15/12/2013
Para los ingleses, los alemanes o los franceses el teatro es tan alta literatura como la novela.
El teatro ha sido por años considerado, por algunos escritores de narrativa y poesía, el bastardo de la literatura. No en todo el mundo. Para los ingleses, los alemanes o los franceses el teatro es tan alta literatura como la novela. Para México y otros países, la supuesta bastardía ha sido atroz o lo era hasta hace pocos lustros. En su primer año de existencia el Fonca, por ejemplo, comenzó ignorando la dramaturgia y al propio teatro dentro de los estímulos que otorgaba. Era para algunos (o es) una subcategoría artística.
Siempre ha sido difícil comprender esa textualidad que no posee autonomía como obra artística consumada y que no termina de ser en tanto no se actualice en un aquí y ahora vuelto carne de escenario. Ese navegar entrambasaguas (la de la literatura y la de la espectacularidad) siempre ha dificultado su aceptación, su entendimiento. Son muchos otros los intermediarios entre texto y receptor. Tampoco los nuevos formatos de escrituras para el teatro (ya no dramaturgia) han abolido del todo esa noción de bastardía y quizá es interesante que no ocurra, porque los mestizajes e hibridaciones permiten ensanchar horizontes.
Recientemente se han incluido dentro de las categorías para becas de creadores a quienes realizan espectáculos de cabaret o performance, pero el caso de la "narración oral" es aún extraño, por decirlo amablemente. La narración oral es una disciplina que parece tierra de nadie porque, siendo una expresión escénica, vive en las márgenes de cualquier clasificación.
Por Jaime Chabaud Magnus/Milenio
Etiquetas: teatro, alta literatura, novela, dramaturgia, cabaret, Performance

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