Escribir microrrelatos tiene un grado de exigencia enorme- España
25/09/2014
El escritor argentino reedita de la mano de Páginas de Espuma y con material inédito La vida imposible, una excelente colección de microficciones.
Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) lleva una impecable trayectoria como narrador. Ha publicado los libros de cuentos Los pájaros (1994) y Lo inolvidable (2010) y las novelas Agua (1997), La mujer de Wakefield (1999), Todos los Funes (2005), La sombra del púgil (2008) y El país imaginado (2011). Además es un prolífico antólogo y traductor de autores como Hawthorne, Sternberg, Austen o Dickens. Ahora, entre novela y novela, reedita su alabado libro de microficciones de 2002, La vida imposible (Páginas de Espuma), en una edición por un lado aumentada con un cuento y 208 Ramonerias, un homenaje a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna; y por otra parte más pulido gracias a la exclusión de algunos microrrelatos que para el autor no rayaban a la altura. La vida imposible es el reflejo de un autor con una imaginación apabullante y una capacidad insólita para sorprender al lector al tiempo que le roba una sonrisa.
Pregunta.- ¿Cuál fue el impulso que dio lugar a estos microrrelatos?
Respuesta.- Empecé muy joven a elaborar estos textos, cuando tenía veintipico años. En ese momento ya había leído algo de micronarrativa sin embargo no tenía claro que era lo que estaba escribiendo, aunque eran textos breves. De repente caí en la cuenta de que ahí había un espacio muy interesante para explorar otro ritmo de escritura y otro tipo de frases, con la obligación de trabajar con elipsis y con lo no dicho o sugerido. Todo ellos me planteaba unos desafíos que me sacaban de una escritura más clásica relacionada con mis lecturas de aquella época, todavía de aprendizaje.
P.- ¿Desde un principio tenía claro que los iba a publicar?
R.- Escribí estos microrrelatos más como un juego, sin saber bien adonde iba. Pasaron los años y un día me di cuenta de que tenía un cuaderno lleno de estos textos breves. A medida que los iba escribiendo tomaba consciencia no solo de lo que hacía yo mismo sino de lo que iban haciendo otros escritores que publicaban textos parecidos a los de La vida imposible. Entonces llegó el momento en el que me decidí a darle forma a todo lo que había escrito, sobre todo a partir de un par de cuentos. En concreto, el primero, Doble vida, me pareció que apuntalaba muy bien la posibilidad de hacer un libro de cuentos o de textos breves. Ahí comenzó a organizarse el proyecto pero fue un proceso muy largo. Tardé más de 15 años en juntar con sentido todos estos composiciones mientras escribía cuentos más tradicionales y publicaba mis dos primeras novelas (Agua y La mujer de Wakefield). Por eso es un libro al que le tengo un cariño especial ya que conviví muchos años con él.
P.- ¿El trabajo de precisión que requiere un microrrelato lo convierte en uno de los géneros literarios más complejos?
R.- Sí, absolutamente. El microrrelato lleva al paroxismo muchas características que ya están en el cuento tradicional. Por ejemplo, la Teoría del iceberg de Ernest Hemingway. O la necesidad de elegir muy bien las características o los dos o tres gestos con los que vas a definir a tus personajes. En ese sentido obliga al lector a ser aún más cómplice y activo de lo que suele ser con los cuentos o novelas. De esta manera también se genera una complicidad entre el autor y el lector muy fuerte que no siempre funciona porque el lector tiene que estar dispuesto a jugar ese juego.
P.- Todos y cada uno de los relatos tiene un estilo muy reconocible. ¿Esto implica un trabajo muy arduo en cada uno de ellos para mantener la línea?
R.- En general los microrrelatos se leen en dos minutos y esa sensación de instantáneo a veces genera el malentendido de que se escriben en el mismo tiempo. Y es al contrario. El grado de exigencia que tienen estos textos pequeños es enorme. En una novela un mal párrafo o un párrafo menos inspirado representa una gota en el océano pero en un microcuento una palabra mal puesta enseguida salta a la vista. Generalmente, estos textos caben en una sola página por lo que el lector tiene todo delante del ojo y la primera nota que desafina salta rápido a la vista. En ese sentido es muy parecido a la poesía, a la escritura poética e incluso a la prosa poética. La exigencia de precisión es muy grande.
P.- En el libro la realidad se enfrenta a un hecho azarosa, asombroso, anómalo... ¿De dónde procede este extrañamiento de la realidad?
R.- A estas alturas creo que es mi particular forma de ver el mundo. No la he forzado en ningún momento. Siempre he estado más interesado por las excepciones y por lo anómalo que por la norma o la regla. Tal vez por eso, cuando llegó el momento de ponerle un título al libro, La vida imposible me pareció acertado, al menos interesante, porque se acerca a la idea implícita de la vida normal pero es un libro más hecho de excepciones…
Por Javier Yuste/ElCultural.es
Etiquetas: Páginas de Espuma, Eduardo Berti, microrrelatos, narrador, La vida imposible, microficciones, La mujer de Wakefield, Todos los Funes, La sombra del púgil, El país imaginado, textos breves, Teoría del iceberg, Ernest Hemingway, microcuento

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