18/12/2013
En esta época podemos armonizar pensamiento, sentimiento y expresión.
La poesía, radiosa espada, tres heroísmos en conjunción: el heroísmo del pensamiento, el heroísmo del sentimiento, el heroísmo de la expresión.
Salvador Díaz Mirón
Mi querido viejo: así hablaba don Salvador Díaz Mirón, poeta magnífico, orador arrebatado, combatiente terrible de todas las injusticias; él decía que para ser poeta se necesita algo heroico, y que reunía, como arriba se lee: el heroísmo del pensamiento, el del sentimiento y el de la expresión.
¿Quién no ha sido poeta alguna vez?, ¿Quién no ha querido expresar sus sentimientos en esa cascada de palabras que tienen doble valor: el contenido de cada palabra y cada frase y la armonía melódica cuando se pronuncian todas.
Y lo interesante es que los poetas no tienen edad: hay poetas en la adolescencia, yo intenté serlo con resultados poco menos que nefastos, cuando los primeros titubeos del enamoramiento y las primeras urgencias de las hormonas me hacían olvidar el futbol para ir en bicicleta junto a una adolescente de ojos pequeños y mirada pícara. Hay poetas de juventud, cuando salen a descubrir el mundo y encuentran todo lo bueno y todo lo malo que puede tener, y hay poetas de la vida adulta, cuando eso que se llama cultura y madurez les permite escribir poemas que van más allá de lo limitado o local y aparece la poesía universal.
Pero… ¿y los viejos?, ¿cuando se llega a viejo ya no hay poesía? Tú sabes que eso no es cierto, porque en esta época, más que nunca, podemos armonizar pensamiento, sentimiento y expresión.
Y eso es lo que hace un poeta insólito del que ya te he hablado, José Luis Jiménez, escritor, poeta, empleado federal y chofer, que acaba de publicar su más reciente libro El Poeta (Fonta-Mara, 2013); más de 200 páginas llenas de poesía y de vivencias.
Por Rafael Álvarez Cordero/Excélsior
Etiquetas: expresión, José Luis Jiménez, pensamiento, Poesía, poeta, Salvador Díaz Mirón, sentimiento, vejez

, escribe aquí tu comentario