25/02/2014
Poca gente recuerda a Delphine Couturier, pero todo el mundo sabe quién es Dominique Strauss-Kahn. La primera inspiró a Flaubert Madame Bovary; el segundo ha inspirado una multitud de libros, tantos que el diario francés Le Figaro se ha dedicado a contarlos: 58. El último lo publicó el mes pasado en Francia Régis Jauffret, se titula La ballade de Rickers Island y recrea el encuentro entre el exdirector del Fondo Monetario Internacional y la camarera Nafissatou Dialo en un hotel de Nueva York en mayo de 2011. Aunque él no aparece citado por su nombre —ella sí—, los abogados del político francés anunciaron que denunciarían al escritor por inventar hechos que contradicen las conclusiones del proceso judicial cerrado en Estados Unidos: Dialo retiró la denuncia por violación tras llegar a un acuerdo económico con DSK.
El pleito no será nuevo para ninguna de las dos partes. El escritor ya se enfrentó a un proceso por usar como personaje de otra novela a un banquero real asesinado por su amante. Strauss-Kahn ya ganó el año pasado un juicio contra la ensayista Marcela Iacub, que contó su propia relación con su personaje en La bella y la bestia. Aunque Iacub tampoco nombraba en su libro a DSK —se limitaba a llamarlo Cochon (cerdo)—, lanzó su libro con una prepublicación en Le Nouvel Observateur y una entrevista en la que citaba a su antiguo amante con nombre y apellidos. Allí lo describía como un ser doble, mitad hombre, mitad cerdo
. El juez la condenó a pagar al aludido 50.000 euros.
Ni Iacub ni Jauffret son Flaubert, pero sus viajes entre la realidad y la ficción estuvieron rodeados de argumentos literarios. En aquella misma entrevista, la escritora —una jurista especializada en filosofía moral que conoció a DSK después de publicar un libro en el que lo defendía— describía así su método para mezclar invención y verdad: Las etapas de la relación, los lugares, las conversaciones... todo es verdadero. Para las escenas sexuales estaba obligada a convocar la fantasía. Pero si son falsas en un sentido fáctico, son verdaderas en el plano físico, emotivo, intelectual
. Jauffret, por su parte, fue mucho menos sutil al enfrentarse a su primera denuncia: Yo soy novelista, miento como un bellaco. No respeto ni a vivos, ni a muertos, ni su reputación, ni su moral
.
Ni la figura de Strauss-Kahn ni las tormentas judiciales que le rodean atemorizaron al malagueño Juan Francisco Ferré, que en 2012 ganó el Premio Herralde de novela con Karnaval, una obra cuyo protagonista es… Dominique Strauss-Kahn. Karnaval acaba de ser traducida al francés por la editorial Passage Du Nord-Ouest y su autor dice no haber tenido aún "malas noticias". ¿En algún momento pensaron él o su editor español —Jorge Herralde, de Anagrama— que podrían tener un problema con el DSK real? Ferré contesta sin durar: No, pero sí hicimos bromas sobre esa eventualidad
. Y añade: Quizá el incurrir en excesos periodísticos, como han hecho otros, pague un peaje del que la literatura de invención y humor, en la que me reconozco, estaría eximida
. Con todo, reconoce que a algún editor francés le entró un miedo ridículo
por el tono de algunos capítulos y declinó publicarla.
Más allá de que miles de obras estén basadas en hechos reales o inspiradas en personajes reales más o menos reconocibles —la vicepresidenta socialista que protagoniza la última novela de Belén Gopegui, Acceso no autorizado, comparte algunos rasgos con María Teresa Fernández de la Vega—, se produce un salto cualitativo cuando esos personajes llevan el nombre de personas reales, aunque sus acciones y opiniones hayan sido transformados literariamente. Por no salir de los últimos años ni de la literatura en español, ahí están la obra que Fernando Arrabal acaba de estrenar en Madrid —Dalí versus Picasso—, los libros de Mario Vargas Llosa sobre Flora Tristán y Roger Casement o los de Manuel Vicent sobre Jesús Aguirre o Adolfo Suárez; y ahí están Javier Cercas recreando el fusilamiento frustrado de Rafael Sánchez Mazas en Soldados de Salamina, Javier Marías incluyendo al filólogo Francisco Rico como secundario en sus novelas, Clara Usón novelando el suicidio de la hija del general serbobosnio Ratko Mladic o Enrique Vila-Matas como personaje de varios libros firmados por otros.
Bajo las mesas de novedades se esconde una pregunta: ¿Debería haber algún límite a la hora de convertir en personaje a una persona? Recién llegado de la promoción parisiense de su Karnaval, Juan Francisco Ferré es categórico: No creo que haya que imponerle límites a la literatura. Cualquier figura real de cierta fama, por otra parte, es una construcción de los medios y participa ya en cierto modo de la ficción, como era el caso de mi personaje antes de sus transformaciones novelescas
.
Javier Cercas, por cuyos libros pasan personajes que se llaman Sánchez Mazas, Roberto Bolaño, Andrés Trapiello, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo o, también, Javier Cercas, acuñó la expresión relato real para referirse a la mezcla de ficción y realidad. A la pregunta por los límites de esa mezcla responde distinguiendo entre fronteras morales y literarias: No es lo mismo que un personaje lleve su nombre real o que no lo lleve, que sea reconocible o que no lo sea. Si el personaje lleva su nombre real, evidentemente la cosa cambia y no puedes hacer lo que te dé la gana
. Él, por ejemplo, acostumbra a dejarle leer el manuscrito a aquellos que aparecen con su nombre o de una forma reconocible en una novela suya. Lo hizo, cuenta, con Rafael Sánchez Ferlosio [hijo de Sánchez Mazas], o con profesores y compañeros de la facultad, pero no, en cambio, con Carrillo o con la familia de Suárez, por motivos obvios: todo lo que contaba de ellos en Anatomía de un instante está documentado o procede de fuentes totalmente fiables o de varias fuentes
.
Cercas acaba de reescribir "por entero" El vientre de la ballena, una novela de 1997 que reeditará en abril y en la que puede reconocerse a algunos de sus maestros universitarios. La nueva edición incluye un prólogo al que el escritor recurre para matizar. En el fondo todas las novelas son romans à clé, por lo mismo que la ficción pura no existe: siempre está contaminada —felizmente contaminada— por la realidad, que es su carburante
. Fin de la cita. Ahí está todo lo que tengo que decir, pero puedo explicarlo un poco más
, afirma Cercas…
Por Javier Rodríguez Marcos/ElPaís
Etiquetas: Adolfo Suárez, Andrés Trapiello, Belén Gopegui, creación literaria, Delphine Couturier, Dominique Strauss-Kahn, El vientre de la ballena, Enrique Vila-Matas, Fernando Arrabal, ficción, Flora Tristán, Fondo Monetario Internacional, Javier Cercas, Jesús Aguirre, Jorge Herralde, Juan Francisco Ferré, Karnaval, La ballade de Rickers Island, Manuel Vicent, María Teresa Fernández de la Vega, Nafissatou Dialo, novelista, Premio Herralde de novela, Rafael Sánchez Ferlosio, Rafael Sánchez Mazas, Ratko Mladic, Régis Jauffret, Roberto Bolaño, Roger Casement, Sánchez Mazas, Santiago Carrillo, Vargas Llosa

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