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Libro: una pasión y un oficio - España España

25/11/2013

  • Es el editor por excelencia del género fantástico en España
  • Culmina su carrera con la Antología universal del relato fantástico (Atalanta)
  • El aristócrata repasa su infancia, su juventud y la historia de su familia, la casa de Alba.

Ocurre raramente que lo mejor de una entrevista se lo quede el entrevistador, como un privilegio de oficio. No quisiera sustraerles ni un ápice del placer que es conversar con Jacobo Siruela sobre la literatura fantástica que ha guiado y alentado su carrera de pulcro editor, pero no cabe en estas páginas su viaje a la noche de los tiempos, al territorio de su ensoñación y su saber. La escena rota a la inversa del sol, buscando la sombra de la pérgola, aún verdecida en este otoño raro y caliente; en el porche de Mas Pou, Girona, una mañana de noviembre de 2013. El conde de Siruela acaba de publicar su Antología universal del relato fantástico: La síntesis de 40 años de lecturas, estudio y edición, dice, en su nueva editorial, Atalanta.

Le consideraron un loco cuando se empeñó en devolver la dignidad al género fantástico y recuperar la literatura medieval, ignorada en España. Él ejercía la pintura, desde niño y había leído a todas las horas del día. Y, un día cualquiera de tantos, se le cruzaron unos cuentos de Jorge Luis Borges. Su sensibilidad quedó marcada por el fuego del misterio y lo insondable.

Tenía 20 años, abandonó por hastío la carrera de Filosofía y Letras (era como volver al colegio) y se marchó a Londres a estudiar inglés, continuar pintando y leyendo, soñando y viajando. Al regresar, año y medio más tarde, conoció en Toledo a Suzanne y Raymond Grange, que le inician en la literatura medieval, y con ellos traduce La muerte del rey Arturo, una novela anónima del siglo XII, que publica él mismo como libro de bibliofilia en una lujosa edición de 500 ejemplares. Una locura total, dice, que empero fue premiada por el Ministerio de Cultura como el libro mejor editado en 1980. La novela agota su edición y esto, sumado al apoyo de unos socios y un montante de 600.000 pesetas, será el germen de la editorial Siruela, que funda en el año 1982. Sus dos primeros títulos de nuevo se agotan en solo tres meses, un buen presagio: la literatura medieval iba a calar en el público. Yo lo ignoraba entonces, pero en esa década hubo un boom de lo medieval y el mercado se inundó de libros y películas. Es interesante comprobar cómo siempre estamos inconscientemente interesados por nuestro contrario, y el Medievo está en las antípodas de nuestro tiempo. Es una forma de compensar todo aquello que nos falta o hemos perdido, asegura.

-¿Por qué decidió además ser el editor del género fantástico? ¿Un capricho?

-Es una cuestión de gusto. Siempre me he sentido muy cercano a esta literatura, en gran parte debido a mi descubrimiento de Borges con 20 años, que marcó absolutamente mi gusto literario. En España era un género despreciado y lateral, considerado un subproducto literario, y yo tomé la bandera de su defensa, junto a la de la literatura medieval, prácticamente desconocida. Entonces publiqué La Biblioteca de Babel dirigida por Borges y la colección El Ojo sin Párpado, de la cual soy responsable. Va a hacer 10 años que vendió una editorial que llegó a facturar anualmente mil millones de las antiguas pesetas. Lo hizo porque los números no le permitían leer lo que él quería, y lo decidió inmediatamente después de que Siruela ganara el Premio Nacional de Edición en noviembre de 2003.

-¿Cuántas veces le han llamado loco y cosas por el estilo?

-[Se sonríe, socarrón]. Cuando empecé a editar libros medievales ya me decían que era algo disparatado, pero, mira por dónde, tuvieron mucho éxito. Todos atravesamos crisis personales y, según el sentido etimológico de la palabra griega, la crisis sucede cuando una persona no ha tomado una decisión necesaria y por tanto entra en una zozobra. Y esa era mi situación: necesitaba un cambio de vida, el éxito no me llenaba y me exigía unas servidumbres que ya no quería afrontar. Empecé a editar porque me gustaba leer, pero ya no podía leer todo lo que quería, sino que solo leía aquello que editaba, y sentía que eso me empobrecía. La editorial había comido todo mi tiempo y para colmo estaba estresado. La vida profesional dejó de estimularme, me aburría y no tenía ya ningún sentido para mí, y creo que lo más importante de la vida es que las cosas que hagas tengan sentido y estén acordes a tu naturaleza.

Joven de pelo blanco Además, necesitaba dinero, algo que a la gente no le gusta aceptar, pero yo he vivido independientemente de mi familia desde el año 1980, y en ese momento tenía necesidades económicas. Ambas cosas unidas, me decidieron a vender. Unos años antes, en 1998, había comprado Mas Pou, una masía ampurdanesa del siglo XVIII, en Vilaür, y dividía su tiempo entre Madrid y el Alt Ampurdà. Aunque había renunciado a ocuparme de la parte empresarial de la compañía, dirigía seis colecciones para Siruela desde mi masía. Si soy capaz de llevar seis ediciones desde el campo, pensé, también puedo hacer una editorial.

Así nace Atalanta (una aventura distinta, no tenía sentido volver a hacer lo mismo) y conoce a la que ahora es su mujer, Inka Martí, con quien comparte la labor editorial y otros mundos afines. Inka ha derivado su sensibilidad hacia la fotografía; esa mañana preparaba su exposición en Paris Photo. Jacobo vive volcado en Atalanta y en sus ensayos, el último, El mundo bajo los párpados, va por la segunda edición y ha sido largamente elogiado por la crítica. No obstante, según dice, la venta y la nueva hazaña editorial han sido un ejercicio de humildad: Es volver a empezar de cero.

Por mucho que uno sepa, el papelero te hace pagar al contado porque no se fía, el agente literario extranjero no sabe qué es Atalanta y te pide referencias, y la gente te sigue identificando con Siruela. Pero también es reimaginarse y eso siempre rejuvenece. En realidad, la vida pide una renovación cada 20 años. Renovado, Jacobo Siruela es ahora un joven de pelo blanco, dice irónico. Fue por cierto esta decisión lo que precipitó su elegante melena siempre gris hacia el blanco níveo que hoy peina.

Liberto acomodado Editan 10 libros al año, cuidadísimos. Llevan por tanto 80 títulos desde que empezaron en 2005 y su balance no puede ser más envidiable: Estoy muy satisfecho: hago lo que quiero hacer y como me gusta hacerlo. En este sentido, fue como comprar su libertad, y se convirtió en "un liberto acomodado" que no busca ya hacer negocio sino permitirse el negocio. Mi beneficio fue la venta de Siruela. Los objetivos de Atalanta son personales y culturales, aunque no puedo permitirme perder dinero. La editorial va bien, pese a la gran dificultad de los tiempos. Es una empresa bien planteada, tiene pocos gastos fijos, no duda de sus objetivos y ha logrado crear una clientela que se fía de sus propuestas, y eso es lo más importante y lo más difícil de conseguir para una editorial o una librería. Supone una labor de años de insistencia.

Jacobo Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart nació con este nombre el 15 de junio de 1954, pero a los 23 años invierte el orden de sus apellidos.

La propuesta vino de su madre, que quería conservar en su descendencia tan británico apellido, procedente de un hijo ilegítimo de Jacobo II de Estuardo. Solo su hermano mayor, Carlos, y él aceptaron el cambio. Más o menos por la misma fecha, recibió el título de conde de Siruela, también cedido por su madre, y con el tiempo ha devenido, simplemente, en Jacobo Siruela, lo que inevitablemente le unirá de por vida a una editorial que ya no es suya pero de la que ha tomado el nombre. ¡No, no, son ellos los que llevan mi nombre!, se sonríe. Mucho antes aún de soñar con ser editor, el tercero de los hijos de la XVIII duquesa de Alba era pintor. Expuso por primera vez con solo 10 años: Bueno, todos los niños son artistas, lo que pasó es que mi madre me puso un profesor que me enseñó a pintar al óleo. Y era además un lector empedernido que devoraba cuanto caía en sus manos (lo sigue siendo), de ensayos filosóficos o científicos a novelas, poesía y los mil y un cuentos, género por el que siente especial debilidad. Sumadas ambas pasiones, era lógico que se decidiera por lo que entonces se llamaba Filosofía y Letras, rama de Historia del Arte.

Por Elena Pita/ElMundo.es

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Etiquetas: Antología universal del relato fantástico, Atalanta, Borges, editar, El mundo bajo los párpados, género fantástico, Inka Martí, Jacobo Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, Jacobo Siruela, Jorge Luis Borges, La Biblioteca de Babel, La muerte del rey Arturo, literatura medieval, novela

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