25/08/2014
Jesús Carrasco, Jesús Ferrero, Alberto Olmos, José Ángel Mañas y Dolores Redondo recuerdan para El Cultural cómo fue y - lo que supuso- el éxito de su primera novela
Acaba de salir de su primera reunión en una editorial importante y ni siquiera tiene claro si lo que desea en ese momento es gritar, o llamar a su esposa, o meterse en un bar, o avisar a algún amigo, o quizás, simplemente, caminar hasta que se le pase el susto.
Dos días antes, sonó el teléfono de su casa.
-¿Jesús Carrasco? Soy Elena Ramírez, de Seix Barral. He leído el manuscrito de Intemperie y me ha gustado. Nos encantaría reunirnos contigo.
Carrasco tomó entonces un avión y se presentó en Barcelona.
-Hablamos sobre el libro y la editora me dijo lo más alentador que se le puede decir a un autor novel: que quería apoyar ese libro pero, sobre todo, que quería apoyar mi carrera.
El proceso, recuerda el escritor, no había tenido nada de extraordinario: puesto el punto final a su primer libro, envió media docena de correos a distintas editoriales y una de ellas, Seix Barral, le llamó con la intención de publicarlo. A esa llamada le siguió una reunión, y a esa reunión un momento de caos interno, confusión y, por último, un entusiasmo para digerir a solas. Jesús Carrasco respiró, se quedó plantado unos minutos en plena Rambla de Cataluña y después llamó a su esposa. Estaba hecho.
Cuenta Chuck Palahniuk que el día en que un editor le dijo que publicaría El club de la lucha, sin avisar a nadie salió corriendo de su oficina, abrió el coche, entró, arrancó y se fue a conducir durante horas. Deambulé toda la tarde, grité, golpeé el volante y luego ya, más calmado, volví
. Palahniuk pertenece, con Carrasco, al club de los que partieron el mercado con su primera novela. Cuando ocurre eso, dice este último, lo importante es no dejar que se te despeguen los pies del suelo. No es lo mismo asimilar el éxito de un primer libro con veinte años que con cuarenta. A mí me sucedió con cuarenta y creo que eso me ha ayudado a vivirlo con cierta distancia
.
Porque después de un buen libro, la gente siempre pide uno mejor. Existe un inconveniente, pero es relativo: el hecho de saber que los demás esperan algo de ti, que tienen alguna expectativa. Con el segundo libro uno se enfrenta a miradas que antes no tenía. Otra cosa, y por eso este factor es relativo, es la importancia que se le den a esas expectativas. Creo que el error es tratar de satisfacer a los lectores interpretando lo que uno supone que quieren. Siento más confianza que presión, pero en cualquier caso, una confianza débil. Me sigue resultando muy difícil y trabajoso escribir libros. Cuando estoy solo frente al texto, especialmente en los días en los que la escritura no fluye, no me sirve de nada saber que hay gente a la que le ha gustado mi primer libro
.
Si para Jesús Carrasco el primero fue, o ha sido determinante, nada hace indicar -al menos así lo afirma él- que la vida, y la carrera, de Jesús Ferrero habrían sido sustancialmente distintas de no haber dado a leer Bélver Yin a José Ramón Monreal, y de no haberle dado éste una orden tan sencilla como la que sigue: Si escribes 50 páginas más, te la publico
.
-Dicho y hecho -recuerda el escritor-. Monreal, que era amigo mío desde mi época universitaria, se lo mostró a José Donoso, Mauricio Wacquez y Masóliver Ródenas, que aprobaron su publicación. La primera novela satisface mucho lo que Mauricio Wacquez llamaba el narcisismo de la letra impresa
. Aunque de no haber publicado en su momento Bélver Yin, mi vida podría haber sido diferente en la forma, pero no en el fondo. Hubiese publicado lo mismo y con la misma constancia. Es mi estilo.
Un escritor se puede ver condicionado, añade Ferrero, si cree que su fantasma social es lo mismo que su persona
. Pero invita a renunciar a ese espejismo, pues el éxito de una primera novela no siempre supone que vas a poder publicar todo lo que te plazca
. Eso fue, exactamente, lo que le ocurrió a Alberto Olmos tras quedar, con 23 años, finalista del Herralde de novela con A bordo del naufragio. Aquel éxito (o subidón) fue, para él, algo efímero, algo que como llegó se fue, pues no le garantizó otra cosa que un silencio editorial de casi diez años.
-Cualquiera que publique su primera novela a los 23 años no puede decir que fue difícil. Hay que asumir que muchos escritores se tiran años y años sufriendo rechazos hasta que ven publicado su primer libro, con treinta e incluso con cuarenta años, y eso sí que es admirable. Lo mío, amén de algo de suerte y, supongo, de talento, fue tan sencillo como enviar el libro a Anagrama. Al saber que era finalista del Herralde me puse muy contento, obviamente, pero no tanto como lo estoy ahora por haber empezado mi carrera literaria con tan buen pie, algo que sólo he sabido apreciar con el tiempo.
Historias del Kronen Si bien insiste en que no fue su caso, para Olmos el éxito precoz es muy cruel, pero es éxito, o sea, reconocimiento. Muchos autores morirán sin conocerlo, de modo que, como dijo una vez Fernando Trueba sobre perder la virginidad, cuanto antes mejor
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Por Alberto Gordo/ElCultural.es
Etiquetas: A bordo del naufragio, Alberto Olmos, Bélver Yin, Chuck Palahniuk, Dolores Redondo, Editora, El club de la lucha, Elena Ramírez, Fernando Trueba, Historias del Kronen, Intemperie, Jesús Carrasco, Jesús Ferrero, José Ángel Mañas, José Donoso, Masóliver Ródenas, Mauricio Wacquez, novela, primera novela, Seix Barral

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