06/12/2013
Guadalajara es un desbarajuste similar al DF. El llano y la laguna: los dos están llenos de coches que se estorban unos a otros. En esa danza ridícula, tomo un taxi. Son bonitos los taxis guadalajareños: amarillos, amarillos.
Viene de México, ¿verdad?
. Algo tenemos los chilangos que en el interior luego nos reconocen. Será la mugre y la mirada aviesa. O será, más bien, que somos unos provincianos y fuera de nuestra ciudad nos vemos perdidos.
Ahorita anda todo lleno aquí por la expo, mucha gente de fuera
. El taxista es joven, de esos guapos de colonia con gel en el pelo y chamarra de vinil.
Sí, yo también vengo a la feria del libro
, le digo.
¿Y va a vender mucho?
.
No vendo libros, soy reportera
.
Ah, yo quisiera ser reportero. Aunque más bien soy escritor
.
Con los taxistas en cualquier lugar del mundo hay que tener cuidado. Uno nunca sabe si van a ser informantes de la mafia o nomás quieren platicar para distraerlo a uno y darle vueltas. Sonrío como defensa. ¿Escritor?
, le digo por hacer plática. ¿Como qué escribe?
.
Pues así, de las cosas que me pasan y que me cuentan. Yo la verdad lo que quiero es vender muchos libros, ¿no? Así, que me lea mucha gente
. Pausa: ¿A quién lee mucha gente?
.
Por decir un nombre digo: A Vargas Llosa
.
¿Y ése qué escribe?
.
Pues cosas de políticos y chismes que le pasaron de niño y de joven. Se casó con su tía y de eso hizo un libro. Escribió otro de cuando iba a una escuela militar y la pasaba mal
.
Jaja, ¡pues así hasta yo! ‘De niño no me regalaban juguetes’, jaja, pura lagrimita, el bato
.
Bueno, no es nomás lo que se cuenta, hay que tener maña. Es como esa gente que sabe platicar bonito. Es una habilidad que no todos tenemos
, le contesto. Es mi modo de defender la literatura. No sé por qué lo hago, a mí ni me gusta Vargas Llosa.
Una habilidad que no todos tenemos
, repite. Ey, no todos la tenemos. Es cosa de no aburrir a la gente, ¿o no? Yo digo que los que escriben no saben eso y nomás se creen mucho, jaja
.
Vamos llegando a la Expo Guadalajara, sede de la Feria Internacional del Libro, la FIL. El taxista me dice: Tantos libros y re caros y no se entiende por qué. Yo por eso ni leo, pero cuando escriba mi libro lo voy a vender al precio para que se venda mucho y yo gane, ¿verdad?
.
El taxista, que se llama Javier, lo entiende: la FIL es asunto de industria. Lo demás es lo de menos. Los miles de asistententes a la feria van a comprar, buscan precios, buscan historias que les llamen la atención, lo mismo una biografía de Nietzsche que una novelización de Halo. El chiste de la feria es que aquí pueden encontrarlo todo. Si además pueden conocer a algún autor famoso, mejor, pero no es indispensable.
Antes de bajarme, Javier me pregunta cómo hacerle para publicar su libro. Le digo que lo meta a un concurso. Si gana le dan una lana
. Pues suena
, me dice, y creo que la conversación ha sido sincera porque al final me dice que ya lleva 30 hojas de libreta llenas.
Quizá el próximo año lo vea presentando su libro
, le digo al autor que no conoce a Vargas Llosa.
Suena descabellado que el año que viene el taxista tenga aquí su libro, pero no lo es tanto una vez que se revisa el programa y se recorren las salas interiores de la FIL. Docenas de libros, quizá más, escritos por autores nuevos, desconocidos, que ganaron algún concurso, que quizá no vuelvan a publicar nunca…
Por Concepción Moreno/ElEconomista
Etiquetas: taxis, Guadalajara, chilangos, feria del libro, FIL Guadalajara, escritor, Vargas Llosa, industria, publicar, autores nuevos

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