07/01/2014
La historia de la lectura puede identificarse en varios planos, y en todos está ligada a la historia de la cultura escrita. Por eso, la lectura se relaciona con la historia de la alfabetización, con el desarrollo de las religiones y con los ritmos de la industrialización, por citar sólo algunos aspectos de este fenómeno que hoy nos parece tan común.
En Occidente, esa historia comienza en Europa, como es lógico, pues en ese continente floreció la cultura impresa. Sin embargo, las diferencias culturales y sociales entre los países determinaron en gran medida sólidas fronteras, cruzadas por la permanencia del catolicismo y la llegada de la Reforma, la práctica de economías tradicionales, los regímenes de censura en la actividad editorial. A ello se suma lo que es propio de la lectura: lo que entre la Edad Media y los comienzos de la Moderna, hizo de la lectura en silencio y mediante los ojos una norma interiorizada y una práctica común; y la que, entre los siglos XVIII y XIX, familiarizó a los lectores con una producción impresa más numerosa, más accesible y acogedora para nuevas fórmulas editoriales
, según lo describen Guglielmo Cavallo y Roger Chartier en su Historia de la lectura en el mundo occidental (Taurus, 2011).
El apego a la lectura en la antigüedad también se deja ver en las fuentes disponibles: los inventarios por fallecimientos, que hacen relación exacta de los libros disponibles en las bibliotecas privadas, o los catálogos de libreros o los de subastas de bibliotecas, que nos proporcionan una idea exacta de la oferta que existía en las sociedades más avanzadas del pasado; incluso los libros leídos por los prisioneros de la Inquisición están identificados en las confesiones testimoniales que aún se resguardan en los archivos de la Iglesia...
Por Porfirio Hernández/Milenio
Etiquetas: leer, escribir, cultura escrita, Guglielmo Cavallo, Roger Chartier, Historia de la lectura en el mundo occidental, libros leídos, bibliotecas privadas

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