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Mi gato sabio callejero y yo - Reino Unido

15/09/2014

El gato, malherido, apareció en el rellano de la escalera. James Bowen se le quedó mirando y su primer instinto fue buscar al dueño. Llamó de puerta en puerta, de portal en portal, y nadie parecía echar en falta al gato pardo. Le dio leche, le llevó al veterinario, se gastó el poco dinero que tenía en antibióticos. El felino no se despegaba de él, y cuando salían a la calle le seguía como un perrito faldero.

Una mañana montaron juntos en autobús, y el gato se sentó a su lado con pasmosa naturalidad, como si supiera a dónde le llevaba. Ese día supo que su destino estaba sellado. Lo llamó Bob, y aún hoy está convencido de que se trata de un humano en el cuerpo de un felino.

James se ganaba la vida vendiendo en plena calle ejemplares de Big Issue, la revista de los homeless. Ocasionalmente cantaba con su guitarra, y puntualmente acudía a un programa de metadona. Estaba intentando dejar las drogas. Estaba buscando un sentido a su vida y no lo encontraba, a los 28 años, cuando le cayó del cielo el gato, en 2007.

Creo en el destino, pero no soy religioso, confiesa el espigado autor de El mundo según Bob (La Esfera de los Libros), última entrega de la serie inspirada por su eterno acompañante por las calles de Londres. Creo en la filosofía del karma: lo que das es lo que recibes. He tomado muy malas decisiones en la vida, pero todas ellas me han llevado hasta donde estoy. Por más errores que haya cometido, algo debí hacer bien. Si no, no me explico cómo Bob pudo llegar a mis manos.

Nada sabe James Bowen de la vida anterior de su gato, salvo que es sin duda londinense, porque varias veces se ha perdido y no ha tardado en encontrar el camino de casa... Aunque en el fondo pienso que todos los gatos tienen una especie de GPS. Cada dos por tres leemos una historia de un gato abandonado en Escocia o en otro lugar, y que ha sido capaz de encontrar a sus dueños en Londres.

James Bowen nació por cierto hace 34 años en Surrey, al sur de Inglaterra. Sus padres se divorciaron y se marchó a Australia con su madre. Volvió a Londres en plena adolescencia, con la guitarra en ristre y su cuerpo largo y desgarbado, dispuesto a comerse el mundo y a convertirse en una estrella de rock.

Acabó mordiendo el polvo y durmiendo en la calle. Se enganchó a la heroína, como una forma de escapismo. Me acabé olvidando de todo lo demás, asegura. La única preocupación era cómo conseguir el próximo subidón. Me acabé volviendo insensible y arrogante. Era incapaz de pedir ayuda. Estaba atrapado en un callejón.

Todo esto fue antes de conocer al gato, cada cosa a su tiempo... Hay quien piensa que viví con Bob en la calle, o que fue él quien me rescató del duro asfalto. No es cierto. Yo ya vivía en un apartamento público cuando llegó a mis manos... Si eres un homeless y duermes en la calle, un perro te viene bien porque al tiempo que te da compañía te protege. Pero un gato no. Un gato necesita cierta protección, aunque luego sea muy independiente. Bob sigue teniendo su vida y yo le doy libertad. Pero me busca y se sube a mis hombros para sentirse seguro. Los dos nos sentimos seguros.

James y Bob forman parte indisoluble del paisanaje de Islington, el barrio londinense donde fraguó esta insólita redención del hombre a través del gato, y viceversa. Antes del salto a la fama, los dos eran también muy visibles en los alrededores de Covent Garden, donde el espíritu juguetón de Bob y su disposición a chocar las cinco con los paseantes le elevó a la condición de atracción callejera. A su dueño empezaba a sonreírle la fortuna.

La historia llegó a oídos de la agente literaria Mary Pachnos, que convenció a James para que contara su historia. En el 2013 vio la luz Un gato llamado Bob, y el resto es ya historia. Un millón de ejemplares vendidos. Setenta y seis semanas en la lista de bestsellers del Sunday Times. Traducido a 30 idiomas.

Por Carlos Fresneda/ElMundo

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Etiquetas: gato, James Bowen, El mundo según Bob, Un gato llamado Bob, Karma, Mary Pachnos

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