10/02/2014
El impulso de escribir suele estar provocado por un acontecimiento de la vida real
El día 20 de julio de 2006 apareció en La Vanguardia un artículo en el que se proporcionaban diez consejos para escritores noveles. Recuerdo los dos que sigo, Escribe como si estuvieras muerto
y Nunca lo hagas para tus enemigos, que el odio no te permite juzgarlos
. Y con la modestia debida, me atrevo a añadir una undécima recomendación al Decálogo Apócrifo para Escritores de Éxito, de Javier Cercas: Cuidado con los personajes
.
Han cambiado mucho las cosas desde que, en 1921, se produjo el estreno teatral de Seis Personajes en busca de Autor, de Luigi Pirandello. Se abrió el telón, se encendieron las luces y sobre las tablas había algunos tramoyistas que simulaban un ensayo cuando El Avisador, con la gorra en la mano, les interrumpe y dice: ¿Me permite, señor Director? Allí hay unos señores que preguntan por usted
.
¡Estoy ensayando y de sobra sabe usted que, durante el ensayo, no puede pasar nadie! ¿Quiénes son esos señores? ¿Qué buscan?
, le pregunta El Director de la Obra.
¡Somos... nosotros!... ¡Venimos en busca de un autor!
.
Hoy ya nadie quiere atravesar la barrera como esos seis comediantes que se presentaron de improviso, y la proporción se ha invertido de tal manera que un estudio reciente calcula una relación de seis autores por cada personaje. A ninguno le gusta que le hagan una faena pensando que se trata de un ataque perpetuo a la intimidad, y aunque escribas dorando la píldora y dejando muchas cosas en el tintero, acabarán librando el hierro contra tu plumilla.
Realmente la falta de personal es un serio problema para el sector literario ya que el impulso de escribir de uno suele estar provocado por un acontecimiento de la vida real que te ha hundido en la más absoluta miseria. La opera prima tiene un potente efecto expiatorio, y en Valencia decimos: Hasta aquí llegó la riada
.
Contar una historia es una tarea, como dice Cercas, en la que la única literatura es la que suena a la verdad. Y aunque debas ir perforando tu cerebro hasta el tálamo donde se encuentra la capacidad de relacionar, al principio resulta casi imposible no cometer el error de que los primeros personajes de la ficción estén inspirados en personas de carne y hueso que se pueden reconocer.
El resultado de penetrar psicológicamente en las neurosis propias y ajenas es un atentado que las personas-personajes nunca te podrán perdonar. Al principio la persona tangible y el ente de ficción muestran leves diferencias de comportamiento que terminan por convertirlos en esquizofrénicos con manía persecutoria; y la necesidad de escapar de la sombra del autor provocará con el tiempo que, aunque dejarás en el texto el problema que te llevó a escribir, pasarás a tener el problema de haberlo escrito.
El principal inconveniente de esta dualidad es que ya no dejan que los libros paren quietos. Te acuestas sabiendo que dentro de la obra pierdes el control como le sucedió a Luigi Pirandello, pero en sentido inverso. Desde luego que hay de todo en la viña del autor, agradecidos (como Esmeralda o Meck Black), y otros con complejos que se revuelven como toros intentando desembarazarse de la banderilla.
Por Juan Ballester/DiarideTarragona
Etiquetas: escritor, Decálogo Apócrifo para Escritores de Éxito, Javier Cercas, Seis Personajes en busca de Autor, Luigi Pirandello

, escribe aquí tu comentario