29/11/2013
El ciclo "Los poetas leen a los poetas" en la Sala Mirador se convierte en un éxito de convocatoria
Luis García Montero y Antonio Lucas, que participan, se preguntan por el papel del poeta en escena
Con ese andar humilde que le caracteriza, Luis García Montero entró hace unos días despacio al escenario de la Sala Mirador, evitando con la mirada los aplausos que le recibían en una sala abarrotada. Con delicadeza se sentó ante una pequeña mesa tan solo ocupada por una botella de agua y unos cuantos libros y papeles. El poeta granadino sabía que esta lectura tenía algo de especial. No estaba en un ateneo, ni en un bar, ni en un centro cultural. Se encontraba en el centro de una caja negra, de un teatro, y así empezó, uniendo espacio y momento histórico, con su poema La Farsa: Son malos tiempos para la justicia. / Vengan a ver la farsa, / el decorado roto, la peluca mal puesta, / palabras de cartón y pantomima (…)
. Con tan solo su voz, el gesto y una iluminación general, García Montero desgranó en poco más de una hora toda una concepción de la poesía como recodo donde aunar lo íntimo, lo político, la crítica y la esperanza. Leyó poemas antiguos, poemas de su último libro y del que se encuentra escribiendo ahora, citó a Marx, a Rimbaud, habló de su amistad con Alberti y su piso de la Calle Princesa; y se retorció ante la situación política del momento con un público callado, atento y entregado.
Pero García Montero, aparte de invitado, es algo más en este ciclo organizado por la Sala Mirador El poeta lee al poeta por el que ya han pasado Benjamín Prado, Joaquín Sabina y Javier Gallego. La poesía es una pieza clave que nos acompaña durante toda la vida, en nuestra intimidad
, explica Juan Diego Botto, programador del ciclo y de la Sala Mirador. Pero la poesía es también vital para los movimientos sociales, qué sería de ellos sin Vallejo, sin Lorca, sin Machado, sin Miguel Hernández. El espíritu de la programación de la sala quiere recoger las cosas que están pasando a pie de calle, todo el magma que se ha generado con los profundos cambios que estamos sufriendo y con la crisis. Y creímos que la poesía tenía que formar, lógicamente, parte de eso. Pero no queríamos hacer recitales, sino que los propios poetas nos acercasen a ella y ver qué pasaba con esa propuesta en un espacio teatral. Empezamos el ciclo con gente más conocido con Prado, Sabina o el propio García Montero, pero para el 2004 queremos traer a gente más joven. De ahí que le hayamos pedido ayuda a Luis García Montero, que siempre está atento y conoce muy bien a quienes están llegando
, explica Botto.
Montero, programador a buena sombra, responde: Yo tuve la suerte de conocer mucho a Rafael Alberti. Alberti era muy generoso con los jóvenes, fue él el que propuso a Jaime Gil de Biedma para el Cervantes sin entender mucho lo que significaba la poesía de Jaime, simplemente por complicidad con sus amigos jóvenes que considerábamos que nuestro maestro era Gil de Biedma. Esa lección me ha hecho que mantenga los ojos bien abiertos con los jóvenes poetas. Yo aprendí con Alberti pero también con Antonio Lucas, con Carlos Pardo, con Fernando Valverde, con Raquel Lancero… De ahí que me pusiera enseguida de acuerdo con Juan Diego Botto para traer, aparte de a Joaquín Sabina o Caballero Bonald, a toda esa gente más joven. Hay que conseguir esos espacios de complicidad porque además son ellos los que pueden conectar con más fuerza con la realidad actual. Y en eso estamos Juan Diego y yo, preparando el año que viene
, explica el poeta granadino y Premio Nacional de Poesía.
A la poesía pertenece también la plaza, la tradición oral, las historias y romances que cuenta la memoria de una comunidad
, dice García Montero
Al preguntarle a García Montero por lo que da un teatro a la poesía, responde rápido, con la palabra inquieta: A la tradición de la poesía pertenecen también la plaza, la tradición oral, las historias y romances que cuentan la memoria de una comunidad. Por eso, dentro de esta dimensión, por supuesto creo que la poesía cabe en un teatro. Son códigos distintos: cuando hay público uno intenta conectar haciendo una lectura más directa, dando algunas explicaciones y entrando en detalles; pero a la hora de escribir, el método es casi contrario, piensas en la comunicación más íntima y ahí uno evita dar detalles y borra un poquito las pruebas de lo que ha querido decir en el poema. Creo que es muy importante que este ciclo se haga en un teatro, creo que da un mensaje. El teatro significa la voluntad de salir de un mundo más cerrado y creer en la capacidad de la palabra
.
Por Pablo Caruana/ElPaís
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