El origen de mi literatura está en las mujeres de mi infancia: Harold Kremer - Colombia
02/07/2014
Este docente bugueño fue galardonado con el premio Autores Vallecaucanos Jorge Isaacs, en la modalidad de cuento, con "¿Por qué me muerdes?". Café literario.
¿Por qué creer en el cuento, un género mirado con cierto desdén por los editores de las grandes editoriales y por muchos escritores que apuestan más por la novela?
Un buen cuento sólo debe manejar un asunto o tema. Allí no cabe nada más. Cuando hay más de un tema, entonces estamos hablando de la novela, un género más amplio que abarca muchas cosas. Un buen cuento es difícil de escribir porque todo en él debe ser impecable. Allí no es posible divagar, a no ser que esas divagaciones estén en función del texto. Como decía Chejov: si en una descripción de un cuento dices que encima de la mesa de noche hay un revólver, ese revólver se tiene que usar, si no, sobra.
¿Y por qué no gozará de mucho aprecio por parte de los editores?
Es verdad que los editores miran con desdén el género del cuento, pero eso sucede en los países latinoamericanos porque en Estados Unidos, Canadá y algunos países europeos son parte importante de la circulación de libros. Alice Munro, Raymon Carver, Jhon Sheever, Rulfo, dicen mucho más en sus cuentos que muchos novelistas mediocres. El cuento, para esta época mediática, es un instrumento valioso para seducir lectores, para enseñarle a la gente a leer.
Los cuentos de "¿Por qué me muerdes?" aluden permanentemente al universo de lo femenino, ¿qué le interesa particularmente del mundo de las mujeres como fuente narrativa, de su soledad, de su sexualidad, de las violencias a las que están expuestas?
Las mujeres siempre me atraen porque son narradoras por naturaleza. Siempre están contando historias, hablando sobre todo de ellas mismas. Me interesan las mujeres de carne y hueso y no aquellas que dicen que son felices porque la felicidad sólo le pertenece a los bobos y a los ingenuos. Rechazo, en la vida y la literatura, a aquellas mujeres que cumplen el rol de esposas, de adorno y de sombra de un hombre. Las mujeres, igual que los hombres, tienen conflictos de todo tipo, pero la sociedad las ha estigmatizado como neuróticas, complicadas o insatisfechas.
Una de las apuestas interesantes de este libro es que los relatos están narrados en primera persona, casi contados desde la psiquis de sus personajes... ¿Cómo sale bien librado de esa apuesta, cómo logró mantener "el tono" femenino en estas historias?
Yo nací y me crié entre mujeres. Tengo diez hermanas, más cinco tías, innumerables comadres de mi mamá y encimemos las mamás de mis amigos de infancia que también eran, en una ciudad como Buga, madres de todos, y que nosotros respetábamos como madres y mujeres. Y también estaba una mujer sorprendente, mi abuela materna Felisa, muy anciana, muy primitiva, muy sabia y una gran narradora oral. Y, claro está, mi mamá, la mujer más importante en mi vida, a quien desde niño siempre le pregunté de su vida, de sus conflictos, de sus amores, de sus fracasos hasta el punto en que ya adolescente y luego adulto me contó toda su vida. A mí me interesó el relato por las historias tan disímiles que se narraban en mi casa, relatos narrados por mujeres de distintas generaciones y, por lo tanto, cada una de ellas con problemáticas diferentes. Es más, de niño sentí una gran atracción por el relato porque tenía una hermana mayor, Gladys, que nos contaba cuentos, y que nos estimulaba a contar nuevas historias a partir de lo que ella nos narraba. Mi fuente narrativa está en Buga, entre todas esas mujeres. En mi casa, aprendí sobre todo a escucharlas y también a sorprenderme.
¿Ha sido siempre así?
A los dieciocho años me gané un concurso nacional de cuento con una historia narrada por una mujer. Esa relato, titulado Sueño de amor, narra una fantasía del personaje a partir de la culpa femenina. Y, luego, en cuentos como Mazo de naipes, El amor de Milena y La loca escondida en su sueño, también intento explorar lo femenino, con narradores que las focalizan. Sin embargo, es con La boca del tornavoz donde tomo conciencia de lo que intento realizar con relatos de mujeres. En ese relato (la historia de una anciana rezandera que cuenta un acontecimiento de amor-odio sucedido décadas atrás), descubro la importancia de lo femenino en mis relatos. Y lo extraño es que ni siquiera soy consciente de eso. No sabía, por ejemplo, que había escrito un relato erótico porque no fue mi propósito. Sin embargo, años después ese texto aparece en una Antología del relato erótico colombiano. Recuerdo que protesté y alegué con el antólogo, el escritor Oscar Castro, y él me envió un escrito sobre ese cuento y sobre Sueño de amor y El amor de Milena, demostrándome que eran eróticos. Para mí ese concepto fue sorprendente. Y, años atrás, el sicoanalista y escritor Eduardo Botero, en un ensayo dijo que mi mundo literario erael de las mujeres, el amor y la muerte, exactamente lo que yo viví de niño en mi natal Buga.Ese es el origen de parte de mi literatura, sólo una pequeña parte, porque muchos de mis cuentos exploran otras temáticas como lo fantástico, la historia, el realismo. El "tono" femenino viene de intentar escuchar a las mujeres, no de entenderlas ni de plantearles soluciones, sólo de escucharlas como uno escucha a un amigo. El hecho de que una mujer verbalice sus conflictos, los cuente, para ella ya es posible entenderse a sí misma.
En este libro está presente también una voz muy vallecaucana de parte de su narrador. Muy a lo Andrés Caicedo. ¿Cree, como Tolstói, en aquello de pinta tu aldea y serás universal
?
Siempre he sido consciente de que mi fuente literaria es Buga, la ciudad donde nací, me crié y estudié. No puedo alejarme de la infancia, primero, y la adolescencia, después, cuando estudié todo mi bachillerato en el glorioso colegio Académico, donde creamos grupos de estudio de sicoanálisis, de política y, en mi caso, de literatura. Recuerdo que leía, leía y leía. Era un ser un poco raro porque mis peores notas del colegio eran las de Español debido a que tuvimos profesores que nos castraban literariamente. El bugueño es un ser muy vallecaucano en sus costumbres, su gastronomía, sus historias. Buga es la Yoknapatawpha, de William Faulkner, la Santa María, de Juan Carlos Onetti, el Macondo, de García Márquez y la aldea de la que hablaba Tolstoi. En mi libro de cuentos ¿Por qué me muerdes?, ningún texto transcurre en Buga, pero Buga está allí en pequeños detalles, en descripciones, en intimidades. Mi novela El color de la cera en su rostro, que acaba de salir, toda transcurre en Buga, desde la Guerra Grande hasta los años setenta.
Varias de las mujeres que protagonizan los cuentos de este libro son casi antiheroínas, como la Maga de Cortázar...
No son antiheroínas. Intento, desde la ficción, que sean mujeres normales, reales. El libro ¿Por qué me muerdes? es una exploración alrededor del mundo de las mujeres. Los cuentos tocan temas cercanos a los conflictos del amor, la infidelidad, la sexualidad, la identidad de género y, sobre todo, el mundo de las parejas.
Hablemos un poco de cada cuento…
Desde el primer cuento (Algo manual, algo mecánico) una mujer, madre de un hijo, tiene una relación con un hombre extraño, antiguo estudiante de Filosofía, que intenta renunciar a lo racional para vivir una vida más sencilla. Este hombre establece una relación mecánica con la mujer, que se ha enamorado de él. Afuera la vida es práctica: modelos de otras mujeres le indican que debe renunciar a sus emociones para alcanzar bienestar y felicidad.
Por Redacción de GACETA/ElPaís.com.co
Etiquetas: Harold Kremer, premio Autores Vallecaucanos Jorge Isaacs, cuento, ¿Por qué me muerdes?, Chéjov, Alice Munro, Raymon Carver, Jhon Sheever, Rulfo, Sueño de amor, Mazo de naipes, El amor de Milena, La loca escondida en su sueño, femenino, mujeres, William Faulkner, Juan Carlos Onetti, Macondo, García Márquez

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