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La pasión irrefrenable de escribir - España España

02/03/2014

La única chica entre los rapsodas de los Nueve novísimos; La Nena, entre sus amigos de la Gauche Divine; la que, durante unos años era ella la que tenía un hermano escritor, Terenci de nombre artístico; la editora exquisita, la poeta siempre detrás de un cigarrillo que le hacía entrecerrar los ojos... Ana Maria Moix (Barcelona, 1947) ha fallecido en su ciudad natal tras años de dura lucha contra un cáncer. Su capilla ardiente se instalará este domingo (a partir de las 14 horas en el tanatorio de les Corts de Barcelona) y el lunes, a mediodía, se celebrará el funeral.

De familia catalana, Ana Maria Moix desarrolló sin embargo toda su carrera literaria en castellano, trayectoria que inició muy joven, vinculándose a ese movimiento de intelectuales de izquierda pero de casa bien que sacudió la rancia cultura franquista de los años 60 y 70 que inundaba Barcelona. Allí, entre arquitectos, fotógrafos, editores, escritores y cineastas hizo algunos de sus grandes amigos, como fueron los editores Carlos Barral y Esther Tusquets, Pere Gimferrer, Félix de Azúa y Ana María Matute.

Así, con 22 años debutó por partida doble con sus dos pasiones: la poesía y la narrativa. Se trataba del poemario Baladas para el dulce Jim y de la novela Julia. Sería un inicio explosivo, de una pasión literaria frenética porque en menos de cinco años le daría para siete libros. La poesía sería entonces su primera y dominante pulsión: Call me Stone (1969) y No time for flowers (1971), una expresión lírica en la que combinó sorprendentemente lo experimental con lo lírico. Este último título le reportó su primer reconocimiento a una obra obra propia, el premio Vizcaya.

Pero como si con esa tierna edad ya hubiera acumulado un sinfín de experiencias que necesitaban ser contadas, su biblioteca íntima creció en esos cinco años frenéticos con la novela ¿Walter, por qué te fuiste? y La maravillosa colina de las edades primitivas, una incursión en el libro infantil. Ambos aparecieron en 1973. Sería el inicio de una obra como escritora que sobrepasaría una quincena de títulos y que con los años le reportaron, entre otras distinciones, el premio Ciutat de Barcelona de 1985 (con Las virtudes peligrosas) y de 1995 (Vals negro).

Tras esa salida fulgurante, Ana María Moix entró en un particular silencio que duró casi una década, que en parte compensó su faceta de traductora, básicamente del francés. En esa labor, debutó con una elogiada traducción de Louis Aragon, que acabó llevándola a grandes nombres de las letras francesas como Beckett, Duras, Nothomb y François Sagan. La salida de nuevo a la superficie literaria se daría con la obra Los robots. Las penas (1982), al que seguiría un nuevo poemario, A imagen y semejanza (1983). Pero la segunda época de escritora quedaría dominada por la narrativa, como demostrarían, amén de las novelas premiadas, dos libros más de cuentos: La niebla y otros relatos (1988) y De mi vida real nada sé (2002).

Lectora voraz, la pasión por el mundo de las letras tenía que llevarla a estar presente en todo los ámbitos. Por ello, tanto o más significativa que su carrera literaria está la de su labor como editora, que desarrolló, entre otros sellos, en Plaza & Janés y en Ediciones B…

Por Carles Geli/ElPaís

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Etiquetas: escribir, Ana María Moix, carrera literaria, Carlos Barral y Esther Tusquets, pere gimferrer, Félix de Azúa, Ana María Matute, Poesía, narrativa, Baladas para el dulce Jim, Julia, novela, Call me Stone, No time for flowers, ¿Walter, por qué te fuiste?, La maravillosa colina de las edades primitivas, Las virtudes peligrosas, Vals negro, A imagen y semejanza, La niebla y otros relatos, De mi vida real nada sé

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