15/12/2013
Desde que se inventó la imprenta la palabra ha sido para el ser humano una tabla de salvación en el naufragio final que es toda existencia. Y sobre escribir, ya sea como un arte o como un oficio se ha escrito mucho. Hay quien diferencia entre un poeta y escritor. Los dos no usan lo mismo: palabras?
Es Marguerite Duras una de las últimos autores que acabo de leer, o mejor dicho de releer, sobre la escritura, algo que me acompaña creo que antes de que tuviera memoria. Según ella: Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo
.
Todo lo contrario a la vanidad de que habla Juan Cruz en su bello libro Egos revueltos. He visto desde dentro –porque he trabajado en diarios y hasta en una agencia literaria- cómo los escritores se fabrican
. Y es todo lo contrario a lo que yo creía. O a lo que un día creí. Vuelvo a mis años de adolescente en que la palabra escrita era lo único que me daba un poco de paz, de conocimiento y de sabiduría.
Ahí estaba La Biblia –el libro de los libros- que nos ha precedido y que habrá de sucedernos en su inmensidad, como muchos creen, como palabra de Dios.
Tampoco ponderemos al escritor por encima de otras ocupaciones igualmente importantes. ¿Acaso es menos importante un jardinero, un panadero, una costurera, un pastelero o un sastre? El pastelero y el panadero trabajan con la masa de harina como materia prima. El sastre y la costurera con retales de telas. El jardinero con las plantas. Cada uno tiene su espacio. El escritor con la palabra. Antes dije que era tabla de salvación para náufragos. Pero también es un arma arrojadiza. Contusionan, cortan como navajas, hieren. Y a veces matan. ¿De dónde viene el silencio de autores que como Rimbaud o –una experiencia a mi cercana- Dulce Maria Loynaz, llegados a un término de su existencia, dejan de escribir?
Por Alberto Lauro/Las2Orillas
Etiquetas: Dulce María Loynaz, arte de escribir, imprenta, palabras, Marguerite Duras, escritor, Juan cruz, La Biblia, Rimbaud

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