02/07/2014
El polémico agente Andrew Wylie habla de sus alianzas y sus animadversiones.
Le dicen el "Chacal", pero el apodo está mal puesto. En realidad es un tiburón. Blanco y de dientes afilados. Andrew Wylie no va tras la carroña que dejan los grandes depredadores, sino tras presas grandes, escritores de peso, ya consagrados o con mucho potencial. Desde Philip Roth, Martin Amis o Roberto Bolaño a Karl Ove Knausgård, su último descubrimiento.
Ahora más, luego de que el pasado 27 de mayo firmara un acuerdo de intención con la editora Carmen Balcells –representante de grandes autores, como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa– para crear una "superagencia literaria" internacional, que llevará por nombre Balcells & Wylie.
Esta alianza tenía más de un año y medio gestándose. Pero en un primer intento no logró concretarse. Carmen Balcells (...) fue asesorada por personas que ella y yo conocemos y una de ellas le dijo que tuviera cuidado conmigo, que le iba a sacar las ruedas de su auto
, afirma Wylie. Yo le mandé un mensaje diciendo que yo no era un ladrón de autos, pero que, si lo fuera, sería lo suficientemente inteligente como para saber que no debo sacarle las ruedas al auto antes de llevármelo. Carmen es la rueda de su agencia
, agrega.
Al final, la unión se logró y ello sacudió a la industria literaria por la implicación que tendrá esta agencia, formada por las dos personalidades más influyentes de la industria del libro. Nuestro objetivo es dar mayor fuerza, alcance y duración a la representación de los clientes, y estamos entusiasmados y comprometidos con las oportunidades que se nos presentan
, señalaba un comunicado firmado por Balcells y Wylie cuando todo se materializó.
Hijo de un editor y de una heredera de la banca, Wylie nació en Boston en 1947. Tuvo una educación privilegiada en un internado de Concord (New Hampshire), que lo expulsó por vender alcohol a sus condiscípulos. En Harvard, donde fue alumno de Robert Lowell, se graduó –summa cum laude– en literaturas y lenguas romances. Adoraba al poeta Giuseppe Ungaretti, pero también recitaba a Homero en griego y leía a Tucídides. Cuando quiso dedicarse a la edición, Joseph Fox, el editor de Truman Capote, lo disuadió de la idea y le recomendó hacerse agente literario.
Se fue a Nueva York, arrendó una tienda y trató de vender en ella su biblioteca universitaria. Cada noche bajaba la cortina y se echaba a dormir en un colchón. Bob Dylan y John Cage eran clientes habituales. Tuvo largas entrevistas con Andy Warhol, haciéndose pasar por periodista. Hasta hoy lo considera su verdadero maestro en el arte de sobrevivir en el medio cultural norteamericano. Buen discípulo, una de las más conspicuas clientas de su agencia literaria fue Susan Sontag, quien lo llamó porque trataba de escribir su novela El amante del volcán, pero le faltaba tiempo para cumplir con sus compromisos públicos. Déjelos en mis manos
, le dijo Wylie.
Es lo que ha hecho hasta hoy con cientos de autores.
¿De dónde salió el sobrenombre de "Chacal"? ¿Le molesta?
No me molesta y creo que fue inventado por la prensa británica. Las cosas son tan aburridas en Londres que la prensa crea entretenciones de cualquier cosa, de nada, para su gente, que, desde que perdieron su imperio, no tiene nada que hacer.
¿A cuántos autores representa su agencia? ¿Cuáles son los que le han causado mayor satisfacción, tanto en términos personales como económicos?
Representamos a casi mil autores en este momento y cada autor, cada representación, es diferente, pero igualmente valiosa, de forma que el modo central en el que vemos nuestro oficio no es el de trabajar de una manera para alguien que gana mucho dinero y de otra para otro que no gana tanto. Tratamos de proporcionar un servicio perfecto para todos.De un modo muy serio, nuestra empresa no gira en torno al dinero. Los autores que ganan más dinero no son a los que nos interesa representar.
Ha dicho que su agencia tiene un plan a 200 años para incrementar su clientela de habla hispana. ¿Cómo le ha ido?
Bueno, está avanzando. Espero verlo terminado en ese plazo. Tengo la intención de vivir 200 años.
¿Desde 1984 se ha vuelto más difícil ser un agente literario?
¿Por qué 1984?
Desde que se formó la agencia.
No, fue en 1980. No formamos la agencia a la sombra de Orwell. Yo solía sentarme al lado del teléfono que no sonaba, no tenía empleados ni dinero. Cuando entregaba un manuscrito, cruzaba a una copiadora al frente, lo fotocopiaba, pasaba a una librería a comprar un sobre, volvía a la oficina, escribía una carta y con eso me iba a alguna editorial donde no conocía a nadie y me hacía amigo de la recepcionista para que ella me ayudara a pasárselo a alguna oficina. Eso se ha hecho más fácil desde aquel entonces. Cuando presentaba algo a múltiples editoriales, tenía que correr de una a otra porque no me podía dar el lujo de tomar taxis. Ahora sí puedo pagarlos.
Hablando en serio, ¿por qué se ha hecho más fácil?
Bueno, técnicamente porque mandamos las cosas por mail; la gente ya nos conoce. Si decimos que un escritor joven es bueno, a lo mejor no siempre están de acuerdo, pero al menos saben que nos tomamos las cosas en serio. No representamos a nadie por interés económico, sino por la calidad de la obra, y la gente comprende que eso es lo que nos motiva. Se ha vuelto más fácil porque a todos les interesa la calidad, con un par de excepciones. Así fue como, y me da gran placer decirlo, pudimos adoptar a un escritor como W. G. Sebald, que era increíblemente bueno pero no tenía mayor éxito, y arreglamos las cosas y lo presentamos de manera que su obra se hizo muy famosa, y lo mismo con Karl Ove Knausgård.
Por Pedro Pablo Guerrero/ El Mercurio (Chile)/ElTiempo
Etiquetas: Andrew Wylie, Philip Roth, Martin Amis, Roberto Bolaño, Karl Ove Knausgård, Carmen Balcells, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Balcells & Wylie, industria literaria, Giuseppe Ungaretti, Joseph Fox, Truman Capote, agente literario, Bob Dylan, John Cage, Andy Warhol, Susan Sontag, El amante del volcán, editoriales, W. G. Sebald

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