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El poeta que dejó de escribir - Internet

23/06/2014

Al mexicano Javier Sicilia los narcos le mataron a su hijo. Desde entonces se junta con otras víctimas en el Movimiento por la Paz y promovió desde allí una ley que ofrece un poco de luz al final de la oscuridad

  1. El hombre levanta el tubo del teléfono. Está lejos de casa. La voz le llega desde México, el aire del dolor corre vía satélite. Tu hijo está muerto, dice la voz. El hombre se queda quieto unos segundos. Está en Filipinas aunque ahora no está en ningún lado. Un dolor le oprime la cabeza, y el alma y el pecho. Revolución adentro de su cuerpo, pero también adentro de su espíritu. El poeta Javier Sicilia acepta con dolor la noticia. Después dice que necesita colgar, que en un rato va a volver a comunicarse. Y así empieza todo. Del dolor. De una voz dando la peor noticia. Y de lo malo germina algo bueno. Porque ése es el comienzo de la revolución civil contra el narco en México.
  2. A Javier Sicilia uno le escucha esa voz gruesa y bien mexicana y lo primero que se experimenta es que se trata de un hombre tranquilo y seguro. Pero Javier enciende un cigarro tras otro. Se toma un café con su mano temblorosa. Tiene varias cintas de colores atadas a la muñeca, algunas con frases que hablan de fe y esperanza. Un bar lleno de plantas y gente y voces. En Cuernavaca, a una hora por autopista desde Ciudad de México. En la mesa también tiene un libro con los ensayos completos de Albert Camus. Y una Biblia.
  3. Para empezar a hablar de toda la transformación de su vida, Javier debe volver a conectarse una vez más con ese dolor que dice que prefiere olvidar. Mi hijo estaba a punto de terminar su carrera de Administración de Empresas. Trabajaba en el equipo de administración de un hospital. Un día, él y unos amigos tienen un problema con unas personas en un bar. Por una pelea los echan de allí. Pero deciden volver para reclamarle al dueño del lugar, y se llevan al tío de uno de sus amigos que había sido militar. El último mensaje que recibe la novia de mi hijo decía la cosa está muy fea, ya me arrepentí de haber venido. Los detuvieron ahí mismo en el bar. El dueño estaba metido con células delictivas y llamó a un sicario amigo. El dueño del bar le termina ofreciendo a este sicario dos camionetas y trescientos mil pesos para que se los lleve y los mate. Por eso se los llevaron. Por negocio. Aparecieron al otro día todos ejecutados.
  4. Pero a Javier Sicilia no le llegó la fama a través de la tragedia. Al contrario, era un personaje reconocido en México. Después de volver de Filipinas para velar a su hijo realiza una conferencia de prensa. Es ahí cuando pronuncia la primera frase que inicia la revolución en contra del narco. Estamos hasta la madre, dice en vivo ante todas las cámaras del país. Y es la voz de todas las víctimas. Y es un antes y un después. Porque esa frase es el inicio de todo. Porque con esa frase cuestiona tanto al poder político como a los narcos. Entonces deciden realizar en Cuernavaca una gran marcha en contra del narco. La marcha tiene réplicas en varios países. No sólo en México se pelea contra la bestia. Y entonces, debido a la magnitud de la marcha, deciden ir al Zócalo, al D.F., al equivalente argentino de la Plaza de Mayo. Y ahí la cosa se pone picante.
  5. Sicilia se toma su segundo café, la incertidumbre moja sus palabras cuando recuerda que estábamos por ir a la marcha del Zócalo, la primera en el D.F., yo estaba en casa de una amiga de la esposa de Felipe Calderón. En un momento llamaron y me dieron el teléfono y era el presidente Calderón. Me dijo personalmente que seguían en la búsqueda de los asesinos de mi hijo, y yo le contesté que lo sabía, pero que igualmente íbamos a marchar. Y ahí mismo le pido una entrevista personal, pero le digo que no quiero ver al presidente, quiero ver a Felipe Calderón, y le prometo que él no va a ver al poeta, va a ver a Javier Sicilia. Y concretan la entrevista.
  6. Y entonces entremos en esa habitación. En Sicilia y el presidente mexicano por entonces, Felipe Calderón, juntándose en la residencia privada del presidente, en el condominio de Los Pinos. Sicilia tenía la idea de ir con algunos libros suyos porque sabía que la primera dama era una seguidora de su poesía. Pero esa tarde-noche los olvidó…

Por José Supera/LaNación

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Etiquetas: Albert Camus, escribir, Felipe Calderón, Javier Sicilia, poeta

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