09/09/2014
Quizás os ocurra lo que me pasa a mí: una de las cosas que me harían inmensamente feliz sería la de no poner el despertador por las mañanas. Dormir hasta que me cansase y luego trabajar hasta tarde. Posiblemente no sería muy operativo (porque todas las cosas funcionan durante el día y no durante la noche) pero lo cierto es que – quizás es autosugestión – estoy convencida de que a última hora soy más eficiente. Por ello, descubrir que no los profesionales creativos no madrugan fue una gran noticia para mí. Y leer Rituales cotidianos, de Mason Currey (en castellano en Editorial Turner), me confirmó que cada maestrillo tiene su librillo y que a cada quien le funcionan mejor según qué cosas. Aunque los escritores que madrugan ganan más premios (o eso dice la estadística), existen muchos escritores (y de los buenos o de los que se hicieron ricos escribiendo) que trabajaban a horas intempestivas.
Aquí van algunos escritores que trabajan de noche:
- Samuel Johnson. Es uno de esos escritores clásicos de la literatura inglesa y uno de los que lo hizo por las noches. Trasnochaba – y no por escribir solo – por lo que no llegaba a su casa hasta las dos de la madrugada (el siglo XVIII, si eras acomodado, podía ser bastante divertido). Mientras los demás dormían, él simplemente escribía. Y tiene su mérito, que recordemos que no había poderosas bombillas eléctricas (¡ni siquiera máquina de escribir!) y tenía que hacerlo a mano, claro, y a la luz de las velas. Y, para que aún os caiga mejor, se lamentaba de que la pereza era su mayor enemigo: él intentaba hacerse con rutinas y ser constante, pero… no es tan fácil.
- Friedrich Schiller. A Schiller le encantaba tener un cajón con manzanas podridas en su cuarto de trabajo, porque el mal olor le hacía sentir la urgencia de escribir. Además, le gustaba trabajar de noche, porque no soportaba ser interrumpido por nadie ni por nada. Fumaba como un poseso y bebía café (y vino) para no dormirse. Y aunque a él le molestaba el ruido, no era muy respetuoso con no interrumpir las costumbres de los otros. Sus sufridos vecinos tenían que escucharlo declamar por las noches. Lo hacía a gritos, por supuesto. Esperemos que en el XVIII ya hubiese buenos tapones para los oídos.
- George Sand. Ya os hablamos de cómo trabajaba George Sand cuando abordamos las rutinas de trabajo de las escritoras. Escribía de noche – y mucho – tanto como para dejar a sus amantes en cama dormidos e ignorantes de lo que estaba pasando e irse a escribir alguna de sus novelas.
- Franz Kafka. Todos sabemos que Kafka no vivía de la escritura y que si su amigo y editor, Max Brod, no hubiese obviado sus deseos, nunca habríamos podido leer sus obras. Durante el día, Kafka trabajaba en el Instituto de Seguros contra Accidentes para Trabajadores de Praga, un sitio con un nombre bastante aburrido y donde él no estaba muy conforme, y además tenía que interactuar con su familia. No podía escribir hasta que llegaba la noche. Como le confesaba a Felice Bauer, el piso en el que vivía con sus familiares era antes demasiado ruidoso.
- Marcel Proust. Si piensas en Proust, piensas en desayuno: la culpa la tiene la magdalena (aunque en realidad la magdalena en cuestión es culinariamente imposible) y también el saber que Proust se alimentaba de café y croissants (que es una dieta que podríamos poner de moda: saludable no será, pero atrayente lo es bastante). Aunque los hábitos de vida del autor no eran tan madrugadores: se levantaba a media tarde y escribía de noche en su habitación con las paredes de corcho para evitar los ruidos del exterior.
Por Raquel C. Pico/Librópatas
Etiquetas: escritores, noche, Samuel Johnson, Friedrich Schiller, George Sand, Franz Kafka, Marcel Proust, editorial Turner, Rituales cotidianos, Mason Currey, trasnochar, madrugada, Max Brod, Felice Bauer

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