12/05/2014
La llegada del verano favorece la publicación de libros de viajes y lejanos destinos
Se huele el verano. Y quien más (los que creen que pronto verán los brotes verdes), quien menos (la inmensa mayoría sufridora), ya está haciendo planes para poner tierra de por medio y largarse a respirar otros aires, aunque sean pocos días y en el pueblo de los abuelos. Los expertos afirman que el turismo interior se recupera lentamente y que este verano aumentarán las salidas al extranjero (y no me refiero a los jóvenes emigrantes económicos). Los editores, acostumbrados a olfatear las menores variaciones del Zeitgeist, empiezan a enviar a las librerías reediciones de sus guías turísticas y todo tipo de relatos de viaje y travelogues, una categoría del ensayo literario claramente en alza que apunta, como objetivo comercial, al sector de lectorado más aburrido de la sobreabundancia de narratividad más o menos clonada. Alrededor de mi sillón de orejas, convertido en artefacto metafóricamente volador que me transporta a lejanos destinos, tengo tres libros que valoro con diferente baremo y que hojeo (y ojeo: depende) cuando me asaltan mis cada vez más agudos ataques de melancolía. Javier Reverte, uno de nuestros más conspicuos viajeros, vuelve en Canta Irlanda (Plaza & Janés) a utilizar su engrasada fórmula de invitar al lector a acompañarle en un viaje (y esta vez al alcance de la mano) mientras le guiña el ojo con multitud de referencias y anécdotas cinematográficas, literarias, históricas, mitológicas y last but not least, personales. India, de Chantal Maillard (Pre-Textos) es más que un travelogue: se trata de una especie de destilado libro de notas sedentarias elaborado con muy diversos materiales (incluyendo diarios, poemas, cartas, ensayos y narraciones) y construido, como personal palimpsesto, a lo largo de un cuarto de siglo; un libro magnífico en el que la historia sentimental e intelectual de la autora se confunde con la de un subcontinente en transformación en el que conviven ancestrales modos de vida junto a las más brutales manifestaciones de capitalismo globalizado. Pero mi preferido es América (también Pre-Textos), de Rudyard Kipling, que recoge el relato y las reflexiones del entonces joven escritor angloindio durante su periplo por EEUU, y en los que expresa la fascinación que sobre él ejerció esa mezcla de lo familiar con lo extraño (Freud pensaba que esos eran los ingredientes de lo siniestro) que le asaltaba por doquier: la mujer americana, la religiosidad, los prejuicios políticos, el poder de la opinión publicada y la violencia son algunos de los motivos en los que se explaya. Mención aparte merece ese estupendo capítulo final en el que Kipling visita a Mark Twain en Elmira, Nueva York (hace unos años visité allí su estudio y dejé caer un cardo sobre su tumba), y en el que se incluye una entrevista en la que el genial (pero cascarrabias) padre de Huckleberry Finn expresa sin pelos en la lengua sus opiniones sobre la moral de sus editores y sobre los derechos de autor (a los que habría que hacer iguales en todo a la propiedad inmobiliaria
, una opinión que agradaría a Javier Marías). Tres libros que también sirven para viajar desde el sillón.
En todo caso, este año se presenta insólito en lo que se refiere a destinos turísticos antes no considerados por los españoles. Ahí tienen, por ejemplo, Uruguay, que en mi lista de lugares por visitar no figuraba entre los primeros (Onetti, el más ilustre uruguayo que he conocido, descansa para siempre en el cementerio de la Almudena de Madrid). Bueno, pues ahora, con la valiente regularización del comercio de la marihuana (que se venderá a 0,70 céntimos de euro el gramo), ya no tarareo aquella magnífica tonada surrealista del maestro Ortiz de Villajos, hijo ilustre de Almería, que rezaba: Al Uruguay, guay, ya no voy, voy,/ porque temo naufragar
. Es más, no me extrañaría que la patria de, entre otros grandes escritores, Horacio Quiroga, Felisberto Hernández, Idea Vilariño, Mario Benedetti, Cristina Peri Rossi y Rafael Courtoisie (sin olvidarme de mi adorado Conde de Lautréamont), se convirtiera en el destino preferido de muchos mochileros amantes del psicotrópico más universalmente utilizado…
Por Manuel Rodríguez Rivero/ElPaís
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