18/03/2014
Ciertamente, en la poesía están todas las emociones, todas las identidades creativas y todos los cánticos liberadores.
Cada año, al despertar la primavera, parece que el alma nos llama a la poesía. Necesitamos expresar desde lo hondo de nosotros mismos, el abecedario que brota de lo invisible, la expresión más profunda de lo que somos, los sentimientos más íntimos que deseamos y buscamos con develo. Es un tiempo de sueños, que son como flores abiertas a la vida, de aspiraciones que nos llevan a la cumbre de los deseos, de resplandor que nos transciende a paraísos olvidados y que proclama expresamente la liturgia del espíritu de la bondad. En el perenne gozo de la enigmática belleza anida la autenticidad, de la que estamos hambrientos, andamos demasiado afanados por llegar a otras cúspides que nada tienen que ver con el encuentro hacia el semejante. Hemos llegado a un clima de arrogancia que resulta realmente arduo abrazar lenguajes del corazón. Por consiguiente, la decisión de la UNESCO de proclamar el día mundial de la poesía (21 de marzo) y de avivar lo poético como expresión profunda del espíritu humano, cuestiones adoptadas durante la treinta reunión celebrada en París en 1999, nos anima a pensar en la lírica como herramienta de unión y acercamiento.
Ciertamente, en la poesía están todas las emociones, todas las identidades creativas y todos los cánticos liberadores. Hay que volver a ella para hallarse consigo mismo y aproximarse a lo absoluto, para reencontrar la paz malgastada y borrar de la memoria amores que no son. Cada verso forma parte de nuestras vidas, que vivimos en relación, y es este espíritu de comunión el que nos engrandece como personas. No debemos olvidar que también la razón necesita ser sostenida en su búsqueda por un plática serena y una poética efectiva, como la amistad sincera. Las formas pueden cambiar pero el impulso de la conciencia ahí está, para imprimirnos la fuerza necesaria de un ser de bien. La ciudadanía no puede permanecer por mucho tiempo en una tensión permanente, precisamos de otros cultivos que nos permitan expresarnos de manera tan melódica como racional. Es hora de que aprendamos a mirarnos por dentro y a contemplar lo que nos circunda para entender nuestra particular vocación mística.
Hemos destrozado tantos poemas, que hasta el amor de ocuparse y preocuparse por el semejante, ha dejado de existir en nuestro caminar. Esto pasa por ser pésimos amantes del verso. A lo sumo somos adictos a la palabra fácil. Sea como fuere, cada vez más, nos movemos inseguros y con una carga de egoísmo que nos desgarra interiormente, hasta volvernos irreconocibles en la poesía que somos. Apenas los latidos nos conmueven, en parte porque el mismo ser humano se transforma en mercancía. Por desgracia, nos hemos degradado tanto que la esencia interior de la persona no se valora. En consecuencia, la poesía es más que nunca una exigencia, sobre todo para reivindicar derechos humanos disipados, así como para dar voz a sentimientos arrinconados y restaurar dignidades del aluvión de violencias y violaciones que sufren buena parte de la humanidad. Efectivamente, no hay otra manera de embellecer al mundo que cultivar la diversidad cultural a través del hondo lenguaje de la poesía del deber, esa musa que nos despierta y nos insta a tomar espíritu del camino que tenemos que recorrer.
Si en verdad queremos sobrevivir tenemos que retornar a nuestra personal interioridad y a poner en valor fundamentos de vida. A la poesía hay que reconocerle su efecto socializador, su carácter persuasivo y único. Convive con cada uno. Forma parte de nuestra existencia. Lo decía Bécquer, podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía
. Obviamente, los intentos del ser humano por comprender el origen de los dioses y, en ellos, del cosmos encontraron su primera locución en la poética. En todas las artes, por otra parte, aparecen versos irrepetibles, mediante expresión pictórica, musical, danza o teatro; lo que conlleva a tener vigencia el dicho de que no hay arte sin poesía
. Bajo este contexto, es muy instructivo observar lo importante que es incorporar la lírica como elemento universalizado culturalmente. A veces, de manera sorprendente, sin tener que decir, lo decimos todo con una mirada que, por sí misma, ya es una voz. Indudablemente, es la mejor compañía a nuestro silencio. No hay que decir nada y todo queda dicho.
Por Víctor Corcoba/Diario Rotativo
Etiquetas: Bécquer, Día Mundial de la Poesía, emociones, poemas, Poesía, poético, Víctor Corcoba

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