15/10/2014
Hogar, dulce hogar. Y cuando hay amenaza de ciclogénesis explosivas (o lo que toda la vida se llamó temporal) parece aún más encantador. Y hoy en día además gracias al ecommerce esas cuatro paredes ya no son el límite para nada. Solo tienes que abrir el navegador, conectarte a internet y todo lo que puedas necesitar lo tendrás en casa. La tentación de no salir nunca de casa es por tanto muy poderosa, aunque no hay que olvidar que el aire fresco (aunque sea en medio de una lluvia torrencial) y los demás seres humanos también tienen su encanto.
Aunque, eso sí, hay quienes no lucharon contra la tentación y se quedaron por siempre en su casa, como reclusos voluntarios. En la lista de escritores con ciertas peculiaridades están los que decidieron no salir de casa. O hacerlo muy poco.
La poetisa estadounidense es el ejemplo por excelencia. Dickinson vivía en la casa de sus padres, sin prácticamente tener interacción con el exterior (al funeral de su padre asistió sin salir de su propia habitación) y los visitantes tenían que hablarle a través de la puerta. En los últimos 15 años de su vida, nadie en el pueblo en el que vivía llegó realmente a verla y Dickinson vivía en su habitación, escribiendo sus poemas.
Proust no siempre fue un recluso. Su vida social fue en el principio de hecho realmente agitada y completa. Pero cuando empezó a escribir En busca del tiempo perdido y después de la muerte de su madre, Proust también se encerró en su habitación. Recubrió las paredes con corcho para que no le molestasen, se alimentó con café y croissants que le llevaba la fiel Celeste, su ama de llaves, y se lanzó a escribir metido en cama. Salía de cuando en cuando a cenar y a ver la sociedad sobre la que escribía. Teniendo en cuenta que tenía una salud de lo más precaria, se puede entender su encierro.
Por Raquel C. Pico/Librópatas
Etiquetas: escritores, casa, hogar, Emily, poetisa, Marcel Proust, poemas, En busca del tiempo perdido

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