24/02/2014
Ahí tienen al traductor de Conan, el héroe de nuestra infancia. A un hombre que vive entre palabras noche y día. Fundador de Plurabelle y Berenice ayer, editor en Cátedra hoy y escritor siempre
Su DNI indica que este señor es ingeniero agrónomo. Pero su ADN nos informa de que por sus venas corren letras y palabras a partes iguales. Quiere decirse que desde que se licenció no ha hecho otra cosa que meterse en este gran charco del negocio de los libros. Empezó montando una pequeña editorial, a la que puso de nombre Plurabelle, y ya probó el sabor agridulce del sector. No contento con aquel acto temerario, se lanzó, de la mano de Manuel Pimentel, a otra aventura llamada Berenice. Y por ahí siguió, obstinadamente, editando libros en México, primero, y ahora nada menos que con Cátedra, una de las firmas más solventes del panorama cultural. Aquí dirige en compañía de Ana Ramos una sorprendente colección de literatura popular con traducciones comentadas de títulos que quizás usted conozca. Por ejemplo, Conan y Peter Pan. Ahí es nada.
—Ha sido usted editor por decisión propia. ¿No ha encontrado otra manera mejor de arruinarse?
—Mejor no. Hay muchas maneras de arruinarse pero si en tu ruina vas dejando por el camino títulos como "Dudo errante", "La guía arqueológica de Córdoba" o libros de amigos como Antonio Luis Ginés, Pérez Azaústre o Vicente Luis Mora, es que ha merecido la pena.Ahí tienen la respuesta obstinada de un hombre que es editor a fuerza de ser escritor. Tanto que Javier Fernández (Córdoba, 1971) lleva una vida genuina de literato. O sea: escribe por la noche y desayuna a las cinco de la tarde. A esa hora, precisamente, nos recibe frente a un café con leche y tostadas.
Yo empecé a escribir antes que a leer, asegura.Y he leído muchos cómics. Muchísimos. Eran y siguen siendo una de mis pasiones. Plurabelle nació en la facultad como asociación cultural y, tras una breve estancia en Madrid trabajando para la editorial McGraw Hill, regresó a Córdoba con la intención de levantar su propia empresa.En Plurabelle publicó una treintena de libros y se ganó merecida fama de editor pulcro y selecto. De tal forma que Pimentel le propuso matrimonio (profesional) y nació Berenice y su prolífica descendencia de casi un centenar de títulos. «
Nos liamos la manta a la cabeza y nos pusimos a trabajar como burros hasta que lo pagué con mi salud. Y, como me dijo un buen amigo, se puede editar o se puede escribir, pero no las dos cosas a la vez. Y yo soy escritor. Hoy, en cambio, sigue haciendo las dos cosas de forma simultánea. Edita, traduce y escribe su nueva novela con una tenacidad de hormiga.Escribo entre tres y cuatro páginas al día. O sea, estoy como mínimo ocho horas sentado siempre por la noche. Luego está la lectura, tomar té y descansar, afirma.
—¿Se escribe para los demás?
—En primera instancia, escribes para ti. Cuando escribo, me río y lloro solo. Mi mujer, que está al lado y es escritora también, lo entiende y se ríe y llora conmigo. Dicho esto, el libro es un instrumento de comunicación.
—¿Malos tiempos para la escritura?
—Malos tiempos han sido desde que a alguien se le ocurrió escribir por primera vez. Es una actividad contra natura. No está valorada. Los escritores han lampado siempre por el mundo. Antes existía gente que se gastaba el dinero para que otros escribieran y hoy quien tiene dinero se lo gasta en irse a la playa y comer langostinos.
—¿Abandonaremos la escritura cuando no la necesitemos?
—No lo sé. Del futuro no tengo ni idea. Cuando ves cómo han evolucionado las cosas en la historia y el estado delirante a que han llegado, podría ser. Yo creo que no. El ser humano necesita comunicar cosas y la escritura permite una forma de comunicación muy parecida al pensamiento.
—¿Cuál es el manual del buen editor?
—El sentido común. Ser fiel a unos principios y esperar a que alcancen al público. El secreto del éxito es el éxito. A la gente le gusta lo que tiene éxito.
—Y usted ha sido un editor kamikaze.
—Mayormente kamikaze. Monté la editorial para publicar lo que me gustaba. Rara vez he tenido en la cabeza la idea de publicar por dinero. Y las veces que lo he hecho no ha funcionado.
—En 2010 se produjeron 220 millones de libros y 80.000 títulos. Mucho alpiste para tan pocos canarios.
—Es una barbaridad. Con razón estamos acabando con el ecosistema.
—Muchos acabarán en la papelera.
—Por desgracia, sí. En España no existen tantos lectores como para sostener eso. Y lo peor es que muchos de esos títulos no son realmente buenos.
—Hemos leído, entre sus datos biográficos, experimentado tallerista
. Nos lo aclara, por favor.
—Es dar talleres. Se supone que el tallerista enseña lo que sabe. Digo se supone porque sorprende que haya talleristas tan jóvenes cuando uno ha de tener una experiencia.
—La eterna pregunta: ¿el escritor nace o se hace?
—Nace pero luego se hace. Hay que aprender a base de ensayo y error como en todas las cosas. Uno mira los primeros dibujos de Miguel Ángel y luego los últimos y ahí está claro que se hace.
Por Aris Moreno/ABCdeSevilla
Etiquetas: Conan, Plurabelle, Berenice ayer, Cátedra hoy, Manuel Pimentel, Javier Fernández, Ana Ramos, editor, Dudo errante, La guía arqueológica de Córdoba, Antonio Luis Ginés, Pérez Azaústre, Vicente Luis Mora, escritor

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