16/09/2014
Entrevista. Daniel Martino, curador de su obra.
En el centenario de su nacimiento, Adolfo Bioy Casares, premio Cervantes 1990, todavía nos reserva un mar de memorias inéditas, mientras los críticos siguen devanando el Borges, que lo ocupó en sus últimos años y que vio la luz recién en 2006, siete años después de su muerte. Relato minucioso de la amistad más legendaria de la literatura argentina y de cincuenta años de vida intelectual, tesauro del lenguaje porteño, con su arcón de chismes: todo eso es el Borges, que cambió el eje de la estima literaria de su autor, sobre todo entre los escritores jóvenes. Hoy pensamos en él no solo como el narrador delicado de una cuantiosa obra ficcional –novelas y cuentos, de género fantástico, en su mayoría, La invención de Morel, Diario de la guerra del cerdo y Dormir al sol y La trama celeste, entre otras–, sino también como uno de los grandes memorialistas argentinos del siglo pasado. 2014 también ve el tercer tomo de su Obra Completa, anotada por su curador, Daniel Martino, con un preciosismo que no abruma. Actualmente en Brasil se prepara la traducción. El primer encuentro de Martino con Bioy ocurrió en 1986, en la Feria del Libro y desde el llano, cuando se le acercó para que le firmara un ejemplar. Con menos de 30 años, compuso el ABC, el volumen de citas que en 1991 le abrió la confianza del escritor y sus cientos de cuadernos privados y libretitas de bolsillo. Luego prepararon juntos las memorias de Descanso de caminantes, publicadas en forma póstuma. Pero es sobre todo el cómplice que trabajó con Bioy en extraer de sus diarios privados el Borges. Heredero de la obra édita e inédita de Bioy, es el custodio de su voz literaria –y confiemos en que nunca será su censor. El archivista que teje referencias también libra la batalla postmoderna de blindar la obra contra impostores digitales y versiones corruptas. Alimenta la página www.borgesdebioycasares.com.ar, donde la pesquisa bibliográfica es continua. El hombre es un vértigo de citas y bromas, un melómano serio y un fanático del cine de Buster Keaton. Por timidez, o porque la fobia escénica conviene a su pacto, suele mantenerse del lado de los fantasmas. Sin embargo, observa: Cada vez que releo lo que dice de Sabato encuentro una crueldad nueva. Qué maestro de la destrucción absoluta es Bioy, aunque siempre con algún ligero elogio...
. Este es un tramo de nuestro diálogo, que ampliamos en la versión digital.
- La publicación del "Borges" tuvo críticos y adeptos. El ensayista mexicano Carlos Monsiváis contaba que con Sergio Pitol se llamaban cada mañana para comentar la lectura nocturna, mientras que Ricardo Piglia se dijo un poco decepcionado al descubrir que estos grandes maestros se comportaban como dos viejos chusmas.
-Creo que en esta recepción, favorable o adversa, influye la tendencia a instituir a Borges como la divinidad mayor del panteón literario y de tomar sus declaraciones como verdades reveladas. Para muchos, Borges es un prócer inmaculado, del que sólo estaría permitido invocar aquellos tópicos con los que él mismo se preocupó por quedar asociado: laberintos, antepasados guerreros, heresiarcas, cuchilleros, espejos… Esa figura se completa con una ceguera vivida heroicamente y esa presencia tutelar de Leonor, la madresposa castradora. Es lo que viene a vulnerar el Borges. Para quienes esperaban un santoral, por su esencia el libro jamás podría ser satisfactorio, porque no pretende ser un evangelio ni una hagiografìa. Estos lectores se indignan porque Bioy no oculta los prejuicios que hoy resultan políticamente incorrectos, como el racismo y la homofobia. Por si no bastara con escandalizar a los devotos, imagino que para un peronista siempre habrá sido muy incómodo digerir que el hombre que se tiene por el máximo escritor argentino aborreciera a Evita y a Perón y dedicara su vida a proclamar ese rechazo... La solución más tranquilizadora para este dilema era simple y eficaz: concediendo lo innegable –que Borges es un escritor inmenso– se hacía la salvedad de que a partir de determinada etapa, la caída de Yrigoyen, vivió al margen de la realidad, convertido en un señor que, abstraído en juegos metafísicos y cegado por sus prejuicios, no fue capaz de conocer ni de entender la esencia del mejor peronismo. El Borges no convalida esa solución. Por el contrario, lo muestra muy preocupado por cuestiones que uno creería le eran indiferentes, como la politiquería barata de las elecciones de la Sociedad de Escritores, los tejemanejes de los premios literarios, o, sobre todo, comentando con bastante información la realidad política inmediata.
- ¿Creés que la recepción del Bioy memorialista sigue incomodando? ¿Cuánto colabora el clima de época?
- Es posible. Pero me disgusta juzgar el pasado desde el presente, responsabilizando a un individuo de los –llamémoslos así– prejuicios de su clase. El propio Karl Marx se avergonzaría de este tipo de razonamientos. Que Borges y Bioy celebraran la Libertadora es comprensible: para ellos, esos militares eran una suerte de salida de la vía muerta que significaba la democracia de masas. No veían en la Libertadora a los precursores de Videla. Creo que para ellos, quien mejor encarnaba eso era el primer peronismo.
-¿Cómo es el plan de trabajo con la obra de Bioy en adelante?
-Quedan muchísimas páginas, el resto de los papeles privados. El plan de publicación responde a largas charlas con Bioy. Pronto llega un Epistolario literario; un Epistolario (no solo literario) con Silvina Ocampo; una reedición ampliada y corregida del Borges … Y la reconstrucción de la novela Irse, que trató de escribir por casi treinta años, con cambios de ambiente. El cuento "Irse", incluido en Una magia modesta, es apenas una versión resignada y lineal de su argumento. Me sorprendió leer en sus diarios que él preveía empezar su publicación después de 2014. Son sus palabras en la portada de un cuaderno de 1949: algo comopara publicarse en el 2014 o un poco antes, cuando no pueda molestar a sobrevivientes.
-La "Obra Completa" solo está en Argentina; entretanto, ha habido un big bang de ediciones populares, con prólogos de él.
-Qué especie inexplicable son algunos editores, empeñados en evitar la difusión de sus propios libros…
Por Matilde Sánchez/RevistaÑ
Etiquetas: Adolfo Bioy Casares, Buster Keaton, Carlos Monsiváis, cuentos, Daniel Martino, Diario de la guerra del cerdo, escritores jóvenes, género fantástico, La invención de Morel, literatura argentina, novelas, Ricardo Piglia, Sergio Pitol, Silvina Ocampo

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