01/01/2014
Parece unánimemente aceptado que dedicar 15 minutos diarios a leer en alto es de las mejores cosas que se pueden hacer por y con un niño. No entraré en los beneficios intelectuales de tal actividad, ni en los vericuetos de la formación de su carácter, de su imaginario, ni en la formación de hábitos sanos para el futuro. Me limito al placer, para el niño y para el adulto, que supone hacer del regazo un trono y abrir una ventana infinita de apenas 15 minutos. Porque leer un cuento a un niño y, a lo que yo he visto, recibirlo, es un gran placer. Resulta un momento especialmente íntimo y cómplice y pocas serán las ocasiones en que el niño lo rechace: El atractivo estético de los álbumes ilustrados, algunos verdaderas obras de arte; la sencillez, aparente, de las historias; y, en fin, la magia que siempre tiene el regazo de la madre, el padre o quien quiera que sea el contador de cuentos constituyen un reclamo casi irresistible, aun en tiempos de omnipresentes pantallas.
No son los álbumes que ahora esbozo los mejores, quizá, aunque los hay bien conocidos y divulgados; ni los más novedosos, los que ahora pueblan las listas de los más valiosos del año. Pero proporcionan, con sus escasas páginas y sus, en ocasiones, contadísimas palabras, momentos de eso que hablábamos al principio. Placer.
Comemiedos, de Jorge Zentner, ilustrado por Tassies (Destino. 2001). El miedo, ese enemigo imaginario, esa amenaza impalpable para el sueño de tantos y tantos niños. Y cómo un sencillo truco, compartido con alguien a quien se quiere, envía ese fantasma más allá de las sábanas, al otro lado de la ventana, y convierte las sombras amenazantes en formas inocentes. Y al final, un detalle, una broma, para apagar la luz y dejar una sonrisa en la cara del que se acuesta.
A qué sabe la luna, de Michael Grejniec. Traducción al español de Carmen Barreiro (Kalandraka, 2004). Un deseo inalcanzable, aparentemente. Y el trabajo en equipo para conseguirlo. La tortuga, el elefante, el león, la jirafa, el zorro, la cebra, el mono y el ratón, empeñados en probar el sabor de la luna. Convencidos de que, juntos, podrán conseguir su objetivo. Aunque esté mucho más cerca de lo que creen.
Por Javier Salvatierra / ElPaís
Etiquetas: leer, niños, Comemiedos, Jorge Zentner, Tassies, Michael Grejniec, Carmen Barreiro

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