonajero: esto suena muy bien pero no te lleva a ningún lado. También es cierto que en ese sentido soy marxista: entiendo como un principio de economía absoluta el hecho de escribir cine. Todo lo superfluo no sólo no es necesario sino que molesta.
-El guionista planta la semilla, pero cuando arranca el rodaje puede sentirse separado, exiliado.
-Tengo la fortuna de trabajar codo con codo en la gestación de la película desde su estado más larvario con Alberto Rodríguez (director de Grupo Siete y La Isla Mínima). Si se dice que el guionista es el primero que sueña la película, nosotros la soñamos juntos. Por otra parte, tengo la oportunidad de asistir al rodaje y acompañar a Alberto como amigo. Mi caso quizás sea excepcional, pero sería muy útil para muchos directores vivir ese viaje cerca del guionista.
-Redactar, tachar, pulir. ¿Se cierra el guión cuando se enciende la cámara?
-El guión debe estar vivo no sólo en el rodaje sino en las primeras lecturas y ensayos. Es importante acercarte al texto con los actores antes de rodar porque rodar es muy caro. Hay que machacarlo para dejar en el mínimo el número de diálogos ortopédicos y réplicas. El guión es corruptible porque está al servicio de muchos elementos. A lo mejor pensaste una escena en un campo de fútbol que al final debe grabarse en un anfiteatro romano. En un rodaje ocurre de todo. Pueden modificarse las secuencias porque el diálogo no funciona o el actor se encasquilla.
Por Fede Durán/Europasur.es
Etiquetas: Rafael Cobos, guionista, Siete Vírgenes, After, Ali, Los Soprano, The Wire, Mad Men, guion, literatura, novela, Poesía, James Salter, Alberto Rodríguez, Grupo Siete, La Isla Mínima

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