24/06/2014
Ciberamenazas. Al ampliarse a la Web el campo de batalla de la opinión, el antisemitismo, la xenofobia y la misoginia se apoderan de los comentarios.
Veo que no sos muy atractiva; igual puedo esforzarme en violarte
; Estoy contento de vivir en tu mismo barrio. Todas las tardes miro al cielo y pienso que un día de estos te voy a violar. Y después te voy a cortar la cabeza
: estos eran los comentarios a un artículo escrito por la estadounidense Amanda Hess.
Para los autores y periodistas la aparición de Internet representó una expansión providencial de la audiencia y la posibilidad de multiplicar su opinión y contactar al lector de manera personal. En el siglo XXI los grandes escritores descendientes de la era de la imprenta fueron pasados a relevo por un ejército de internautas que desprecian la argumentación, entusiastas cultores del comentario descalificador, que reproduce los pulgares del circo romano. Cada día un nuevo usuario pone en su perfil de Facebook que es periodista y ejerce a su modo la indagación de lo real. Pero 20 años después de la expansión masiva del correo electrónico, Internet empezó a ser una criatura impredecible con móviles propios.
No me gusta lo que escribís. Y voy a matarte. Te lo prometo.
En este momento estoy pasando frente a tu casa
. Eran las 5 y 30 de la mañana cuando la periodista Amanda Hess, que escribe columnas sobre vida cotidiana y sexualidad, empezó a recibir en su celular mensajes de este tenor. Estos se replicaban en su cuenta de Twitter. Alguien llamado Headlessfemalepig (Cerdasincabeza) había creado una cuenta especialmente para atormentarla. Y quizá también para ejecutar algunas de sus amenazas. ¿Cómo saberlo? ¿La apelación a una identidad falsa pone en duda la veracidad del acosador? En todo caso, ¿a quién pedir auxilio? ¿Al 911? ¿Cómo explicarle a la policía que una cuenta de Twitter te quiere matar? En un extenso artículo publicado en enero en el Pacific Standard , Hess describió en una vibrante primera persona la clase de ordalía que le espera a una periodista bajo la siguiente pregunta: ¿Por qué las mujeres que escribimos no somos bienvenidas en Internet?
Amanda reflexionaba que las amenazas existieron, fueron reales. No por haber sido enviadas por Twitter eran menos acechantes que el anónimo en el teléfono o enviado por carta. Su alegato contra los comentarios misoginos se viralizó y acabó inspirando una columna en The New York Times Comentar o no comentar
Con motivo del Salón del Libro, en marzo, revista Ñ publicó en las páginas diarias de Clarín una extensa entrevista a Susana Rinaldi hecha en París. Rinaldi ha manifestado su adhesión al oficialismo. Cinco minutos después de subir, la pieza motivaba unos comentarios ofensivos irreproducibles, que invariablemente comenzaban con una descalificación misógina, para luego acusarla por sus convicciones.
Si bien Hess afirmaba que el comentario misógino es la primera injuria, los comentarios infames del más variado signo crecen en virulencia y se han sistematizado en la prensa del mundo entero. Esa columna de expresiones sin filtro, que pueden ser moderadas sólo por palabras clave, construye sus pisos con misoginia, xenofobia y antisemitismo. Son todas expresiones que consideramos meramente discursivas, sin calibrar su peligrosidad. Ni su capacidad de contagio... Se trata de las nuevas autopistas del resentimiento social y la segregación, dentro de la superpoblada metrópolis de la Web. Ya no se trata del clásico troll aislado, que sobresaltaba al bloguero virgen. Hoy el de comentarista es un oficio asalariado; así como existen blogueros K, los hay anti K. Es notorio que estos actores anónimos serán combustibles de la pelea política en toda democracia. De hecho, desde hace ya tiempo la mayoría de los diarios online discuten ventajas y deméritos de la apertura –total, relativa o nula– de comentarios a sus notas. Y esa será una divisoria de aguas importante en el futuro.
Algunos argumentan que cerrar los comentarios lesiona derechos no sólo de acceso sino también de expresión: podría ser interpretable como una nueva forma de censura. Pero también están quienes creen que los comentarios, lejos de promover la discusión, la licúan en ofensas y descalificaciones. ¿Para quién se escriben los diarios? ¿Para los comentaristas? ¿Y para quiénes más? Hess diría: para los acosadores seriales
.
La Web no es una burbuja; se trata de un lugar lleno de ruido. El mundo virtual empieza a ser por lo menos la decidida ampliación de las fuerzas que se despliegan en el mundo real. Desde sus inicios lo fue, cuando comenzó siendo la arena de lucha de intereses económicos, militares y políticos. En un ensayo de 1992 el autor de ciencia ficción Bruce Sterling se preguntaba por qué la gente quería cada vez más estar en Internet. La respuesta de entonces era "por la libertad". Para Sterling, Internet en aquellos años todavía podía parecer el raro ejemplo de una anarquía moderna y verdadera: No existe una Internet S.A. No hay censores oficiales, ni jefes, ni junta directiva, ni accionistas.
¿Es verdad que hace 20 años Internet era así? Pues bien, ahora ya no lo es.
La británica Caroline Criado-Perez es la más famosa destinataria en lengua inglesa de "amenazas en línea". Eso ocurrió después de que ella pidiera al gobierno británico que pusiera más rostros de mujeres en los billetes ingleses (cuando el Banco de Inglaterra anunció sus intenciones de reemplazar a Elizabeth Fry con Winston Churchill en el billete de £5): ¿El Banco de Inglaterra no podría hacer un pequeño esfuerzo por poner a una mujer que no haya sido reina en alguna de sus monedas?
Después de eso las amenazas de violación y de muerte se empezaron a multiplicar en su cuenta de Twitter. Creo que podría violarte. ¿Qué te parece mañana a las 21? ¿Nos encontramos cerca de tu casa?
Así es como podemos arribar a una primera conclusión: los comentarios misóginos, antisemitas y xenófobos son hechos por sujetos pro-monárquicos...
En Teoría King Kong (2006), la feminista punk Virginie Despentes escribió que en la etapa que sigue a la violación de una mujer la única actitud que el machismo tolera es que la víctima se señale y dirija contra sí misma la violencia recibida. Pero Despentes dice más: que el machismo, la descalificación de la mujer y la violación son las diferentes formas de una "guerra civil" contemporánea. Quizá por eso ella, que hizo dedo y fue violada, volvió a hacer dedo, negándose a dirigir contra sí misma la violencia recibida. Quizá algo de todo esto haya impulsado a Criado-Perez a reenviar a todos sus seguidores de Twitter cada uno de los mensajes que sus acosadores le enviaban. Sus acosadores también comenzaron a recibir en sus cuentas de Twitter cuotas multiplicadas de la violencia que habían enviado.
Por Juan José Mendoza/Revista Ñ
Etiquetas: ciberamenazas, antisemitismo, xenofobia, misoginia, Amanda Hess, autores, escritores, internet, Susana Rinaldi, Caroline Criado-Perez, Virginie Despentes

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