03/01/2014
Diez veces.
Es cierto que gracias a la tecnología hemos pasado de escribir cuidadosas y meditadas cartas ("un abrazo muy fuerte") a fugaces textos (“jajjjjja okkk!!!bessoss!!), priorizando la intensidad del mensaje por encima del estilo. Pero es que encima en el caso de la Carta de los Reyes Magos es aún más sangrante.
Piénselo de esta manera: durante mucho tiempo la carta de los Reyes Magos es lo único que van a escribir un niño de seis años. Cada carta es un tesoro en sí mismo de superación, esfuerzo e intenciones.
Las cartas a sus Majestades no sólo mantiene a salvo el género epistolar sino que, además de resumir un momento tan intenso como el presente, tienen una poderosísima virtud, no siempre señalada con suficiente juicio: las cartas tienen un impreciso y lejano destinatario que nunca, nunca va a contestarles. Hablando en plata: nadie sabe el domicilio de los Reyes Magos. Y aún, echamos la carta. Bravo.
Por José Manuel Sala/NoktonMagazine
Etiquetas: Reyes Magos, carta a los Reyes Magos, Freud, Jung, Hesse, Zweig, Calderón, Cortázar, Woolf, Delillo, género epistolar

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