27/05/2014
En su libro más autobiográfico, Rodrigo Fresán echa mano de sus recuerdos y obsesiones para analizar el nacimiento del proceso creativo.
Entre la autobiografía y la ficción, entre el deseo de escribir y de ser escritor, La parte inventada procura reflejar a un escritor en el acto de ponerse a pensar un libro, en lo que piensa cuando se le ocurre un libro, cuando ese libro le ocurre, y qué ocurre con ese libro
. Se trata de una novela sobre el acto de escribir, sobre cómo se hace un libro y sobre cómo se hace pieza por pieza, letra por letra, el escritor y su mito: esa parte inventada que a partir de una obra todo lector proyecta sobre la vida; la sombra del autor que se desprende de un libro cuando es leído en clave biográfica o autobiográfica, más o menos romántica. Es también una novela sobre la familia, la paternidad y la descendencia; sobre el origen, la tradición y la herencia; sobre el nacimiento, el vigor y el agotamiento de una escritura. El escritor maduro de La parte inventada –llamado "El Escritor"– es uno de seres de papel y vinilo de la literatura de Fresán, que viven para la literatura. Despliegan una actividad mental continua, intensa, cargada de paréntesis, mayúsculas, cambios de tipografías y muchísimas comillas, aunque el límite entre lo propio y lo ajeno, lo vivido y lo inventado, lo leído y lo escrito, la primera y la tercera persona, se muestra y se borra constantemente. "El Escritor" de La parte inventada vive veinticuatro horas al día, siete días a la semana, doce meses al año
consagrado solemnemente a la lectura y la escritura, identificado con una cultura intemporal del libro y un uso profuso de la cita, que lo alejaría del afán de visibilidad a la que aspiran los escritores más jóvenes, tan amenazantes y hostiles a la cultura del libro impreso, cuya sed de posteridad y reconocimiento "El Escritor" no perdona.
En su fragmentación calculada, La parte inventada reconstruye el acto de creación, una especie de puntada creativa que afecta al escritor cuando un libro se le aparece en forma completa y simultánea, a la manera de una totalidad romántica que va a deshacerse en el acto de ser traducida al orden sucesivo de las palabras. Las partes inventadas vienen de los múltiples encuentros entre las piezas de un juguete que se arma y se desarma, una y otra vez: una novela de Fitzgerald, un par de citas bien puestas que se repiten y proliferan en todas direcciones (Sólo la parte inventada de nuestra historia –la parte más irreal– ha tenido alguna estructura, alguna belleza
), un juguete antiguo, un mapa literario hecho con nombres de escritores y de libros en lugar de países, un disco de Pink Floyd, un clásico del cine de ciencia ficción, una novela familiar, una epifanía de la infancia, un par de certezas cristalizadas y rotundas sobre lo que es la literatura –una experiencia inefable que se transmite de un genio a otro, junto con la necesidad de interpretar y comentar; un campo trascendente de valores ideales, afuera del tiempo y de la historia; un juego de representaciones que forman cierta imagen de autor y que apuntan, tarde o temprano, a una figura exterior y anterior a los textos.
Por Fermin A. Rodriguez/Revista Ñ
Etiquetas: autobiográfico, Rodrigo Fresán, proceso creativo, autobiografía, autor, La parte inventada, ciencia ficción, novela

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