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¿Y, si la librería se quiebra, caerán de pie los libros? - Colombia Colombia

06/02/2014

Crónica vivencial de la desaparición de una de las librerías más importantes de Holanda, La Polare.

No, no caerán! ascenderán a una nube, O sea que se morirán e irán al cielo? Sí y no, irán al cielo, pero seguirán vivitos y coleando como los cometas, los satélites, las estrellas y las almas de los que se han ido, Ah, ya entiendo, le dirá la pequeña Genésis a su abuela Eterna, luego de haber escuchado juntas en el telediario que la Librería más grande del Reino, sin más ni más, cerraba sus puertas al público, y las especulaciones apuntaban a que pronto se declararía en quiebra para salvaguardar en algo sus bienes terrenales.

Este episodio de la vida real sucedió la noche del lunes 28 de enero del 2014, fecha un tanto dramática para Eterna: un 28 de enero, siendo apenas una niña de 8 años, perdió a su madre en un accidente de tránsito causado por un conductor borracho. Fue por entonces, como se lo ha dicho y repetido a su nieta imaginaria, que Eterna supo lo que quería y no quería: no quería ser madre; prefería parir cuentos y novelas; o sea: hacerse escritora. Por eso al ver en la tele que la librería Polare, tratando de librarse de un posible embargo de los acreedores, cerraba sus puertas de ipso facto, para Eterna fue algo así como si le hubieran dado con la puerta en la cara. Allí, ella había pasado muchísimos buenos ratos escarbando entre libros, antes de proceder a gastarse una buena parte de su salario en los escogidos. Quince años atrás, cuando recién encontró el tiempo y el espacio para sentarse a escribir en serio y en forma, y vino al Reino por primera vez, una de las cosas que más la sorprendió y animó fue ver cómo por todos lados había librerías para todos los gustos, materias, sexos, estilos, etc. En tan solo tres o cuatro bloques podías encontrar librerías para niños, para los amantes de los viajes o de la cocina, para los esotéricos y/o religiosos, y así hasta llegar a las súper inteligentes tiendas, especializadas en promover y vender libros científicos y técnicos, en donde se exhibía lo recién editado en las mejores universidades del mundo y todo lo obligado y exigido por las mejores academias; y, resumiéndolas a todas, y sobre todas, se levantaba la gran librería Broose, como se llamaba Polare entonces, ubicada en una esquina estratégica del Viejo Canal (Oudegracht) de Utrecht, colindando nada más ni nada menos que con la gran Biblioteca Pública -otro sitio obligado que también parece va a cerrar sus puertas muy pronto-. Allí, en Broose, podías gastarte el día entero, si te daba la gana, pues había de todo, y más que nada había montañas de literatura en muchas diferentes lenguas, incluído el español.

En el Broose de aquellos años, no era tampoco raro ver cómo los fines de semana o, en fechas especiales como las navideñas, las colas de gente comprando se hacían interminables; puesto que los holandeses tenían entonces -no sé bien si tienen todavía- una verdadera fascinación por los libros. Muchos los compraban -como sucede en todas partes- por mero esnobismo, pero la verdad es que las élites educadas sí tenían y tienen aún el hábito de la lectura; por eso regalar un libro o un bono de Broose era algo muy apreciado; incluído, tengo que decirlo, las bolsas de tela cruda con el logo de Broose, que al principio a la elegante Eterna le parecieron un poquitín faltas de estilo, pero que luego de unos meses, y de haberse empapado bien de la cultura holandesa, se le convirtieron como a muchos de los estudiantes, académicos e intelectuales de aquellos tiempos en una muestra de estatus: todas y todos iban y venían siempre con la bolsa de tela cruda, igual que ahora las masas van por ahí con grandes bolsas de marca, casi siempre chiviadas por demás. Y por eso, eran también bastante comunes los clubes de lectura, las tertulias, las conferencias y las charlas de... y con... los grandes y pequeños escritores, promovidas y promocionadas por las casas editoras, las academias y las grandes librerías como Broose.

¿Cuándo exactamente empezó la debacle? Eterna no sabría decirlo, pero supone que con la llegada de las nuevas tecnologías, del libro electrónico, del acceso gratis a gran cantidad de información y de los grandes monstruos como Amazon, más la inacabable crisis en que las grandes economías del mundo han caído, todo sumado; más la falta de atención, respeto y reconocimiento a la materia prima primordial, a los que hacen y escriben los libros: los escritores, ha contribuido al cierre y... vámonos para una nube...

Por Carmen Socorro Ariza-Olarte/ElEspectador

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Etiquetas: Holanda, Librería, libro electrónico, nuevas tecnologías, Polare Maastricht

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