29/03/2014
Paso 1: dar complejidad a la herramienta. Darle su peso específico. Poner en evidencia no solo lo complejo del instrumento, sino también lo potente e infinito de él. Necesito que mis alumnos asuman la magnitud del proceso a desarrollar; sepan que estarán manipulando un turbo.
Sin ese paso, cualquier otro puede ser inútil y probablemente acabe siéndolo. Necesito que mis alumnos asuman qué significa aprender a escribir.
Paso 2: escribir. Comenzar a trabajar con las palabras, las frases, la gramática y la sintaxis. Explorar; probar; intentar. Poner a funcionar las diferentes maquinarias de la escritura e ir dejando que a partir de ellas, al ritmo que sea, vayan apareciendo las complejidades, los desafíos, el trabajo futuro; también, las torpezas y las limitaciones propias. Que se avizore que se necesita tener una idea clara para escribirla; que escribir me ayuda a clarificar mis ideas; que escribo desde una sensación; que escribo desde una imagen; que escribo describiendo; que escribo proponiendo, seduciendo, transmitiendo, etc.
Paso 3: en paralelo, leer. Leer atento al modo en que está escrito lo que leo. Desmontar el aparato narrativo que está por detrás de lo que leo. Desmontarlo y analizarlo, como si fuera un motor. Pieza a pieza. Extraerle el diapasón a la prosa. Entronizarlo en mis alumnos. Primeros contactos con las poéticas, es decir, con los paradigmas narrativos que organizan la producción.
Paso 4: Ir introduciendo, de a poco e incidentalmente, algunas normas de trabajo para profesionalizar la producción. Alguna regla sintáctica que no emerge naturalmente; alguna pauta general que pueda abrir nuevos registros... y así. Pero suave, de a poco y cuidándonos de no obturar la producción en marcha.
Paso 5: crear contexto. Poner a funcionar en paralelo las grandes producciones escritas, las páginas canónicas, las producciones incomparables de la historia de la escritura. Modelos únicos que han hecho época y abren registros nuevos. El llano en llamas, desde su título; Cortázar; Borges, claro; y los demás. Narradores, ensayistas, periodistas, científicos, puestos a escribir. Leerlos y analizarlos. Disfrutarlos, a la luz de la producción escrita de mis alumnos, que no se detiene en ningún momento del proceso.
Pauta general: no apurar el establecimiento de ningún texto de ningún alumno. No llevarlo a casa como obra, por ahora. No publicar ni enmarcar. No apurar la consagración (modelo tan escolar en donde cada producción vira obra, antes de tener mérito) antes de la instalación del escritor. No cristalizarse antes de constituirse. Buscamos escritores, no escrituras.
Paso 6: lecturas en voz alta; unos y otros, unos de otros. Lecturas; recreaciones. Narraciones orales. Voces y más voces que se despliegan por todos lados. Ajustes y reintentos. Declamaciones. Defensas orales. Oratorias. Lecturas de otros. Apropiaciones. Estilos que emergen. Estilos que no aparecen. Vacíos. Primeras angustias.
Por Pablo Doberti/ HuffingtonPost.es
Etiquetas: escribir, palabras, frases, Gramática, sintaxis, narrativo, poéticas, Cortázar; Borges, narradores, ensayistas, periodistas

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