Los divos pueden matar de aburrimiento a sus amigos y editores- Internet
28/11/2013
Jorge Herralde es a sus setenta y ocho de los que defienden y practican que la jubilación es un derecho, no una obligación. Anagrama, su gran obra, está en un piso en el elegante barrio de Sarriá en Barcelona. Nada de edificios ostentosos, carteles publicitarios. La policía municipal del otro lado de la calle está habituada a que sus visitantes se pierdan. En su despacho no hay pantallas, portátiles ni internet, tampoco en su casa. Se declara un off-line. La editorial sí está equipada a la última: ordenadores, redes sociales. Dice que para él, las nuevas tecnologías son una manera de perder el tiempo. Prefiere leer. Es un lector compulsivo, voraz, con gran ojo para descubrir obras y talentos. Tal vez el más grande de sus hallazgos es Roberto Bolaño.
En el piso de Sarriá se respira armonía. Pilas de libros de tapa amarilla se agolpan en los lados, entran y salen mensajeros. Huele a cultura, a un mundo que no debe desaparecer. Entre sus empleados predominan las mujeres. Todos parecen saber que trabajan en un taller de orfebres, lejos de la industrialización del saber, o del parecer. Anagrama es un caso único en un mundo de gigantes económicos. Herralde se sienta detrás de su mesa, un lugar en el que se siente seguro. Antes de comenzar la entrevista comenta que le gusta la revista en papel de Jot Down; la descubrió en La Central. Presume de sortear la crisis económica sin haber despedido una sola persona. Es una excepción.
Hoy he desayunado con Mar Padilla, una amiga de Médicos Sin Fronteras. Le he dicho: Voy a entrevistar a Jorge Herralde
y ha contestado: ¡Hombre, he crecido con él!
. ¿Tiene la sensación de que ha ayudado a crecer a varias generaciones?
No diría crecer, una palabra demasiado enfática, pero sí acompañar, ilustrar, divertir, gozar. A escandalizarse, quizá. Me lo han dicho a menudo, y en América Latina, muchísimo. Anagrama tiene una difusión persistente y grande desde hace años en América Latina, sobre todo México. Me lo han comentado escritores que he publicado y críticos. Me decían:Veo mi biblioteca personal y casi todos son compactos Anagrama/, que eran bastante más baratos. Entre lo que leían estaba Bukowski, Hunter S. Thompson, Tom Wolfe, Roald Dahl y tantos otros.
Es la única gran editorial independiente en medio de un mundo de grandes grupos. ¿Cómo lo ha conseguido?
Luego han surgido más. Está Acantilado, PreTextos y otras más recientes. Han surgido muchas porque editar es muy barato con las nuevas tecnologías. Otra cosa es mantenerse en el tiempo. Siempre ha habido un índice de mortalidad elevado entre las nuevas editoriales. ¿Cómo se consigue? Con vocación, perseverancia, mucho trabajo e ilusión, y todo ello acompañado por la benévola música del azar, es decir, la suerte.
¿Si tuviera que elegir entre libro electrónico o libro de papel?
Es un planteamiento que para mí no existe: libro de papel. Como profesional estamos desde el primer día en Libranda. Todas las novedades de los últimos años salen simultáneamente en libro electrónico, también un buen número de reediciones, pero con resultados mediocres, como en toda Europa. Reproduce casi exactamente la lista de nuestros best sellers. Lo que más se vende son Paul Auster, Ian McEwan, y cuando se produce un acontecimiento especial, como ahora con Tom Wolfe. Cambia mucho en EE. UU. y en el Reino Unido. Allí cometieron, en mi opinión, el inmenso error del llamado precio libre, que es en realidad la ley de la selva. Primero ocurrió en Estados Unidos hace muchos años; después, en Inglaterra hace quince. Hubo una alianza impía entre dos grandes grupos editoriales, Random House y HarperCollins, y la gran cadena de librerías WHSmith. Con una visión miope se dijeronvamos a dejar el precio libre, a bajar precios y arruinar a las librerías; luego seremos los reyes del mambo. Pero hubo un defecto en este planteamiento milagroso: no contaron con Amazon, que ha devorado a dos grandes cadenas de librerías estadounidenses que a su vez habían hundido a las librerías independientes. Ahora les afecta a ellas. Una desapareció totalmente; de la otra, solo quedan restos escuálidos.
¿Cómo ve Amazon? ¿Es un aliado, una competencia o un depredador?
Independientemente de la segurísima enorme bondad de sus dirigentes, están destruyendo el tejido librero y editorial. En la Europa continental aún tenemos la fortuna de haber peleado por el precio fijo. Esto no lo pueden sortear, pero inventan cosas, como entregarlo gratis a las veinticuatro horas. Hay una gran pelea entre editoriales francesas y Amazon, andan metidos en litigios. En España, Amazon ha crecido poco a pesar de sus ímprobos esfuerzos. Tampoco hay desmasiada cultura de compra por correo. En España es lo opuesto de EE. UU. Allá, desde los tiempos del far west existían los grandes catálogos que se enviaban desde Nueva York con vendedores. La compra por catálogo, que es como se hace en internet, era lo habitual. Juegan a favor las enormes distancias. En España, con ciudades más pequeñas y compactas, y próximas, se compra mucho menos.
Las librerías con libreros tienen dificultades. En Madrid tengo una de cabecera: Méndez, en la calle Mayor. Es la favorita de Vargas Llosa, Pérez Reverte, Mateo Díaz y otros. Son personas que saben de libros. Si les dices Estoy preparando un trabajo sobre la locura
te sacan diez libros de referencia. Todo esto corre riesgo de desaparecer.
Por fortuna aún quedan cruzados, que son nuestros aliados naturales. Son prescriptores también; conocen a sus clientes, les recomiendan lo que saben que les puede interesar. Aún quedan, pero con dificultades. Por una parte, está la enorme crisis que padecemos desde el 2008; por otro, los alquileres de precio libre que ahora han dejado de estar regulados. Esto ha provocado catástrofes. Hace quince años había muchas librerías en la Quinta Avenida de Nueva York. No queda ni una. Todas se han reciclado, por decirlo así, en tiendas de moda con un margen de beneficio mucho más amplio.
¿Cree que es una situación temporal? ¿O cuando acabe la crisis se va a mantener?
El precio de los alquileres es un problema internacional. Publiqué un libro muy bueno, de Jason Epstein, un legendario editor. En la primera parte analizaba la evolución de las librerías en Nueva York, cómo habían ido desapareciendo muchas de ellas en sitios privilegiados para que se pudieran instalar tiendas de moda, desde Benetton a Calvin Klein.También está el cambio generacional. Hay una librería en paseo de Gracia, Roquer Jardinets, a la que le suben muchísimo el alquiler. La dueña es una señora que la fundó hace treinta y pico años. Es una librería que iba bien, dentro de las dificultades, pero no puede asumir un alquiler como si fuera Chanel, Zara, qué sé yo. Tiene que cerrar, cerrar llorando. Se despidió porque tampoco tiene familia que tome el relevo. Esto tiene que ser algo muy vocacional y sacrificado. En otros casos, como Jaimes, que estaba al lado de la Casa del Libro, consiguieron un local cerca. Ha cerrado Canuda y a Documenta le suben el alquiler por lo que está buscando un socio para mudarse de local. A la enorme crisis general se une el cambio de costumbres.
Creo que un efecto importante, lo digo como hipótesis personal sin ninguna base científica, pero sí con muchos ejemplos que me han comentado, es que una mayoría de los chicos de dieciocho años, que son los lectores naturales del libro de bolsillo, ya no leen, sino que se entretienen con sus cacharritos y así pasan las horas. Esto explicaría la caída mundial del libro de bolsillo. El libro de bolsillo que era fundamental para muchas editoriales, como Random House, ha dado un bajón estrepitoso. Esto es porque sus lectores naturales han desertado.
En este cambio de paradigma, como se dice, nos estamos perdiendo algo. A mí me gusta oler los libros, tenerlos en casa. Es como si tuvieras tu vida, tu memoria reunida. No sé tener estos sentimientos en un aparato electrónico.
No me tienes que convencer. Soy el primer convencido. Para mí es impensable. Nadie sabe lo que va a ocurrir. Jugar a futurólogo es una osadía demasiado ingenua. Lo único que se puede decir es que el mercado se ha encogido y seguirá encogido. Somos una de las poquísimas editoriales que publicamos exactamente el mismo número de títulos, unas setenta y cinco novedades y unos treinta en bolsillo, y que no hemos despedido a nadie. Es casi seguro que en editoriales un poco importantes no hay un equivalente. Naturalmente hemos reducido tirajes. Sobre todo en las reediciones. Hacemos muchas, pero de mil ejemplares, de dos mil. Muchos colegas también han reducido drásticamente las tiradas. Los anticipos también se han reducido para dolor de los agentes, pero hay que adecuarse a una realidad hostil, a un mercado anémico.
¿Qué debe tener un libro para que le interese, para que diga "lo quiero publicar"?
Los editores literarios con vocación estamos casi obligados a publicar buenos libros. Se detectan enseguida con experiencia, sobre todo en mi caso, que llevo cuarenta y cuatro años al frente de Anagrama. Y que sean congruentes con tu catálogo. Hay libros que están bien pero no tienen nada que ver con el tipo de libros que publica Anagrama. Tenemos un abanico amplio, pero hay cosas que están firmemente excluidas. Lo que se busca es una voz nueva, alguien que escriba de una manera distinta. No rompedor por rompedor. Cuando hay una voz propia se nota enseguida. En una o dos páginas lo ves:Aquí hay un escritor. Otra cosa es que se consiga sostener esa voz durante toda una trama hasta el final, la intriga, los personajes, etcétera.
¿Cuál es el trabajo del editor? ¿Ayuda a mejorar el texto tanto si el escritor es importante como si no lo es?
Las dos cosas. Prácticamente con todos los escritores, incluso los consagrados y buenos, hay detalles menores que se pueden mejorar. Nosotros lo hacemos. Como el autor es inteligente ve que el libro va a quedar mejor, que tiene unos ojos a la espalda que le ayudan a leer mejor. Con los escritores primerizos hay que meterse más a fondo, marcar los fragmentos disfuncionales, los personajes que no acaban de estar desarrollados. Se hace, si se tiene que hacer, con los autores jóvenes. Esto es un aspecto de la edición literaria. Luego está otro tipo de edición que es la comercial. Es ese tipo de edición con editores especializados en coger un manuscrito más bien informe, de calidad regular, e ir trabajándolo con el autor, muchas veces bisoño, como en el caso de Ildefonso Falcones; hacer un trabajo de ingeniería literaria para que no queden cabos sueltos. Es como fabricar un best seller.
Empezó publicando ensayo y antropología. ¿Prefiere ficción o no ficción?
Publiqué ensayo, pero la gran mayoría de libros eran muy políticos. Yo era antifranquista. Había censura. Estaba, no diré en los estertores porque duró bastante, pero no era la cosa blindada de los años cuarenta, cincuenta y primeros sesenta. Había una cierta apertura, peligrosa para nosotros: tuvimos ocho secuestros, procesos. Si se mira el catálogo de Anagrama de los años setenta parece impensable que se lograran colar estas cosas. También era muy cinéfilo. Hicimos una colección de cine; creo que fue la primera en España. Se llamaba "Cinemateca Anagrama", donde publicamos bastantes títulos. También tengo una colección de la época, para mí muy apreciada, que se llamaba «Cuadernos Anagrama». Fueron casi doscientos títulos, de diversas materias. Casi la mitad eran políticos, pero también de sociología, antropología, cine; también de literatura. Eran textos breves, sintéticos, pero más que textos de divulgación eran piezas de grandes escritores de gran valor intrínseco y exigencia teórica. Por primera vez en España se publicó a Althusser, Lacan, Lévi-Strauss. También había una colección de narrativa variopinta, que se llamaba "Serie Informal" que respondía perfectamente al título porque salía desde el primer Tom Wolfe, a los sonetos de Shakespeare traducidos por Agustín García Calvo.Cuando empecé con la editorial, lo que más me excitaba era participar en el debate político e ideológico de la época junto a mis queridos compañeros. Fundamos Distribuciones de Enlace, una distribuidora común. Todos eran de izquierdas en una amplia gama y culturalmente vanguardistas. Ocupábamos territorios ideológicamente distintos. Barral Editores, Lumen y Tusquets eran básicamente literarios. Éramos peleones. En Madrid, el único era Pedro Altares al frente de Cuadernos para el Diálogo, con textos que oscilaban de una democracia cristiana progresista a un socialismo no demasiado exaltado. Estaba Alfonso Carlos Comín al frente de Laia, una editorial volcada en el eurocomunismo y en el diálogo entre cristianos y marxistas; estaba José María Castellet al frente de Península y Edicions 62, que también era marxismo y catalanismo. Anagrama era de todas las familias de la izquierda heterodoxa. Publicábamos al Che Guevara, a Rosa Luxemburgo, Leon Trotski, Mao Tse-tung, Bakunin o los situacionistas franceses. Es lo que más me divertía.
A toro pasado es fácil ver los fallos. ¿Cree que la Transición estuvo bien hecha?
Ahora está de moda decir que estuvo mal hecha. Decir que estuvo bien hecha es una herejía. Es un tema complicado. En su día me pareció fatal. Pero sabiendo de dónde veníamos, la fuerza de la reacción en España, el influjo bestial de la Iglesia… Como muy bien dijo no recuerdo quién,la Guerra Civil la ganaron los curas y la perdieron los maestros. Me parece una frase exacta. Estaba el Ejército, la gran banca y la Iglesia. La verdad, era mucho enemigo. Hubo que pactar. Porque si no, sin diálogo, hubieran aplastado a la izquierda. Se podrá discutir si se hicieron demasiadas concesiones. En su día para mí fue una decepción, como le sucedió a casi todos mis amigos. Hoy tendría un diagnóstico más favorable.
Se pactó y al final la derecha ha arrasado; la izquierda ha desaparecido.
Sí, pero ¿acaso podían no ganar? Esa es la pregunta. Con los Gobiernos socialistas hubo durante muchos años un cambio en España, evidente, y para bien. Luego con Aznar volvimos a las andadas. Lees la prensa, ves lo que se hace, cómo se están cargando el Estado del bienestar. Y este famoso Wert: es un monumento a la comicidad involuntaria. La última que ha hecho sobre el Erasmus, cargándoselo y al cabo de dos horas desmintiéndose, y el Gobierno, tolerándolo. También están las declaraciones de Aznar, como un tótem. Es de lo más rancio.
¿Es de esa España de la que se quiere independizar una parte de Cataluña o es de la otra?
Diría que sí, que es de esa España. Con este Gobierno es muy cierta la frase defábrica de independentistas. Hay mucha torpeza por una parte; y por la otra, no poca. Parece todo calculado para el choque de trenes. El otro día alguien expresó una metáfora que me parece pertinente. Es como el juego de la gallina, el juego de la película Rebelde sin causa: dos coches a toda hostia cerca del abismo; el que salta primero se salva, el otro se mata… Parece que están jugando a eso. La familia Godó, que han sido notorios españolistas durante décadas, cambian de repente, imagino que por cuestiones de mercado y las ayudas de la Generalitat que convierten a La Vanguardia en catalanista. Apostaron fuerte por el sector independentista desde sus páginas para sorpresa de muchos. Hace nada, hace días, publicaron un editorial sobre la moderación. Entre la Zarzuela, los poderes económicos españoles y catalanes, la fractura dentro de los partidos, de la propia Convergencia, y naturalmente de Convergencia i Unió, del PSC… No está nada claro. Uno puede entender lo que se llama la rauxa en Cataluña, el ansia de separarse, el ansia por la independencia ante una hostilidad manifiesta en muchos casos. Se ha vendido una imagen de los catalanes que han perpetrado varios periódicos que se dedican sistemáticamente a ello. Es una visión sesgada y equivocada. La Vanguardia preguntó a sesenta y tantos catalanes sobre el asunto. Todos eran independentistas menos dos. Éramos las ovejas negras. Yo aposté por una opción federalista. En todo caso, pedía diálogo, mucho diálogo, porque si no íbamos al choque de trenes, y si recuerdo bien acabé diciendosi manca finezza mal tema y peor final. Es una cualidad de los buenos políticos, pero políticos con cintura parecen escasear bastante.
Hay algunos empresarios, algunas editoriales, como Planeta, que han dicho que se irían si hubiera una independencia. ¿Qué haría Herralde?
Como José Manuel Lara está por encima del bien y del mal, puede decir cualquier cosa. Creo que no se iría, casi por una cuestión laboral: aquí hay un tejido editorial muy fuerte. Creo que no se iría y que no desea en absoluto la independencia. Y yo no me pienso ir.
El único símbolo que funciona en España, tras la crisis de la monarquía, es la selección de fútbol, la Roja, y casi se la carga José Mourinho. Da la sensación de que este es un país sin símbolos comunes. Venimos de una Edad Media mal resuelta, como sostenía Américo Castro. Seguimos discutiendo sobre cosas que otros países resolvieron hace siglos.
Es verdad, la formación de España también es un asunto complicado. Regresando al presente, eso de vender la marca España de esta forma tan patética demuestra una falta de talento político, de mínima sensibilidad. Es que ni haciéndolo aposta. Es como si fueran trotskistas infiltrados para cargarse el proyecto.
¿Qué hacemos con Ryszard Kapuściński?¿Dónde colocamos sus libros? ¿En ficción o en no ficción? Le admiraba mucho, en muchas cosas es mi referente.
Yo lo sigo admirando. Creo que es fundamentalmente no ficción con posibles floreos y adornos narrativamente más eficaces que no desvirtuaban la verdad final. Esta es mi interpretación.
¿Cómo descubre a Kapuściński?
Lo descubro leyéndolo en francés. Leí El Sha y El emperador, sobre todo. El emperador me pareció una obra maestra. Contacté con Agata Orzeszek, la gran traductora y lo empezamos a publicar. En quince años, cinco títulos. Hubo buenas críticas, él aparecía a menudo en televisión, venía mucho a Barcelona. Pero el techo eran dos mil ejemplares. Luego, de repente, por estas cosas misteriosas, Ébano, que es un gran libro, pero para mí no el mejor, toca una tecla misteriosa y se convierte en un boom. Pasa de dos mil a setenta mil ejemplares. Los lectores retroceden diciendocaray, qué bueno es este tío, y leen sus obras anteriores. Se instaló como un best seller en todos sus libros, en mayor o menor medida.
Para mí el mejor es Un día más con vida.
Ese es buenísimo; sí, buenísimo. Conocí mucho a Kapuściński, éramos amigos. Esta anécdota la cuenta Agata Orzeszek en una tesina que aún no está publicada, pero que la tengo aquí exactamente, pues me la mandó la autora. Estábamos comiendo los cuatro y le pregunté a Kapuściński,¿Qué libro que no se ha publicado en español te gustaría… O cuál es tu libro favorito?. Él me dijo:Bueno, como todos los autores, el que estoy escribiendo. Pero si tuviera que pensarlo un poco más, diría Un día más con vida. Naturalmente lo compré en francés. Me pareció fantástico y se publicó con gran éxito. Para mí los favoritos son Un día más con vida y El emperador.
El emperador es un ejercicio de técnica periodística maravilloso.
Es fantástico; sí, sí.
Muestra cómo reproducir una situación sin haberla vivido, solo hablando con las fuentes indirectas. Hay quien sostiene que se refería también a la Polonia comunista.
Es lo que hizo durante décadas Triunfo: no hablaba jamás de política española porque no podía hablar, al menos no como hubieran querido. Haro Tecglen, Manolo Vázquez Montalbán y todos los demás de la revista escribían de política internacional, pero con un guiño clarísimo a la situación española.
Enric González sostiene que Vázquez Montalbán se inventó el pasado antifranquista del Barça. Lo escribe en un libro estupendo sobre el Espanyol publicado por Libros del KO. González asegura que el verdadero antifranquista era su equipo.
Sí, bueno, esto son querellas de hooligans.
¿Qué autor español le hubiera gustado publicar y no ha conseguido?
Con la gran cantidad de buenísimos autores que hemos publicado, las carencias son mínimas. Una de mis novelas favoritas, de cuando empecé a leer seriamente, es Tiempo de silencio de Luis Martín Santos. En el año sesenta leí a Borges, que era difícil de encontrar. Tenía todas sus obras y las que escribió con Bioy Casares. Pero no fue posible porque ya estaban contratados, no estaban esperando que Anagrama se decidiera a empezar para reservarles sus libros. Sería desleal con mis autores estar como una plañidera por no haber podido publicarles.
¿Existe alguna relación con Javier Marías después de la ruptura?
No, cesó la relación. Cesó hace muchos años.
¿Y con Enrique Vila-Matas?
También cesó. Lo que pasa es que con Vila-Matas no hemos coincidido en ningún sitio porque casi no sale de casa. Está ausente de todos los festejos.
¿Le gusta Muñoz Molina?
He leído algunos libros. Estuve a punto de contratar su cuarta o quinta novela, no recuerdo, pero su agente, Raquel de la Concha, optó por otra editorial. Tengo con él una relación de muchos años, esporádica, pero muy cordial.
Si hubiera que destacar un escritor del que se siente muy satisfecho, ¿Bolaño sería el principal candidato?
Bolaño ha sido una revolución. Revelación y revolución, pero no solo en España, sino en todo el mundo, especiamente en un mercado tan poco propicio como el norteamericano. En Estados Unidos casi no hay un escritor menor de cincuenta años que no lo tenga como modelo, ejemplo o estímulo. Acompañarlo durante diez años hasta que se murió, ver cómo iba creciendo, cómo a partir de magníficas novelas cortas, como Nocturno de Chile y libros de cuentos, llegó a Los detectives salvajes, que fue un auténtico bombazo. A partir de ahí empezó a ser conocido y pudo desprenderse de sus penurias económicas.
Vivía con muy pocos medios, casi en la pobreza.
Vivía en Blanes, una pequeña localidad de la Costa Brava, en un piso con su mujer y su hijo, y después, la hija. Pero vivía mucho también en un pisito en la calle del Lloro, diminuto. Tenía un camastro, una silla, un ordenador y una nevera vacía. Tenía la pasión de la literatura. No solamente de escribir sino de leer. Ha sido uno de los mejores lectores que he conocido, con un gran conocimiento de la literatura en lengua española y de la poesía francesa. Un auténtico genio.
Por Ramón Lobo/Jotdown.es
Etiquetas: Jorge Herralde, Anagrama, editorial, Roberto Bolaño, Bukowski, Hunter S. Thompson, Tom Wolfe, Roald Dahl, Vargas Llosa, Pérez Reverte, Mateo Díaz, Jason Epstein, editoriales, Serie Informal, Cinemateca Anagrama, Barral Editores, lfonso Carlos Comín, José María Castellet, Che Guevara, Rosa Luxemburgo, León Trotski, Mao Tse-tung, Bakunin, José Manuel Lara, Américo Castro

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