cada vez hay más gente que quiere ser escritor pero no quiere escribir- España
12/03/2014
Su última novela, La parte inventada, es un viaje al interior de la cabeza de un escritor salpicada de listas, reflexiones, falsos comienzos y una sorpresa final que no revelaremos
A Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) le gustan los libros carnosos. La parte inventada es el primero que publica desde 2009 y tiene 559 páginas. ¿Heróico o autoindulgente? Son más en realidad: se redujo el tamaño de la letra porque daba un tamaño de novela... improbable
. Y está repartido en tres bloques; el personaje real, el centro del libro y el personaje imaginario.
Ni las categorías ni la estructura son causales
Lo de la estructura de a tres es una cosa que me viene de la infancia más profunda y de dos obras que me impresinaron profundamente: una es la canción A day in the life de los Beatles y otra es 2001 Una odisea del espacio de Stanley Kubrick. Mantra también es así, muchos de mis libros son así. Yo tiendo a pensar asi estructuralmente. Todas las cosas que te impresionan mucho cuando eres niño te siguen impresionando hasta que te mueres".
Este libro ¿le llevaba rondando mucho tiempo y lo ha escrito ahora porque ha cedido a su presión o ha sido un impulso repentino?
El título salió de una carta de Gerald Murphy a Francis Fitzgerald y es uno de los epígrafes de mi primer libro, o sea que la noción de la parte inventada venía ya de entonces. Y también es un libro de escritores, porque todos mis libros son de escritores, que es lo que más me interesa. Mis amigos me dicen 'a ver si te atreves algún día con un libro en el que no haya un escritor' y yo juego con la idea pero fracaso triunfalmente cada vez porque me gustan los escritores.
¿Qué tiene de bueno ser escritor?
Que surge como un reflejo automático de algo que te gusta mucho, que es leer, porque ser lector es un poco ser escritor. Aunque un poco engañoso porque la práctica de la escritura a diferencia de cualquier otra disciplina artística es engañosamente sencilla y muy económica. No requiere de estudios superiores ni de conocimientos añadidos como puede ser la dirección de cine, la pintura, la escultura, la composición musical. A los seis años todos estamos capacitados para ser Cervantes. Y eso genera muchísimos equívocos y que mucha gente que no debería haber escrito nunca escriba y hasta tenga ventas multimillonarias. Por suerte hay mucha gente que inmediatamente se da cuenta de que es más difícil de lo que pensaba.
Cuando le preguntaron a Jaime Gil de Biedma por qué no había vuelto a escribir poemas, él dijo que lo natural es leer. ¿Cómo puede uno a escribir cuando podría estar leyendo?
Yo hago mucho periodismo y el periodismo cada vez me interesa menos. Si me dedicara solamente a leer tendría que hacer mucho más periodismo. Así por lo menos hago ficción, que me interesa mucho más que el periodismo. Me parece que es una misma actividad, un acto físico en dos movimientos, la lectura y la escritura. Tu eres tu primer lector -cuando te escribes tu también te lees.
Pero el escritor se lee de dos maneras: lo que tiene en la cabeza y lo que acaba en el papel. Y hay una gran distancia entre las dos cosas.
Ese es precisamente el tema del que trata el libro, de ese proceso. De cómo funciona la cabeza de un escritor. Quisiera conocer a alguien que me explique, neurológicamente, cómo se lee, cómo 30 manchitas combinadas de diferente manera sobre papel en blanco se te meten por los ojos y llegan al cerebro organizan un mundo. Además, si tú y yo leemos David Copperfield, mi David Copperfied será un libro completamente distinto del tuyo. Cuando lees novelas también estás escribiendo.
Y cuando traduces, definitivamente también estás escribiendo: leer, escribir y traducir.
Si pero ya no me interesa más, es demasiado trabajo. Yo nunca voy a traducir a Dan Brown y recibir royalties por sus novelas. Los libros que a mí me interesa traducir les dedico mucho más tiempo que un traductor profesional y casi me cuestan más trabajo que escribir un libro propio. No es práctico, sobre todo cuando ya cumpliste 50 años y esa especie de idea de infinitud se acaba por completo.
Quiere decir que, después de John Cheever y Dennis Johnson, no podemos esperar un Frank O'Connor o una Shirley Jackson?
De Cheever sólo traduje algunas cosas, pero de Johnson he traducido Hijo de jesús y El nombre del mundo. Y lo pasé muy bien, porque me gusta mucho y aprendes mucho del escritor. Pero ahora ya no puedo. Iba a traducir Already dead, que es otra novela de él muy larga pero al final decidí que no. Y ni siquiera sé si hay intención de seguir traduciendo a Dennis Johnson.
Todos teníamos la esperanza de que siguiera traduciendo a los clásicos del relato contemporáneo anglosajón. ¿Qué tiene España contra el relato? ¿Por qué no funciona aquí lo que allí es la quintaesencia de lo literario?
España tiene una gran novela en su prehistoria que además es la novela más vanguardista de todas. El problema de los jovenes escritores en españa es que quieren ser modernos pero tienen el Quijote detrás. Tiene que ser terrible.Y no es un problema del cuento sino de la idea del cuento. Lo que no existe en españa -salvo los enrique Vila-Matas - es que hay muchos libros con cuentos pero no hay libros de cuentos. No se concibe el libro de cuentos como un ente orgánico que puedes organizar e incluso tener un orden determinado. A mi me parece que en españa hay cuentistas de domingo, que de lunes a viernes son novelistas y de sábado a domingo escriben un cuento para un dominical y cuando tienen doce, los juntan. O tienen un personaje que lo van siguiendo; el viejo truco del cuento con personaje común.
Y ya no hacemos novela por entregas, como era costumbre en el siglo XIX...
También era otra época y la novela ocupaba otro espacio. La gente se moría en la misma cama en la que había nacido 50 años antes y de repente vivían a 30 km de Londres y no iban nunca a Londres en toda su vida. ¿Cómo sabían cómo era Londres? Por las novelas. Todas las novelas del s. XIX populares -las de Dumas, Victor Hugo, Dickens- tienen un capítulo de acción novelística y un capítulo documental y los van alternando. A los lectores les cuesta eso ahora; tu le dices Nueva York a un niño de cuatro años y ya sabe cómo es, ya tiene un archivo de imágenes en su cabeza de Nueva York.
¿Para qué sirve ahora la novela?
Sirve para ser verdaderamente audaz, que no es lo mismo que ser vanguardista. El único lugar donde puede ofrecer batalla la novela a las otras artes es el estilo. No me refiero a los juegos tipográficos tipo La casa de Hojas sino la idea de contar algo de manera que sólo una persona puede contarlo, que parece la cosa más sencilla y no lo es. No se trata de enrarecer algo sino de, mediante el estilo, hacerlo tuyo. Esto pasa muy poco. En el cine, por ejemplo, ves una película de Wes Anderson y no puede ser de ningún otro. Los hermanos Cohen o Terrence Malick, que es el que más quiere hacer literatura dentro del cine. El que más se acercó fue Kubrick, para mí la cumbre absoluta del cine de autor-escritor.
Por Marta Peirano/ElDiario
Etiquetas: Already dead, Dan Brown, El nombre del mundo, escritor, Francis Fitzgerald, Gerald Murphy, Hijo de jesús, Jaime Gil de Biedma, La casa de Hojas, La parte inventada, novela, Rodrigo Fresán, Stanley Kubrick, Terrence Malick, Una odisea del espacio, Wes Anderson

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