14/10/2014
La mejor manera de saber si se tienen amigos es arruinarse. Los que resisten más tiempo son tus amigos
, escribió Raymond Chandler recordando la desesperación en que lo sumió verse sin empleo en medio de la terrible crisis de 1929. Paradójicamente ese cruce de emergencias, la personal y la colectiva, propiciaron el nacimiento de un estupendo escritor.
Chandler diría muchas veces que no entró al género negro por gusto sino por necesidad. Escribir para los pulps era una forma de vender rápidamente sus textos. Aún así, era exigente con su trabajo: dedicó cinco meses a escribir el primer relato que envió a la revista Black Mask, Blackmailers don't shoot. Lo mismo ocurrió con sus novelas: Para cuando comenzó a escribir El sueño eterno, su primera novela, había leído muy pocos libros de este corte. Admiraba a Hemingway, a Dashiell Hammett y a Austin Freeman, despreciaba a Agatha Christie.
Con todo, ser escritor no resultó rentable en un principio. De 1932 a 1938, Chandler ganó sólo 1,275 dólares: la décima parte de lo que ganaba como ejecutivo petrolero. Fueron años duros. Solía contar que había pasado hasta cinco días sin comer otra cosa que un plato de sopa. Esto no acabó conmigo -escribiría más tarde- pero tampoco aumentó mi amor por la humanidad
.
Este estoicismo cínico es uno de los rasgos que el autor heredó a Philp Marlowe, el personaje-narrador de sus novelas. En El sueño eterno, Marlowe se presenta como un detective descarado que, al inicio del libro, va a visitar a cuatro millones de dólares
. Pero la novela va de lo superficial a lo profundo, de la desfachatez al realismo. Conforme avanza, el tipo duro se va perfilando como un sujeto con muchos más principios de los que convienen a alguien de su oficio. Transcribo un perfil que el detective hace de sí: Soy un tipo muy despierto. Carezco de sentimientos y escrúpulos. Todo lo que tengo es el prurito del dinero. Soy tan interesado que, por veinticinco dólares diarios y gastos, principalmente gasolina y whisky, pienso por mi cuenta todo lo que hay que pensar; arriesgo todo mi futuro, me atraigo el odio de la policía (…) hurto el cuerpo a las balas y aguanto impertinencias, y digo: 'Muchísimas gracias. Si tiene usted más dificultades confío en que se acordará de mí; le dejaré una de mis tarjetas por si surge algo'
.
El sueño eterno contiene demasiados revólveres, demasiados vasos de whisky, demasiadas mujeres hermosas con cigarrillos. Y sin embargo Chandler logró escribir en sólo tres meses una novela entrañable, visceral y racional, que exhibe en alguna medida muchos de los elementos de la literatura chandleriana: un hábil manejo de los implícitos, una capacidad de descripción excepcional y una poderosa economía del lenguaje…
Por Vicente Alfonso/ElSiglodeTorreón
Etiquetas: Raymond Chandler, pulps, revista Black Mask, Dashiell Hammett, Austin Freeman, Agatha Christie

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