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¿De verdad son amigos el alcohol y la literatura? - España España

23/01/2014

Nadie ha descrito la resaca con tanta precisión como Kingsley Amis en La suerte de Jim (Destino): Algún bichejo nocturno había utilizado su boca como letrina y luego como mausoleo. También durante la noche, se las había arreglado para participar en una carrera a campo traviesa y ser luego golpeado por la policía secreta. Se sentía mal. Si bien a su protagonista la luz le hacía daño, pero no tanto como mirar las cosas, el autor británico siempre dio por buena la paradoja de George Gale referente a las consecuencias penitenciales del alcohol: Persuádete a ti mismo de lo afortunado que eres por sentirte mal; si no te encuentras mal después de una buena torrija, es que sigues borracho, por lo que deberás estar sobrio y despierto cuando ataque la resaca.

Prologado por otro polemista encendido y dandi de los espirituosos, Cristopher Hitchens, Sobrebeber reúne textos escritos por Kingsley Amis entre 1971 y 1984, editados en castellano por Malpaso con el mimo con el que se prepara el cóctel de la primera cita. Los artículos, más que perderse en digresiones clínicas o poéticas, constituyen esa especie de guía maravillosa que se le chiva a un compañero de barra, ya que en muchos casos las reflexiones surgen de largas horas junto a coroneles condecorados en el arte de mirar el mundo a través de telescopios con forma de botella: del poder potenciador de la resaca de los hielos a la presunta pertinencia de ingerir aceite antes de un festín etílico para forrar los tubos del organismo. Amis, sin embargo, no se fía de aquel que no bebe: considera que la civilización occidental habría implosionado tras la Primera Guerra Mundial de habérsele aplicado la Ley Seca, masculla maldades sobre el hilo musical de los pubs británicos y recela incluso de la familia, invitando al lector a comprar una nevera sólo para los útiles del bebercio. Es más, aconseja candarla, librándola así de porquerías irrelevantes como la comida, sin ir más lejos.

Por Miqui Otero/ElPaís

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Etiquetas: alcohol, literatura, resaca, Kingsley Amis, La suerte de Jim, Cristopher Hitchens

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