13/01/2014
Hay quienes contratan a personas para que les escriban un libro. Los primeros son los que firman, como si fueran propios.
Por años se ha hablado de los llamados "escritores fantasma, sombra o negros", que son contratados para redactar un libro, el cual es firmado por otra persona. Estos casos son frecuentes en biografías, memorias o libros de ficción de personajes mediáticos, famosos, políticos o millonarios. Se los acreditan ellos, pero los escriben otros.
La lista, aunque es larga, también abarca a consagrados como Alejandro Dumas, de quien se dice que tenía un equipo que escribía lo que él dictaba y luego este le daba unidad a la obra.
Algunos sospechan que Stephen King o el mismísimo William Shakespeare recurrieron a los servicios de los escritores sombra.
Han aparecido, asimismo, aquellos que portan la bandera del derecho compartido, con colectivos como Wu Ming, que en chino significa "sin nombre". Sus integrantes, todos italianos, han escrito Q, 54 y Manituana, los cuales han tenido bastante éxito.
Un caso similar en Guatemala se da con el libro Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, escrito por la antropóloga venezolana Elisabeth Burgos Debray, quien grabó las historias de la activista guatemalteca, las transcribió, las ordenó cronológicamente y las publicó en 1983.
Uno de los casos más sonados gira en torno a la obra Pieles negras y blancas, firmado por Cata Podestá, una peruana acomodada con aspiraciones literarias. El libro, en realidad, lo escribió Mario Vargas Llosa, quien recibió el encargo cuando apenas tenía 23 años.
Sucede que en 1959, el hoy Premio Nobel de Literatura se había trasladado de Madrid a París junto a Julia Urquidi Illanes, su primera esposa.
Ambos afrontaban estrecheces económicas y vivían en una buhardilla del modesto Hotel Wetter, en el número 9 de la rue de Sommerard.
Urquidi Illanes hace alusión a ese episodio en su obra Lo que Varguitas no dijo (1983). En aquellos días —escribe— llegó al hotel una dama peruana. Acababa de hacer un viaje por el oriente, y quería escribir un libro sobre sus experiencias. Habló con Varguitas. Quedaron en que ella le iría contando sus viajes y él escribiría el libro por una suma de dinero que consideramos suficiente para los gastos extras de la semana. Le pagaría los viernes, de acuerdo con las páginas escritas. Todas las mañanas iba mi marido a la habitación de la viajera, para hacer el trabajo. Frecuentemente entraba yo a la pieza a escuchar sus relatos; estos eran bastante infantiles. Mario se divirtió con este trabajito
.
Urquidi Illanes, sin embargo, confunde Oriente por África —la aventura de Podestá ocurrió en este último continente—.
Vargas Llosa aceptó a fuerza de las circunstancias. Además, debió mantenerse en el anonimato, como buen escritor fantasma.
Por Roberto Villalobos Viato (con información de El País y Revista Ñ)/ D Letras-PrensaLibre
Etiquetas: escritor fantasma, escritores fantasma, biografías, memorias, libros de ficción de personajes mediáticos, famosos, políticos, millonarios, Alejandro Dumas, Stephen King, William Shakespeare, Wu Ming, Manituana, Elisabeth Burgos Debray, Pieles negras y blancas, Cata Podestá, Mario Vargas Llosa, Julia Urquidi Illanes

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