12/03/2014
La frase los bestsellers de los 50, 60, 70 y 80 son, literariamente, mucho mejores que los actuales
–publicada la semana pasada– me provocó un alud de mensajes privados a favor y en contra. Cielos. ¿Estaré aquejado del síndrome "abuelo Cebolleta"? ¿Realmente puede compararse a Dan Brown y compañía con Morris West, Leon Uris o el primer Forsyth?
Les invito a leer Código best seller, del periodista cultural Sergio Vila-Sanjuán (Temas de Hoy, 2011). Es una reivindicación de la literatura popular y ofrece un análisis breve, valiente y lúcido del fenómeno de las novelas que arrasan comercialmente y de cómo han provocado una transformación en la forma de trabajar de las editoriales, especialmente de los grandes sellos. Siempre lo tengo a mano.
En el prólogo de ese libro, el filósofo y pedagogo José Antonio Marina sugiere algunas claves para comprender los mecanismos psicológicos y sociales que hacen que determinados libros se conviertan en un fenómeno que escapa del puro ámbito cultural o literario.
Según Marina, el primer gran deseo del lector es “la búsqueda del placer”. Y el bestseller ofrece la posibilidad de "escuchar historias" –algo tan antiguo como el mismo lenguaje– que provocan emociones inmediatas. Y propone una fórmula matemática sobre la motivación para la lectura
:
fuerza de motivación = satisfacción producida / esfuerzo necesario para conseguirla
De ese modo, cuanto más nos satisfaga un libro y menos esfuerzo nos cueste leerlo, mayor motivación tendremos para seguir adelante.
Naturalmente, elementos como "satisfacción" o "esfuerzo" son subjetivos, sobre todo el segundo. Los lectores de un cierto nivel cultural pueden abordar con un esfuerzo relativo libros que a otros lectores de menor nivel se les pueden hacer muy cuesta arriba.
Según esa fórmula, un libro que provoque emociones fuertes y repetidas –digamos que se acerque al 10 en "satisfacción"– y apenas exija esfuerzo intelectual –digamos un 0 en ese apartado– garantiza la motivación máxima y, por lo tanto, el éxito comercial.
La disminución de eso que podríamos llamar cultura general media –ligada a la educación– sumada al menor tiempo que le dedicamos a la lectura en la sociedad actual, hacen que el concepto "esfuerzo" vaya poco a poco hacia abajo. Libros que hace cuatro décadas no requerían mucha energía intelectual del lector medio, ahora exigen un mayor trabajo.
Y eso afecta a la calidad de la escritura, claro está, volviéndola menos profunda, más plana y visual, más sencilla y menos literaria. Dicho en plata: los libros más comerciales se basan en ofrecer el mayor número posible de emociones con el menor esfuerzo lector posible
El blog Patrulla de salvación –ya les hablé de él en otras ocasiones– publicó hace unas semanas un interesante artículo titulado El ADN de un bestseller, en el que se hace eco de un estudio norteamericano sobre hábitos de lectura.
El estudio en cuestión es un trabajo estadístico de gran envergadura llevado a cabo por la empresa Hiptype, en 2012, sobre los consumidores de eBook en el mercado anglosajón.
Las conclusiones –aquí pueden consultar la infografía original– señalan que los lectores son mayoritariamente urbanos –un 82%– y que las mujeres leen más que los hombres –algo que cada año corrobora la encuesta española sobre hábitos de lectura–.
Los hombres prefieren los héroes masculinos y sus tres géneros favoritos son, por este orden, la novela histórica, la literatura general y la fantasía/ciencia ficción. Las mujeres prefieren el género romántico en sus distintas variantes –desde la comedia al drama histórico–, la literatura general y el erotismo.
La suma de esos factores hace que, ahora mismo, un libro protagonizado por una mujer tenga un 40% más de posibilidades de convertirse en bestseller. Y las editoriales lo saben. De ahí el boom que vive la novela romántica en nuestro país y en todo el mundo. Y no digamos las novelas eróticas. Ocho de los diez libros digitales más vendidos en iTunes en 2013 era erótico, escrito y protagonizado por mujeres.
En la tradición literaria española los bestsellers se asimilan a libros de escasa calidad que siguen los dictados de la moda. Para la mayoría de nuestros intelectuales, vendrían a ser el equivalente editorial a las superproducciones cinematográficas de consumo rápido y muchas palomitas.
Sobre esta cuestión, el escritor Joseph Conrad afirmó hace un siglo que solo hay dos tipos de libros que venden mucho, los muy buenos y los muy malos
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Vila-Sanjuán analiza en Código best seller la trayectoria comercial de las grandes novelas del siglo XIX y XX y llega a una conclusión: los libros de gran prestigio literario son siempre grandes best sellers... a la larga
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Voy a la madre del cordero: las listas de más vendidos, año a año, según la biblia norteamericana del sector, el Publishers Weekly.
Y, de acuerdo, hay mucha, muchísima paja, pero títulos que hoy se consideran clásicos de la literatura triunfaron en el top ten de los más vendidos. Comercialidad y calidad, de la mano.
Por José Luis Ibáñez Ridao/ZoomNews
Etiquetas: bestsellers, ciencia ficción, Código best seller, Dan Brown, El ADN de un bestseller, erotismo, fantasía, Joseph Conrad, Leon Uris, Morris West, novela histórica, Patrulla de salvación, Sergio Vila-Sanjuán

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