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Premios ¿para qué? - Argentina Argentina

20/10/2014

¿Se encuentra la literatura atravesada por la legitimación de los galardones literarios? Viaje al interior de la monstruosa industria de los premios.

La percepción del tema que nos convoca aparenta un interés propio de escritores, críticos, académicos, también del sistema editorial, pero el fenómeno tiene tantas facetas y consecuencias como vanidades e intereses comerciales y políticos en pugna. Es indispensable marcar el eje "tiempo" como definitorio, ya por épocas signadas en modas, también porque el tiempo en la historia de la literatura tiende a la lentitud, hasta que se produce una nueva lectura crítica, cierto reconocimiento por parte de ustedes, lectores, sobre una obra olvidada o sumida en el ostracismo del culto marginal. Para salvar reclamos, tenemos a Franz Kafka: jamás recibió un premio y fue prácticamente inédito en vida. Cómo influyó Kafka en la historia de todas las literaturas del mundo se extiende a nuestros días, y tal premio no tiene galardón equiparable. Bajo semejante ejemplo, ¿quién se cree merecedor de reconocimiento alguno? Allí existe una paradoja del pasado que interpela por cierta ética; veamos si premios y concursos aluden a ella.

En 1957, Doctor Zhivago, novela crítica prohibida en la Unión Soviética, se publica en Italia de la mano de Feltrinelli obteniendo inmediato reconocimiento mundial. Al año siguiente, Boris Pasternak recibe el Premio Nobel de Literatura pero se ve obligado a rechazarlo bajo amenazas del Politburó. Dos años después, muere de cáncer confinado en el desprecio por el aparato represivo soviético. Recién en 1989 su hijo recibirá el premio. Muy distinto es el caso de Jean Paul Sartre, que en 1964 también rechazó el mismo galardón. Por encima de sus argumentos, el intelectual francés eludía dinero y prestigio, cancelando la posibilidad de ser manipulado culturalmente por el Occidente europeo. Pero el desaire generó tanta polémica y debate mediático que lo lanzó a la fama más que si hubiese aceptado. ¿Fue una estrategia de Sartre para redimirse como faro crítico en la división mundial de la Guerra Fría? A cincuenta años del suceso, parece que su obra quedó nublada en tal intento. En 1974, Thomas Pynchon rechaza el National Book Award norteamericano, lo había recibido por El arco iris de la gravedad, compartiéndolo con Isaac Bashevis Singer. Tal gesto, por el contrario, no afectó el reconocimiento de su obra. Por otra parte, la invisibilidad de Pynchon, su fobia a la figuración mediática, hace muy probable que decline a recibir el Nobel de Literatura si los suecos toman tamaña decisión. Pero la lista de los nunca premiados por la Academia sueca es inquietante y habla por sí misma de las limitaciones de sus jurados (ver recuadro). Este techo de reconocimiento mundial tiene correlato en otros premios, ya sobre obra édita o inédita, por elección de notables o por evaluación de prejurados, orientados hacia géneros o por una obra individual, generados por Estados, revistas, multimedios o fundaciones; la variedad resulta apabullante.

En nuestra lengua se destacan los institucionales: Premio Cervantes y Príncipe de Asturias (ambos en España), Casa de las Américas (Cuba), Rómulo Gallegos (Venezuela) y Premio Internacional Carlos Fuentes (México). En el camino, y por problemas del uso del nombre con los herederos, quedó el Premio Juan Rulfo de Cuento, con sede en París, cuya última edición fue en 2012, luego de treinta años de vigencia. A nivel editorial español, los premios de novela Planeta (falla el próximo 15 de octubre), Nadal, Herralde y Tusquets, entre otros. En América Latina, quedó en el camino el realizado por Editorial Norma de Colombia, La Otra Orilla, de novela, que nació en 2005 y culminó en 2011. Ya en Argentina, se han discontinuado el Premio Planeta Latinoamérica y el Sudamericana-La Nación, ambos de novela. Las fusiones editoriales multinacionales a nivel global y la reciente crisis económica europea han impactado en el mercado regional, descartándose ambos ya por presupuestos restringidos, ya por cambio de políticas editoriales. El prestigioso premio Emecé reaparece en 2015, así lo confirmó el departamento de prensa de Planeta. A fines de 2013, y durante el verano, corrió el rumor de que el Premio Clarín de Novela desaparecía. No fue así, y Ezequiel Martínez, responsable de la edición 2014, explica: Nunca se planteó ni siquiera la posibilidad de suspenderlo, mucho menos de terminarlo. Justamente, su continuidad y permanencia son parte de su solidez. Sobre las motivaciones del mismo, agrega: Una genuina apuesta a la cultura, más allá del esfuerzo de recursos que involucra. En un contexto donde los grandes premios literarios desaparecen o están sospechados, prevalecer como uno de los certámenes en los que se premia una novela, desconociendo quién está detrás, habla también de la voluntad de sostener un premio literario que no desfigure el verdadero sentido de este tipo de concursos. ¿Sospechas? En la edición 8, otoño, de la revista La Balandra, se aborda el tema de manera amplia, donde expresan su opinión ganadores, jurados de preselección, editores, funcionarios y un agente literario en particular, Guillermo Schavelzon, allí escribe: Preocuparse por si los concursos están arreglados o no es secundario, y la verdad es simple: algunos sí y otros no. Lo importante es saber que los concursos convocados por las editoriales intentan vender más libros, no buscar la consagración literaria. Schavelzon, Piglia y Planeta, luego de diez años, fueron condenados judicialmente por la manipulación del premio de la casa editorial en 1995, por un título contratado previamente, Plata quemada. El demandante, Gustavo Nielsen, uno de los finalistas en dicho evento, generó polémicas y una carta de desagravio a Piglia refiriendo a una "campaña de desprestigio" (nunca constatada) y hasta de algunos cierres de puertas para editar. Pero a Nielsen el tiempo le dio revancha: ganó la edición 2010 del Premio Clarín de Novela con La otra playa.

A esa visión al estilo del "capital financiero" de Schavelzon, el escritor mexicano Gabriel Zaid opone sólidos conceptos: Los premios pueden ser creadores, aportar una perspectiva inédita en la recepción de una obra. Animan al premiado y a la comunidad lectora en una dirección significativa. No hay que tomar a la ligera su creación y mantenimiento, aunque el monto sea bajo. Lo que está en juego es más importante que el dinero: la orientación de la opinión pública, la confianza en que los certámenes son serios…

Por Omar Genovese/Perfil.com

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Etiquetas: académicos, críticos, editorial, escritores, Franz Kafka, literatura premios, premios, concursos, Boris Pasternak, premio Nobel de Literatura, Jean Paul Sartre, Thomas Pynchon, El arco iris de la gravedad, Isaac Bashevis Singer, Premio Cervantes, Príncipe de Asturias, Rómulo Gallegos, Premio Internacional Carlos Fuentes, Premio Juan Rulfo de Cuento, Premio Clarín de Novela

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