22/07/2014
La escritura puede reducirse a una relación cognitiva básica: mostrar algo que vemos que queremos que alguien más vea --apuntar con el dedo un paisaje. Pero en ese acto ocurre algo importante, compartimos nuestra atención y hacemos que lo que primero surgió en nuestra mente surja en otra.
En una época donde hay más escritores que lectores no es extraño que abunden tantos libros y artículos que prometen revelarnos los secretos de la buena escritura –entre la glamorización del arte y la cultura del snack y los top tens que suponen resolver lo ilimitado en una guía práctica definitiva. Como bien apunta Oliver Burkeman en su columna de The Guardian la mayoría de estos consejos resultan intrascendentes (nadie se ha convertido en un buen escritor leyendo una lista de cómo ser un buen escritor, de hecho la literatura superacional, en la que caen por default, es históricamente literatura de poca calidad).
Dicho esto, el nuevo libro del psicólogo Steven Pinker, "The Sense of Style", es un poco más que el típico manual de estilo. Pinker es, por supuesto, uno de los psicólogos o psicolingüistas más prominentes de la actualidad, y ofrece un análisis de lo que ocurre entre el lector y el escritor desde un punto de vista cognitivo –una visión con algo de neurociencia pero no demasiado para perder el intangible emocional.
El insight fundamental de Pinker es que escribir es un fenómeno psicológico, una forma en la que una mente puede causar que ciertas ideas sucedan en otra mente
. Esto es una especie de psicotecnología hasta cierto punto cognitivamente no natural
, si consideramos que por la mayor parte de la existencia humana nadie escribía y después sólo una pequeña élite. Pinker apunta que escribir es una forma extraña de comunicar que tiene sus desventajas: no puedes ver las expresiones faciales, no puedes pedir aclaraciones inmediatas, realmente no sabes quién es la persona que escribe o cuánto sabe. Y, sin embargo, es un poderoso mecanismo para causar un fenómeno mental en otra persona a distancia –además de una forma de memoria que pasa de un estado latente, larvario a una activación que en algunos casos puede ser una especie de continuum en el que se gesta una crisálida transpersonal o colectiva.
La respuesta de Pinker a por qué el hombre ha elegido la escritura para comunicarse (extravasando un río de cosa mentale) se apoya en el trabajo de dos linguistas, Mark Turner y Francis Noël Thomas, quienes creen que la escritura es atención fusionada
o una articulación en la que se unen dos perspectivas (una encrucijada sináptica). Escribir es una versión relativamente moderna de un comportamiento común a toda la especie: llamar la atención de alguien para hacer algo visible. El acto fundamental con el que resuena la escritura, según Pinker, es el de apuntar hacia algo en el camino, un paisaje, un animal, una iglesia, una luz particular y decir (este es el arte del escritor: cómo llamar la atención para provocar la mirada) "ve eso" o "¿puedes verlo?". Cuando escribes debes de pretender que tú, el escritor, ves algo en el mundo que es interesante, y estás dirigiendo la atención del lector hacia esa cosa
, dice Pinker.
Esto puede parecer obvio pero recordemos que en la simpleza está la profundidad y este principio obedece a una empatía básica entre lector y escritor. Mucha de la mala escritura sucede cuando las personas abandonan este acercamiento. Los académicos se dedican a presumir su conocimiento; los burócratas se preocupan de cubrir sus espaldas; los periodistas de ser los primeros en dar una noticia o de provocar a sus lectores. Todos estos interfieren con la ‘atención fusionada’, haciendo que la escritura sea menos transparente
. Transparencia es lo que se quiere: el texto como un espacio a través del cual se puede ver.
Turner y Thomas señalan que estamos construidos
para señalar algo directamente perceptible a alguien cerca de nosotros
. Pinker comenta: Si entendemos esto, la escritura no es un performance… es el escritor y el lector, juntos, escaneando un paisaje
. El escritor que ha visto ese paisaje, ese mundo que se hace visible, no debe de asumir que el lector comparte su experiencia previa y tiene los mismos códigos: sus palabras deben de sintonizarse con su mente, con su campo semántico y hacer surgir el espacio, ese punto que quiere que el lector sea capaz de ver.
Por Alejandro de Pourtales/PijamaSurf
Etiquetas: cognitiva, escritores, escritura, Oliver Burkeman, Steven Pinker, The Sense of Style

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