Me gusta más la brevedad y la tensión del cuento que la novela- España
16/04/2014
Con su nueva publicación, "La niña gorda", editada por Páginas de Espuma, Mercedes Abad incide en el territorio de la narrativa breve, de los cuentos. Se trata de una colección de relatos, protagonizados por la niña Susana Mur, el alter ego de la escritora barcelonesa, con un marcado carácter autobiográfico que tiene como tema central la obesidad. Aunque el volumen se presenta como una sucesión de narraciones independientes, muy bien podría leerse como una novela por las numerosas interconexiones y canales, subterráneos y superficiales, que les unen. En este sentido, otra escritora barcelonesa, Flavia Company, los ha bautizado con el nombre de "cuentela", palabra que fusiona ambos términos.
Mercedes, nuevamente un libro de cuentos
Sí, mi publicación anterior, "Media docena de robos y un par de mentiras", también fue un libro de cuentos, cuentos atípicos como de costumbre. Llevo un gamberro dentro y necesito hacer cosas distintas que me diviertan y supongan un reto intelectual porque al final las historias son las mismas. El gran reto del escritor es conseguir que parezcan nuevas y por eso hay que explorar otras fórmulas. Aunque siempre he creído que mis obras más autobiográficas eran las novelas, la colección de cuentos que forman "La niña gorda" rompe esta creencia porque es muy autobiográfica.
¿Cómo surgió la idea para escribir estas historias?
La niña gorda c’est moi, eso está claro. El dolor ante la exclusión social del que es objeto la protagonista es mi dolor. En estos cuentos he reflejado el tránsito de la niña a la pubertad, a la adolescencia, a la edad adulta y también cómo se construye la identidad de una persona. Lo que ignoro es lo que me ha impulsado a publicarlos precisamente ahora.
Como acabas de explicar, estos cuentos son autobiográficos. Teniendo presente esta afirmación, ¿al escribir tu intención era hablar de ti o del problema de la obesidad en términos generales?
De mí, sin duda. Creo que "La niña gorda" tiene mucho de desahogo personal. Como escritora necesito descubrir cosas por mí misma, hacer una terapia y exorcizar demonios y esto ha sido un ejercicio de exorcismo. Aunque pueda considerarse como un libro liberador, en el fondo resulta ambiguo porque contiene elementos que indican que todavía estoy pillada en esto del comer. Los seres humanos nos movemos entre la búsqueda del placer y la aprobación de los demás. Al final la vida es un pacto, porque al mismo tiempo deseamos conseguir el placer, tener amigos y sentirnos integrados. Si no existieran espejos y la mirada ajena, todos tendríamos la autoestima más alta.
Si la protagonista, en lugar de Susanita se llamase Ernesto o Felipe o Mariano, ¿sufriría menos desajustes que ella?
Si la respuesta te la tuviese que dar cuando yo era pequeña, te diría que sí, aunque hay que tener en cuenta que cada época tiene sus monstruos y sus apestados sociales y en aquellos años, hablo de los setenta, también nos burlábamos de los niños afeminados. Actualmente la presión social, debido a los medios de comunicación y a las modas, es mucho mayor. Pero hay cosas que no cambian jamás y ahora hay chavales excluidos de la manada, del grupo, porque la crueldad entre adolescentes sigue siendo la misma.
La madre de Susanita lleva a la niña al endocrino. Eso ocurre en las primeras páginas, en el cuento inicial. ¿En el tema de la obesidad, endocrino es la palabra de moda?
No, la palabra de moda es la dieta que la prescribe el endocrino. En cualquier revista de cotilleo, en la última página, siempre nos tropezamos con una dieta milagrosa que va cambiando, pero que en el fondo es la misma. Las dietas caducan, las cambian, pero son iguales: la proteínica, la Motignac… Cada momento posee una dieta milagro para enmascarar la realidad. La que yo hice, comparada con las que se estilan ahora, no tiene nada que ver. Actualmente, la gente se alimenta de porquerías, de sobres con polvos o de barritas alimenticias, en lugar de comer ensaladas, frutas y otros productos naturales. Lo que se debe hacer es instruir a la gente con normas para comer sin que se pierda el placer, sin privarse de la enorme variedad alimenticia que tenemos en el Mediterráneo y en España.
Por Herme Cerezo /DiarioSigloXXI
Etiquetas: cuento, novela, La niña gorda, Páginas de Espuma, narrativa breve, cuentos, Mercedes Abad, Flavia Company, Media docena de robos y un par de mentiras, autobiográfica

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